“Home”, de Delaney & Bonnie (1969)

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OPERACIÓN RESCATE

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“Clapton no pasó por alto uno de esos trabajos rotundos, lleno de canciones que destilan una preciosa mezcla de soul, country, góspel y rock”

 

Delaney & Bonney duraron solo seis años, pero en ellos les dio tiempo a sacar una buena colección de canciones. Fueron teloneros del supergrupo Blind Faith y el propio Eric Clapton produjo uno de sus trabajos. Manolo Tarancón rescata hoy su recomendable debut, “Home”.

 

 

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Delaney & Bonnie
“Home”
STAX, 1969

 

Texto: MANOLO TARANCÓN.

 

No fueron especialmente prolíficos ni trascendieron a las primeras páginas de los medios especializados, pero la historia musical que hay detrás de este efímero matrimonio es cuanto menos interesante. Su escasa repercusión no impidió que figuras como Eric Clapton se enamoraran de su música y pusieran de su parte para tratar de auparles al escalón merecido a lo largo de sus seis años de existencia.

Delaney Bramlett y Bonnie Lynn O’Farrell se conocieron en 1967 en Los Ángeles, cuando ambos ya tenían cierta experiencia musical. En paralelo al flechazo sentimental arman los primeros temas y dan comienzo a los ensayos. Sus contactos favorecen que un sello de la importancia de Stax edite su primer largo, “Home”, en 1969. A pesar de estar repleto de grandes canciones, el éxito no llega y las ventas no son ni mucho menos las esperadas. Es aquí donde entra en juego Eric Clapton, que tras escucharlos y entusiasmado con su sonido los invita ese mismo año como teloneros de Blind Faith, el supergrupo que ha montado con Ginger Baker (Graham Bond Organisation, Cream), Steve Winwood (Spencer Davis Group, Traffic) y Ric Grech (Family). Esta colaboración les llevó a grabar posteriormente un disco en directo firmado por el propio Clapton.

No es de extrañar que el británico lo viera casi como una apuesta personal. No había pasado por alto uno de esos trabajos rotundos que encajan en todo su contexto, canciones que destilan una preciosa mezcla de soul, country, góspel y rock.

 

 

Estribillos pegadizos y brillantes como el tema de inicio, “A long road ahead”, ya empiezan a mostrarnos el camino que invitan a recorrer. Aquí ya descargan toda su artillería, con el riff inicial dando protagonismo a la sección de metales, que confluyen a la perfección con el resto de instrumentos que tanto recuerdan a las preciosas producciones y mezclas de los dos primeros discos de Stephen Stills, con quien acabaría trabajando Bonnie de corista tras la disolución del dúo. Originales juegos de voces y armonías encajan a la perfección con la línea vocal principal, que van alternándose a partes iguales. Temas enérgicos y rabiosos como ‘My baby specializes’ dan paso a tempos más pausados como ‘We can love’. Bordan el soul puro con temas como ‘Just plain beautiful’.

 

 

Barry Feinstein acredita la foto de portada, cálida y rural, que muestra a la pareja con el abuelo de este en una choza propiedad de su familia en un ambiente granjero y tradicional. Aunque hoy es complicado hacerse con una copia en vinilo, en 2006 Stax lo reeditó en formato cedé con mucho material extra (un total de seis temas). Resulta difícil acreditar a la cantidad de músicos que participaron en la grabación, muchos de ellos habituales de sesión del sello, pero algunos como Leon Russell no tendrían suficiente con estas sesiones y decidieron apoyar al grupo también en sus futuros trabajos.

 

 

A pesar de las reducidas ventas, diferentes sellos se pelean por sus servicios de cara al futuro. Sigue siendo 1969, y el acuerdo con Elektra para el segundo disco es total. Con las canciones grabadas y mezcladas, es esta vez George Harrison quien les tienta para que editen con su sello Apple. Finalmente esa presión no da sus frutos y todo ocurre como estaba previsto. “Accept no substitute” (1969) es un trabajo más maduro, pero el homenaje a la canción tradicional y al gospel de “Motel shot” (1971) es digno de destacar. Exploraron todos los géneros que les inquietaron y a día de hoy, a pesar de que su trascendencia haya sido nula, solo es necesario escuchar “Home” para confirmar que la mezcla de estilos queda finalmente bien resuelta y que a veces el éxito no es sinónimo de calidad. O viceversa.

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