Frank Zappa, la apertura de un iconoclasta (3): Los años setenta

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“La crudeza de su enfrentamiento con Warner derivó en que el músico fuese total y definitivamente apartado de la industria”

 

Manuel de la Fuente, toda una institución en la obra de Frank Zappa, repasa en esta tercera entrega la discografía del maestro durante la década de los setenta.

 

 

Texto: MANUEL DE LA FUENTE.

 

 

En 1993, el mundo de la música pop vivió uno de los episodios más singulares al respecto de la relación entre artistas y sellos discográficos. En esta ocasión, eran Prince y Warner Bros. Records quienes se enzarzaban en una pelea legal a raíz de la edición de los nuevos discos del cantante. Éste pretendía editar un triple cedé, titulado “The dawn”, que sería, además, parte de un proyecto musical más ambicioso, “Glam slam Ulysses”. Sin embargo, Warner metió la cuchara al no ver el producto comercialmente viable. O al menos esa fue la explicación oficial. Pero seguro que tampoco ayudó el hecho de que el artista estuviese, en aquellos años, intentando tomar las riendas de su carrera, decidiendo su plan de lanzamientos e incluso su propia imagen pública (era en aquel entonces cuando decidió firmar su obra con el famoso símbolo). La consecuencia fue que Prince rompió con Warner, manifestando su descontento en apariciones públicas con la palabra “esclavo” escrita en la mejilla. El macroproyecto quedó dividido en varios discos individuales (como “Come” o “The gold experience”) y Prince se cobró su particular venganza publicando, fuera ya de Warner, un cedé triple con un título bien explícito: “Emancipation”.

Pese a que se trata de un episodio muy significativo, ya que supuso que la industria apartara de los focos a quien había sido una de sus principales estrellas en los años ochenta, no se trata del primer caso ni del más grave. El de Prince supone un calco del que vivió, unos quince años antes y también con Warner, Frank Zappa. Al igual que sucedió con Prince, la intención de Zappa también era editar un disco ambicioso (en este caso cuádruple, titulado “Läther”), y también el proyecto quedó frustrado, y también el resultado quedó diseminado en discos sueltos, principalmente en cuatro: “Zappa in New York”, “Studio Tan”, “Sleep dirt” y “Orchestral favorites”, publicados entre 1978 y 1979. Pero las consecuencias para Zappa fueron mucho más graves: la crudeza de su enfrentamiento derivó en que el músico fuese total y definitivamente apartado de la industria. Por su parte, el proyecto original, “Läther”, solo pudo ver la luz años después de su fallecimiento.

Al igual que acabaría haciendo Prince, Zappa no ocultó nunca su enfrentamiento con Warner. Es más, se refería a él incluso cuando la batalla legal por el control comercial de su obra estaba en plena efervescencia. Así se ve en una de las películas que dirigió el músico, “Baby snakes” (1979), en la que vemos parte de los conciertos de Halloween que ofreció en Nueva York en 1977. En un momento de la actuación, Zappa se dirige al público y dice, micrófono en mano: “Yo he estado en el infierno. ¡Joder, que tuve contrato con Warner durante ocho años!” El público responde con una sonora ovación.

La obra de Zappa de la segunda mitad de los años setenta responde, así pues, a este momento de transición. Constituye, además, un testimonio importante para entender la trayectoria de uno de los músicos más ninguneados y represaliados por parte de la industria musical, condenado al ostracismo más absoluto y censurado en los circuitos mayoritarios de producción y distribución debido a una irreductible actitud que le llevó a enfrentarse a la industria y al poder político cuando entendió que era necesario hacerlo. Al final de su vida, reconocía en una entrevista que había sido apartado de la industria porque se negaba a ceder. “Me niego a arrepentirme”, decía. Los discos de la época de su enfrentamiento con Warner son la mejor crónica de una actitud que aún hoy resulta ejemplar.

 

“Over-nite sensation”
(1973)

Una de las características que desarrolla la obra de Zappa en estos años es su vocación de cronista social. Zappa entendió mejor que nadie que su posicionamiento en la esfera pública implicaba una responsabilidad que se debía traducir en tomar partido ante la realidad que le rodeaba. De este modo, asume que su obra tiene que seguir la senda que había marcado ya en sus primeros discos, pero ampliando su campo de visión. No basta ya con retratar a los hippies o la escena contracultural, sino que su obra tiene que contener, en su conjunto, un fresco de la Norteamérica contemporánea. Así empieza a hacer en este disco ya desde su primer canción, ‘Camarillo brillo’, tema sobre el estereotipo en que se habían convertido los antiguos hippies de los años sesenta: personajes solitarios y extravagantes, en continua búsqueda de la trascendencia con sus casas decoradas con amuletos, serpientes e incienso.

En otro tema del disco, ‘Dinah-Moe Humm’, también nos habla de esta quiebra del sueño hippie a través de la descripción de una chica que solo puede llegar al orgasmo cuando se emborracha. Los detalles exhaustivos de sus juegos sexuales y la manera de relatar un asunto, el sexo, tan mitificado en la cultura hippie, hacen que la canción sea una parodia que se burla del exceso, del desmadre de la década de los sesneta. Como remate, el disco acaba con ‘Montana’, que acabaría siendo otro clásico del repertorio zappiano al desarrollar otra constante en su obra: las canciones con una comicidad basada en los juegos de palabras y en las asociaciones lingüísticas, lo que permite que la obra de Zappa sea tan comprensible manejando los códigos de la cultura estadounidense pero tan difícil de trasladar fuera de esos mismos códigos. Sucederá, poco después, con otra de sus canciones emblemáticas ‘Muffin man’ (del disco “Bongo fury”), donde la descripción de historias absurdas va acompañada de un uso conscientemente retorcido del lenguaje.

 

“Apostrophe (‘)”
(1974)

“Apostrophe (‘)” no solo fue el disco más vendido de Zappa, llegando a ser disco de oro en 1976, sino que permanece como una de sus obras más reconocibles, el elepé por el que muchos empiezan a bucear en su obra. Para su grabación contó con los mismos músicos con los que había empezado a trabajar en “Over-nite sensation” (destacan George Duke, Tom Fowler, Bruce Fowler y Jean-Luc Ponty), usando material grabado en las mismas sesiones y de nuevo con una base funky que tan buenos resultados le había dado en su disco anterior. Eso sí, creando una obra más personal, con temas instrumentales (el que da título al disco) y reelaboraciones de referentes culturales norteamericanos (como Nanook el esquimal o Uncle Remus) para trasladarlos al presente y reflexionar sobre el “American way of life”. Y denunciando el racismo aún presente en la sociedad, con burlas desaforadas hacia un sistema social construido sobre una superficie de buenas apariencias pero que oculta la vacuidad absoluta (como se ve en la descripción de una fiesta que se hace en la canción ‘St. Alfonzo’s pancake breakfast’). Un disco de referencia en la música rock estadounidense de los setenta.

“Roxy & elsewhere”
(1974)

Disco que recoge, en su mayor parte, fragmentos de actuaciones en directo de Zappa en el Roxy Theatre de West Hollywood a principios de diciembre de 1973. La variedad de temas es amplia, desde el retrato social con la descripción del drogadicto de la época que está ya totalmente desahuciado y que se dedica a malvivir en las estaciones de autobuses (en ‘Pygmy twylyte’) hasta el recorrido nostálgico que hace Zappa hacia las imágenes y lugares de su infancia (en ‘Village of the Sun’), una nostalgia que el músico se permitiría en poquísimas ocasiones. Los distintos temas fluyen con el sentido del ritmo y de la producción que tenía Zappa, usando una práctica que sería habitual en sus discos de los años ochenta: utilizar los conciertos como base de producción de sus discos, elaborando a partir de los directos elepés totalmente nuevos, donde van dialogando entre sí en el disco pero temas que pertenecen a distintas formaciones, épocas y grabaciones. Es así como “Roxy & elsewhere” no da la sensación de estar elaborado a partir de distintos conciertos, como tampoco lo parecerán los discos que realice Zappa usando este principio.

 

“One size fits all”
(1975)

En este disco, Zappa sigue la fórmula iniciada en “Over-nite sensation”, con letras que inciden en el retrato social, como la de la pareja de jóvenes desclasados del mundo rural que luchan por hacerse un hueco en una sociedad que no les acepta (en ‘San Ber’dino’) o esa descripción llena de referencias sexuales de una niña rica caprichosa que es ‘Florentine Pogen’. “One size fits all” contiene también algunas de las canciones que serían inmediatamente estándares en el repertorio de Zappa, como ‘Sofa’ o ‘Inca roads’.

 

“Bongo fury”
(1975)

En 1976, Estados Unidos conmemoraba el doscientos aniversario de la declaración de independencia que derivó en su constitución como país. A Zappa no se le ocurre otra cosa que celebrarlo con un amigo del colegio, otro de los músicos más radicales de la escena “freak” contracultural, Don Van Vliet, esto es, Captain Beefheart. Zappa había producido uno de los discos fundamentales y más desoladores de éste, “Trout mask replica” (1969). Las actuaciones de la gira “Bongo fury” sirven de contrapunto a esa historia oficial construida desde las instituciones, algo que advierte Zappa en el mismo disco ante la proximidad de la efeméride: “El año que viene os van a intentar colar cosas que no deberíais aceptar, y llevan años planeándolo”.

El mejor antídoto es un repertorio de canciones que no son lo que parecen: lejos de apelar a la nostalgia, Zappa y Beefheart recuerdan sus años de adolescentes, en una sociedad que acabaría rechazando sus proyectos musicales en beneficio de las propuestas más complacientes que ocupan las listas de éxito. Canciones como ‘Cucamonga’ o ‘Debra Kadabra’ nos ofrecen un retrato de cómo eran estos “freaks” en los años sesenta, el colectivo que fue duramente reprimido por la policía, según relataría Zappa en su autobiografía. En estas memorias escritas en 1988 descubrimos también el resultado de esa represión sostenida durante años, no solo con Zappa haciendo frente a la industria, sino también con Beefheart sucumbiendo en la lucha, de nuevo contra Warner:

“[Captain Beefheart] estaba rodeado de contratos que le esclavizaban. Las compañías no le pagaban, pero los contratos estaban hechos de tal forma, que no le dejaban grabar: le tuvieron durante años atado de pies y manos. Cuando hizo con nosotros la gira ‘Bongo fury’ en 1976, estaba al borde de la miseria (…) Vi a Don por última vez en 1980 o 1981. Se pasó a vernos en uno de nuestros ensayos. Parecía bastante hecho polvo. Había estado liado otra vez con algunos contratos con la Warner, pero la cosa no había salido bien. Supongo que sigue viviendo en el norte de California, ya retirado de la música. Se compró una casa allí, en algún lugar donde vería nadar a las ballenas”.

 

“Zoot allures”
(1976)

Disco grabado con una nueva banda y en el que se pueden encontrar algunas de las líneas principales del discurso zappiano, como el ataque al “American way of life” (en ‘Wind up workin’ in a gas station’), los estereotipos sobre los roles sexuales (‘Find her finer’) o la crítica a la cultura disco, incipiente en aquella época (‘Disco boy’). El disco también incluye ‘The torture never stops’, una cruda descripción de una sala de tortura, un tema que el músico desarrollaría en su amplitud en la década siguiente, convirtiéndolo en una alegoría de la Norteamérica de la época.

 

“Zappa in New York”
(1978)

La ruptura de Frank Zappa con la industria musical llega a mediados de los años setenta, cuando acaba la relación con su mánager, Herb Cohen, acusándose mutuamente en los tribunales de incumplimientos e injerencias contractuales. El asunto coincide con un proyecto de Zappa para editar un álbum cuádruple, titulado “Läther”, a lo que se opuso Warner. Ante la imposibilidad de editar el material según su plan inicial, en diciembre de 1977 emitió el disco entero en KROQ-FM, una emisora de radio de Los Ángeles, avisando a los fans para que tuvieran a punto sus equipos de grabación. El disco circuló como “bootleg” durante años hasta que finalmente se editó en cedé en 1996, tres años después de la muerte del músico.
El material de “Läther” se editó en varios discos diseminados que, además, contaron con modificaciones realizadas por Warner sin el consentimiento de Zappa. Éste es el caso de “Zappa in New York”, con un grave conflicto a raíz de una canción, ‘Punky’s whips’, que arremetía contra la industria musical. El resultado de la batalla judicial en la que se vio envuelto Zappa fue su relegación a los márgenes de los circuitos de producción y distribución. En cualquier caso, siguió adelante con su obra recuperando, años después, la edición original de “Zappa in New York”, un disco que recoge temas como ‘Titties & beer’ (con un diálogo delirante entre un motero y el demonio, que le propone devolverle unas latas de cerveza a cambio de quedarse con su alma), ‘Honey, don’t you want a man like me?’ (un cuestionamiento del discurso ñoño de las canciones de amor) o ‘The Illinois enema bandit’ (la historia real de un delincuente de Chicago que asaltaba a mujeres y les aplicaba un enema anal).

 

“Studio tan”
(1978)

Disco que contiene un tema que parodia la música surf de los Beach Boys (‘Lemme take you to the beach’) pero que es especialmente recordado por incluir ‘The adventures of Greggery Peccary’, un tema de veinte minutos de duración en el que se narra la historia de un jabalí que inventa el calendario, provocando la ira de la gente, que no quiere saber la edad que tiene cada uno. Un relato en el que Zappa arremete contra los integrismos que se oponen al conocimiento, anticipando su oposición a los grupos fundamentalistas cristianos que adquirirían especial relevancia durante los gobiernos de Ronald Reagan.

 

“Sleep dirt”
(1979)

Elepé instrumental que, en su reedición en cedé, incorporó partes cantadas al constituir el testimonio de un proyecto frustrado de Zappa, un musical de ciencia ficción denominado “Hunchentoot” y que el músico había empezado a concebir a principios de los años setenta. Incluye temas como ‘Filthy habits’ o ‘Regyptian strut’. Los problemas financieros condicionaron el fracaso de algunos de los grandes proyectos de Zappa. Preguntado en una ocasión por el presupuesto para realizar su musical en Broadway, el periodista David Letterman le señaló: “¿Cuatro millones de dólares? Es mucho dinero”. A lo que Zappa respondió: “No, es más barato que ‘Cats’”.

 

“Sheik yerbouti”
(1979)

Uno de sus discos más populares debido a la inclusión de canciones como ‘Dancing fool’ (de nuevo, un furibundo ataque a la cultura disco de los años setenta en la línea de ‘Disco Boy’) o ‘Bobby Brown goes down’, una devastadora deconstrucción del mito del “American way of life” a través de la presentación de un personaje que representa el “sueño americano” pero que, en el fondo, es un sujeto con serios problemas de identidad, especialmente de índole sexual. Zappa criticaría, a lo largo de los años, la política conservadora de eliminar la educación sexual de los colegios: “Si a un niño se le suprimen los elementos de comparación racional, cuando ve algo aberrante, no lo percibe como una aberración”. Y eso es lo que pasa con Bobby Brown, el personaje de la canción, fruto de un país que sublima la ignorancia en aras de un sometimiento absoluto de la población. Bobby Brown será el epítome de ese sueño americano pero no por ser un triunfador, sino porque esa concepción neoliberal del triunfo va asociada a la destrucción de la identidad del individuo.

En “Sheik yerbouti”, la crítica social de Zappa se hace totalmente sistemática, superada ya la etapa Warner y encaminándose hacia lo que, a finales de los setenta, se veía ya inminente: la ola ultrarreaccionaria que iba a dominar el escenario político nacional e internacional. Así, Zappa resume en el disco sus críticas a la industria cultural (en temas como ‘I have been in you’) y la ocultación del sexo en las canciones, sacándolo al primer plano en temas como ‘Jones Crusher’ o ‘Broken hearts are for assholes’. Al mismo tiempo, ridiculiza el discurso bobalicón de las canciones para adolescentes en temas como ‘I’m so cute’ o ‘Tryin’ to grow a chin’. En el terreno de la crónica política, ahí están sus retratos de los estereotipos sociales (con las niñas pijas judías en ‘Jewish princess’) y su feroz ataque al funcionamiento de los sindicatos estadounidenses en una canción, ‘Flakes’, en la que aprovecha para reírse de Bob Dylan y sus supuestos mensajes contestatarios. En este tema, la voz que imita a Dylan no habla de pacifismo ni de justicia, sino que se queja de que el fontanero no le arregla una cañería. Así queda clara la opinión de Zappa sobre las verdaderas inquietudes y la capacidad de alcance de la contracultura oficial.

 

“Orchestral favorites”
(1979)

Álbum instrumental que recoge versiones de temas de otros discos, como “200 motels” (como ‘Strictly genteel’ o ‘Bogus pomp’) o ‘Absolutely free’ (‘Duke of Prunes’). El disco avanza también el interés que desarrollará Zappa en los años ochenta por situar su obra en los circuitos de la música contemporánea, una línea que había dejado de lado en los setenta y a la que volverá con fuerza posteriormente, grabando con formaciones como la London Symphony Orchestra.

La reputación que fue adquiriendo Zappa con estos discos de la década de los setenta, que gozaron incluso de un cierto éxito comercial, se manifiesta en la reivindicación nostálgica de los fans, que prefieren reclamar material de esta época antes que fijarse en su producción de los ochenta, en la que la obra del músico acomete su etapa de madurez y en la que asume plenamente su condición política. El fenómeno se ve enaltecido por la empresa que gestiona su legado, The Zappa Family Trust, que lleva años alimentando la promesa de editar en deuvedé las grabaciones en vídeo que llevó a cabo en su momento Zappa de los conciertos del Roxy que aparecen recogidos en parte en el disco “Roxy & elsewhere”. Este empecinamiento a la hora de centrarse en esta etapa concreta demuestra además cómo el enfrentamiento con Warner, que estaba a punto de suceder, apartó al músico norteamericano de la primera línea, ya que, desde entonces, su obra quedó relegada aún más a las minorías, desapareciendo de los medios de comunicación y haciendo incluso que muchos creyeran que había dejado de producir discos a finales de los setenta. Así pues, es habitual leer en las reseñas de prensa de sus discos futuros encabezamientos del estilo: “A pesar de lo que muchos piensan, Frank Zappa sigue en activo”. Y claro que siguió en activo. En adelante, su obra se hizo aún más interesante, decidiendo participar en un momento que entendió como una emergencia nacional: la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca y el inicio de la denominada “revolución conservadora”. Su cometido sería responder a ese neoliberalismo y oponerse, con su obra, a los intentos por eliminar la disidencia cultural y artística.

Manuel de la Fuente es autor del libro Frank Zappa en el infierno (Biblioteca Nueva), un estudio sobre las implicaciones sociopolíticas de la obra del músico norteamericano.

Aquí puedes leer la segunda parte de Frank Zappa, la apertura de un iconoclasta (2).

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