Frank Sinatra en Reprise: Renovarse o morir (primera parte)

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“Sinatra decidió plantar batalla a Capitol con la creación de un sello propio, bautizado como Reprise (“repetir”). El cantante explicó en su día que el nombre hacía referencia a que serían discos que la gente escucharía una y otra vez, aunque nadie pasó por alto el evidente juego con el término “reprisal”, represalia. De hecho, Frank se refería a la empresa muchas veces como “reprize”, en italiano, y algunos periodistas maliciosos lo citaban, directamente, como Revenge Records”

Sinatra, nadie lo puede dudar, es uno de los mitos incuestionables del siglo pasado. Una leyenda indiscutible forjada dentro y fuera de los escenarios. Un vocalista perfecto que dejó una obra grabada titánica, parte de la cual, la que registró para su propio sello, Reprise, desde 1960 está siendo convenientemente reeditada. En este Archivo (en dos partes), nos adentramos en esas grabaciones.



Texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.


Cuando alguien pregunta por qué Frank Sinatra es considerado uno de los artistas clave del siglo XX, las razones que se argumentan son siempre –y con razón– musicales. Sin embargo, hay un aspecto del artista que suele ser pasado por alto que pone de relevancia su férreo compromiso artístico. Sinatra fue el primer artista en dar un zapatazo en el despacho más alto de una compañía discográfica y en montar un sello propio para disfrutar de plena libertad creativa.

Pocos dudan de que el periodo de Sinatra en Capitol Records fue el más brillante de su carrera. Las canciones y LPs grabados entre 1954 y 1962 son verdaderos tesoros de la historia musical del pasado siglo, y con ellas se forjó la leyenda del mejor Sinatra. Sin embargo, aunque el periodo Reprise resulte más irregular —después de todo, veinte años dan para mucho—, supuso también una etapa de experimentación continua. A pesar de los éxitos cosechados antaño, y de que el público no se cansaba de sus canciones de siempre, Francis Albert se empeñó en adentrarse en nuevos caminos, ya fuese la bossa nova o los éxitos pop del momento, sin miedo a que el riesgo le costase duras críticas o descensos de ventas.

También en Reprise decidió ir un paso más allá con la idea de álbum conceptual que él mismo había desarrollado en Capitol Records, y logró hacer realidad el sueño de grabar discos con grandes del jazz como Duke Ellington o Count Basie. Por no hablar de las nuevas versiones de populares repertorios de obras de Broadway que grabó junto a un elenco de amigos que corta la respiración, desde Dean Martin y Rosemary Clooney a Dinah Shore, Sammy Davis Jr. o Bing Crosby. Y para poder desarrollar todos esos proyectos, el artista necesitaba libertad.

“REVENGE” RECORDS
Las discrepancias de Frank Sinatra con Capitol habían comenzado hacia 1956. Ya entonces el cantante había expresado su malestar al constatar que al sello parecían interesarle más las cuestiones de marketing que los aspectos artísticos de su trabajo. Un par de años después, al verse ya como uno de los cantantes que generaba mayores beneficios, planteó a los directivos de la compañía la creación de un sello específico que él mismo controlaría. Además, quería un porcentaje de beneficios más adecuado a su proyección en el mercado, nada menos que el cincuenta por ciento. La respuesta negativa llegó bien argumentaba: si se lo concedían a él, qué impedía que otras estrellas de Capitol exigiesen un trato similar.

Aquellas negociaciones tienen una curiosa leyenda. Al parecer, tras una de aquellas reuniones, Sinatra llegó hecho una furia al estudio de grabación en el que le esperaba su arreglista y director de confianza, Nelson Riddle. El cantante iba tan “acelerado” que le pidió a Nelson que aumentara el tempo de todos los arreglos, y sin apenas ensayar, grabaron uno de los discos más cortos de toda la carrera de Sinatra, “Sinatra’s swingin’ Session!!!” Eso sí, también es uno de los más vibrantes e irresistibles, con una energía desbordante.

Convencido de dar salida a los numerosos proyectos que tenía en mente, Sinatra decidió plantar batalla a Capitol con la creación de un sello propio, bautizado como Reprise (“repetir”). El cantante explicó en su día que el nombre hacía referencia a que serían discos que la gente escucharía una y otra vez, aunque nadie pasó por alto el evidente juego con el término “reprisal”, represalia. De hecho, Frank se refería a la empresa muchas veces como “reprize”, en italiano, y algunos periodistas maliciosos lo citaban, directamente, como Revenge Records.

Reprise Records estaba ya en marcha a finales de 1960, con un amplio abanico de propósitos por cumplir. Para empezar, estaba el asunto del estilo. Frente a las sesiones tradicionales en las que el cantante grababa junto a la orquesta, normalmente ante un reducido grupo de conocidos, en los sesenta cada vez se tendería más a la grabación por pistas; en ocasiones, los músicos ni se veían entre ellos. Un día se registraban las cuerdas, otro el piano, otro la voz. Y todo, por supuesto, en privado y haciendo uso de la maquinaria más moderna. En Reprise no sería así. Podían tener los mejores equipos (Sinatra no reparó en gastos), pero los discos se grabarían al viejo estilo, conservando el clima, la frescura que suponía la relación entre la orquesta y el intérprete, entre éstos y el público presente.

Además, Reprise iba a permitir a Frank y a todos sus amigos, desde Dean y Sammy a Nat King Cole, Rosemary Clooney o jóvenes promesas como Trini López, afrontar proyectos a su gusto y medida. Aquello podía ser una empresa, pero por encima de todo era el respaldo discográfico de uno de los mayores artistas del momento al servicio de sus colegas. “La Voz” —a quien ahora apodaban “El?Presidente de la Junta”, por sus nuevas responsabilidades empresariales— no tuvo más que exponer el proyecto para que una decena de ellos decidiese comunicar a sus respectivas discográficas que querían romper el contrato para pasarse a Reprise.

En el nuevo sello, lo primordial para los ejecutivos era el aspecto artístico. Resuelta la grabación, se ocupaban de los detalles financieros. De hecho, era el único sello que permitía a cada artista control creativo completo sobre sus producciones, además de gozar de mayores beneficios económicos. Desgraciadamente esa política se demostró poco efectiva, y sumada a otros factores, llevaron a Sinatra a tener que vender dos tercios del sello a la Warner en 1963.

SINATRA CONTRA SINATRA
Es curioso que el propio éxito de Frank Sinatra fuese en cierta medida el culpable del fracaso de Reprise. Al poner en marcha el nuevo sello, el cantante seguía estando comprometido aún a grabar cuatro discos con Capitol, trabajos que afrontó con su profesionalidad habitual. Al mismo tiempo comenzó a publicar también nuevo material con Reprise. De este modo, entre julio de 1960 y julio de 1962, salieron al mercado nueve discos de Frank Sinatra, cuatro con Capitol y cinco con Reprise, amén del relanzamiento de sus viejos éxitos programados por Capitol. El resultado directo fue que el potencial creativo de cada una de estas producciones se diluyó por completo al no saber el público a qué producto acudir. Los discos que salieron peor parados fueron los de Reprise, sencillamente porque llegaron al mercado más tarde, a partir de marzo de 1961.

El primer álbum en la nueva compañía, con Johnny Mandel como arreglista, era toda una declaración de intenciones desde el propio título. “Ring-a-ding-ding” era una popular expresión —evocaba al sonido de las monedas en una máquina tragaperras— empleada entre los integrantes del Rat Pack que significaba éxito, diversión, beneficios. No en vano, cuando este primer disco salió a la venta, los chicos andaban en Utah inmersos en el rodaje de la gamberra “Tres sargentos”, al tiempo que Frank, Dean y Sammy se divertían con sus anárquicas actuaciones en los hoteles Sands o Cal-Neva. Aquel álbum reunía a los mejores letristas (Porter, Berlin,?Gershwin,?Kern, Cahn/Heusen, Schwartz/Dietz) al servicio de unos arreglos que ponían de manifiesto que Mandel prefería jugar sobre seguro y seguir el camino ya abierto previamente por arreglistas como Nelson Ridde o Billy May junto a Sinatra. Aunque suele pasar desapercibido en la discografía del artista, se trata de un debut excelente para el nuevo sello, con equilibrio agradable y efectivo entre baladas y temas con mucho swing, todos ellos rebosantes de energía.

El propio Billy May, Sy Oliver, Don Costa o Neal Hefti fueron los principales arreglistas con los que trabajó Sinatra durante aquellos primeros años de Reprise, junto a los que grabó discos con aires de jazz junto a otros más románticos. “Sinatra swings” (1961) y “Sinatra and swingin’ brass” (1962) fueron dos trabajos destacables, con una amplia selección de temas, la mayoría previamente grabados, a los que el artista intentó imprimir nuevos bríos. Capitol tuvo que ponerse sería cuando apareció el primero de ellos porque su título inicial,?”Swing along with me”, recordaba demasiado a aquel “Come swing with me”, publicado por Sinatra unos años atrás, por lo que en las siguientes ediciones apareció ya como “Sinatra siwngs”. También en este apartado más jazzístico cabría señalar el “I remember Tommy” (1961), con el que el baladista recuperaba algunos de los clásicos que le hicieran popular bajo la dirección de Tommy Dorsey, actualizados para la ocasión por Sy Oliver. Sin ser un disco memorable, resulta curioso escuchar al cantante revisitando con cierta madurez aquellos temas de su juventud.

Las cuerdas ganan peso en los discos “Sinatra and strings” (1962) y “Great songs from Great Britain” (1962). El primero de ellos, sobre todo, es una pieza excelente, la cumbre de la colaboración entre Sinatra y Don Costa, un álbum con unos arreglos que cautivan al oyente en temas de la altura de ‘Stardust’, ‘Misty’ o sobre todo ‘Night and day’, que queda aquí para la posteridad en una versión difícil de superar. El segundo, sin embargo, es un trabajo más ligero, el único grabado por Sinatra fuera de Estados Unidos. Aprovechando su paso por Londres al concluir una gira benéfica mundial, Sinatra decidió llevar a cabo un trabajo que había planteado tiempo atrás, el de grabar un disco de canciones inglesas con todo un equipo británico. El resultado no convence, no hay química, y el propio?Sinatra fue el primero en percatarse de ello. De hecho, no se editó oficialmente en Estados Unidos hasta 1993.

En 1963, tras concluir su contrato, Capitol no tuvo más remedio que dejar en libertad a Nelson Riddle, cuya colaboración ansiaba Sinatra desde el primer día de trabajo en Reprise. Junto a él, en nueve meses, el cantante grabó tres discos con los que intentó por última vez demostrarse a sí mismo que los tiempos no estaban cambiando tan deprisa. Pero sí que lo hacían. “The concert Sinatra”, “Sinatra’s Sinatra” y “Academy award winners”, publicados entre mayo del 63 y marzo del 64, pusieron de manifiesto que había un nuevo sector de público comprador de discos cada vez más fuerte, los jóvenes, y éstos no compraban álbumes de Frank Sinatra.

El desigual resultado de ventas no es obstáculo para destacar el gran valor de estos discos, especialmente “The Concert Sinatra”. Cantante y arreglista hicieron un excelente trabajo con este ambicioso proyecto, afectado tal vez de una excesiva orquestación en ocasiones.?Sin embargo, el conjunto brilla con perfección, con algunos momentos especialmente notables como en los temas ‘I have dreamed’, ‘Bewitched’ o especialmente ‘Ol’ man river’, donde el trabajo de Sinatra en su control de la respiración, el juego con las escalas y la modulación de la voz resulta sencillamente extraordinario.

Los discos con los que el cantante sí que recabó importantes éxitos de crítica y público en aquellos años fueron los dos brillantes encuentros con el genio del jazz Count Basie. “Sinatra-Basie”, en 1963 y con Hefti como arreglista, así como “It might as well be swinging”, el año siguiente, con un joven Quincy Jones al frente, revalidaron la imagen de Sinatra como vocalista de jazz y constituyeron dos de las mejores grabaciones del artista en el primer lustro de los sesenta. Ambos discos resultan muy recomendables, pues en los dos casos la conexión entre el cantante y la banda es total, con una energía contagiosa en las ejecuciones, y un sonido poderoso y deslumbrante. La versión de ‘Fly me to the moon’ con la que se abre el segundo disco es de las que cortan la respiración.

Sinatra y?Basie se reuniría una vez más en 1966 para dar una serie de memorables recitales en el Hotel Sands de Las Vegas, también con Jones como arreglista. La grabación de una de aquellas noches perdura como el mejor registro en directo del cantante: “Sinatra at the Sands”, una verdadera delicia que no debería faltar en ninguna discoteca particular.


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