Fotografos del rock: Juan Pérez-Fajardo

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“La fotografía no es robar el alma de ese personaje, es conseguir que estén tan relajados, tan bien contigo, captar que sean ellos mismos”

 

A pie de escenario y en muchas portadas de discos, Juan Pérez-Fajardo se retrata en cada una de las imágenes musicales que firma. Él no sabe cuál es su sello, quizá porque lo que intenta es transmitir lo que tiene enfrente, no modificarlo. Por Arancha Moreno.

 

Texto: ARANCHA MORENO.
Foto de portada: ROBERTO ALMENDRAL.
Resto de imágenes: JUAN PÉREZ-FAJARDO.

 

Empezó casi por accidente, porque a él lo que le gustaba era tocar, y la fotografía la tenía como hobbie. Pero en cuestión de años, este fotógrafo madrileño ha logrado capturar decenas de instantes musicales que probablemente reconozcas de inmediato. Ha inmortalizado a Loquillo, Amaral, M Clan, Sidonie, L.A. y otros tantos rockeros nacionales, pero también a figuras internacionales como AC/DC o KISS. Así concibe la fotografía musical un primer espada del objetivo: Juan Pérez-Fajardo.

 

Nombre, ciudad y fecha de nacimiento.
Juan Pérez Fajardo, Madrid, noviembre de 1969.

 

¿Cuándo, cómo y por qué empezaste en la fotografía musical?
Yo empecé de casualidad, me dedicaba a hacer cortos de animación y animación en 3D. La música siempre ha sido parte de mi vida, he tocado en grupos, pero nunca me había dedicado a la fotografía musical. Me gustaba la fotografía, tenía una cámara reflex y sabía lo básico, que me había enseñado mi padre, pero muy muy amateur. Un día, una amiga me dijo que se les había caído un fotógrafo para un concierto y que se me apetecía apuntarme a hacer las fotos para ese bolo. Me apunté, hice las fotos, le encantaron a la revista, que era de guitarristas, y me contrataron para hacer fotos. Empecé de forma amateur, yendo a unos cuantos bolos, hasta que vi que esto era lo que me gustaba y me compré una cámara un poco más profesional, y a partir de ahí empecé a meterme más en esto, hasta que al final he dejado lo del 3D y me dedico solo a la fotografía musical.

 

Dentro de este sector, ¿qué tipo de foto te gusta más hacer, y por qué?
Los dos tipos que hago me encantan, las de conciertos y las de promoción para portadas de discos. Las fotos de conciertos es lo que me llena a mi en la vida, me encanta ver conciertos, estar ahí, y lo de captar ese momento especial que resume todo un concierto para una portada de un disco, o un DVD, y estar ahí de cazador, buscando ese guitarrazo, ese salto, ese público, es lo que me gusta. Y sobre todo intentar conseguir que las fotos suenen, que cuando veas esa foto estés escuchando ese concierto. Al final no son los mismos lenguajes para un concierto de rock, de pop o de lo que sea, es muy diferente el lenguaje y hay que conseguir que ese lenguaje quede plasmado en esa foto para que suene, y que cuando veas esa foto escuches lo que no estás escuchando, incluso si no conoces el grupo. Esa es mi meta, a veces se consigue y a veces no.

 

¿Recuerdas cuál fue el primer encargo del que fotógrafo y músico quedasteis realmente satisfecho? Cuéntanos el contexto: cómo surgió, el lugar, cualquier detalle que recuerdes.
El primero que me marcó, que me encantó, fue ir a Austin, al festival South by Southwest, fui para cubrirlo para Sounds From Spain y para la Rolling Stone. Hice fotos a Amaral, para hacerles un reportaje allí. Me encantó el festival, es una maravilla, hice fotos a muchísimos grupos que me encantan, veía 20 o 30 conciertos diarios, una locura. Aparte de eso gracias a estar con Amaral, que les gustaron mucho mis fotos, les hice el siguiente disco de promo, y fue el paso que di de hacer solo fotos de conciertos a hacer también fotos de promoción. Había hecho alguna cosita, pero muy poca cosa, y ahí fue cuando empecé a tomarme más en serio la foto de promoción.

 

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“He coincidido con ellos muchas veces: Amaral, Sidonie, Triángulo de Amor Bizarro, M Clan, con Loquillo he estado de gira… y al final tienes una amistad, me encanta”

 

Desde entonces, ¿a qué músicos has fotografiado con más frecuencia?
He coincidido con muchísimos muchas veces: Amaral, Sidonie, Triángulo de Amor Bizarro, M Clan, con Loquillo he estado de gira… y al final tienes una amistad con ellos, que me encanta. Como cuando estuve con M Clan en Nashville, o de gira con Pablo Alborán, son de las cosas que realmente me llenan.

 

¿Cuál es la foto más emocionante que has hecho, y por qué?
Son muchas las fotos emocionantes que he hecho y que me han encantado, que me venga de primeras a la cabeza, de esas cosas muy especiales, hacer fotos a KISS en los camerinos. Fue trabajando para Gibson, porque soy el fotógrafo oficial de la marca aquí en España, y de vez en cuando salen cosas muy especiales como estas. El guitarrista presentaba una guitarra y organizamos las entrevistas y estuvimos haciendo fotos en el camerino. Ver toda su ropa, los conciertos acústicos que dieron antes de vestirse, ver cómo salen con sus trajes, sus plataformas… es de esas cosas que voy a recordar toda mi vida.

 

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“Ver toda la ropa de KISS, los conciertos acústicos que dieron antes de vestirse, ver cómo salen con sus trajes, sus plataformas… es de esas cosas que voy a recordar toda mi vida”

 

¿Una buena foto se percibe en el instante de tomarla, o a veces se descubre cuando vuelcas el material y revisas lo que has hecho?
Una de las fotos de las que más orgulloso estoy también es la que le hice a AC/DC en el Palacio de Deportes. La hice desde la grada. En cuanto ves el momento y ves a través del objetivo lo que estás haciendo, se te pone una sonrisa de oreja a oreja y dices: “Puff, tengo una de las mejores fotos, o la mejor, que voy a hacer en mi vida”. Sacar a Angus Young tocando ‘Highway to hell’, estaba provocador, enorme, con todo el público iluminado en rojo y él en blanco, el público poniendo los cuernos, fue ver en una imagen todo lo que representa AC/DC: el heavy, el rock, el sudor… Muchas veces ves la foto antes de hacerla. Y en las fotos promocionales es lo suyo, tenerla en la cabeza antes de hacerla, tener la técnica suficiente para que sepas qué vas a conseguir antes de hacerla y no llevarte luego sorpresas, para bien o para mal.

 

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“Tocar me ha ayudado mucho para intuir y ver lo que va a pasar”

 

¿Qué factor consideras más importante en una fotografía de rock?
Una cosa fundamental ha sido haber tocado yo en muchos conciertos, estar en bandas, saber qué es estar de gira, qué es sudar y estar con tus compañeros en la furgoneta, los conciertos buenos, los malos, las pruebas de sonido… eso me ha ayudado a saber de lo que estamos hablando, saber lo que busca una banda, qué momentos son los especiales y poder anticiparme a esos momentos, saber que va a venir el estribillo, o un salto, o un guitarrazo. Tocar me ha ayudado mucho para intuir y ver lo que va a pasar. Aunque no conozca las canciones, exagerando un poco, la música suelen ser matemáticas, 4×4, al final puedes saber más o menos viendo cómo va la canción qué va a pasar después. Pero también me ha venido muy bien para las fotos de promo, ahí procuro que haya muy buen feeling, que se lo pasen muy bien, que sea más algo improvisado que una cosa muy cerrada, encorsetada, me dejo llevar por los feelings que me dan ellos. Para eso me ha venido muy bien tocar en grupos: hablan de tú a tú, se ven más reflejados, pueden estar más relajados delante de una cámara. Consigues momentos muy especiales fuera de los conciertos. Ese buen rollo que tengo con los músicos me ha ayudado mucho a hacer lo que hago.

 

En las sesiones, ¿te limitas a disparar, o te gusta preparar el escenario con cuidado?
Ni una cosa ni la otra. En las primeras sesiones sí que lo tenía más claro, cómo iba a estar colocado cada uno, cómo iba a ser la luz… y al final me di cuenta de que los músicos no son modelos, y tampoco quiero que lo sean, quiero que estén relajados y conseguir reflejar el momento en el que están. A veces nos hemos ido de cañas para conocernos y ahí han surgido las cosas. La fotografía no es robar el alma de ese personaje, es conseguir que estén tan relajados, tan bien contigo, captar que sean ellos mismos. Suelo plantear con el grupo o la discográfica qué quieren conseguir y a partir de eso me dejo llevar. Por lo general trabajo muy rápido, elijo una pared, un fondo, y si funciona vamos por ahí. Si a la primera o segunda no funciona, vamos a otra. Me gusta la improvisación, que sean más ellos, no más yo. Si te impones tú en tu luz, tu forma de ver, al final es una foto tuya, y lo que hay que intentar es reflejar cómo son ellos.

 

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En los conciertos, ¿cómo se vive el show detrás del objetivo?
La verdad es que es maravilloso. Me ha tocado vivir conciertos muy especiales, y lo que me gusta de esto en conciertos y sesiones, que un grupo al que admiras confíen en ti para que seas su imagen es de las cosas que me llenan. Cuando hay feeling al final también me buscan en el directo, el guitarrista se crece y posa para mi, el cantante me guiña un ojo y ya sé que va a hacer algo especial. Ese buen rollo que intento conseguir ayuda mucho a la foto del directo. Hay cosas que me encantan: haber estado detrás de los amplis o la batería, se te pone la piel de gallina. Me acuerdo cuando tocó Pablo Alborán en Las Ventas, tocó varias noches, pero la primera justo se acababa de ir el sol, estaba el cielo con muchas nubes pero con un azul muy muy oscuro, estaba escondido detrás de la batería y saqué la cabeza para hacer la foto. El cielo era espectacular, esa acabó siendo la contraportada del disco. Y según estaba haciendo la foto se te pone la piel de gallina viendo a todos los fans gritando. Es lo más grande del mundo estar en un escenario. No formo parte de eso, que es lo que a mi me hubiera encantado, ser músico, pero de otra manera he conseguido estar ahí.

 

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¿Cómo logras captar algo tan vivo y sonoro como un show en una imagen congelada?
He visto muchas fotos de los Stooges, de los Clash, de Bob Dylan… intento plasmar todas esas imágenes que tengo en el backup. Antes de internet no podías ver todo lo que ves ahora, pero esas imágenes se me han quedado en la cabeza, y trato de captar lo mismo: que se refleje en una imagen lo que he visto.

 

Ser fotógrafo de directo conlleva también unas dificultades que no siempre tenemos en cuenta: la falta de espacio, el escaso tiempo que os dejan para retratar un show, los condicionantes de la sala, la iluminación… ¿Qué factores te han acarreado o acarrean más problemas a la hora de trabajar a pie de escenario?
De las cosas complicadas, más gordas, que hago para los deuvedés, que he hecho para Sabina, Loquillo, M Clan, Fito y los Fitipaldis, Malú, ahora tengo Coque Malla… De las cosas que son un poco más coñazo es que como están grabando también para DVD, los que están con las cámaras de vídeo están no por delante, pero son más importantes que yo, no les peudo molestar, ni ponerme delante, y si me subo al escenario tengo que procurar que no se me vea absolutamente nada. Muchas veces ponen muchas cámaras y es muy complicado trabajar ahí. Pero bueno, procuro hablar con los cámaras antes del concierto, decirles que voy a estar por aquí, que haya buen rollo, y así es mucho más fácil, se hace más llevadero. A veces la iluminación es maravillosa y es muy fácil, porque tienes cientos de fotos muy buenas, pero otras se hacen más complicado. Pero bueno, gajes del oficio.

 

Por tu experiencia, ¿cómo se comportan los músicos delante de la cámara?
Hay gente a la que le gusta muchísimo y es muy fácil hacerle fotos, como Leiva o Bunbury, y hay otros que les cuesta mucho, que se ponen muy nerviosos. Pero hablando y con anécdotas consigues que se relajen y no pongan cara de foto, que es lo peor.

Eres uno de los fotógrafos mejor valorados del rock. ¿Cuál crees que es tu sello?
Si te digo la verdad, no lo sé. Sí que me ha dicho mucha gente que cuando ven mis fotos las reconocen. Me imagino que lo tendré, creo que tengo una visión muy clásica de la fotografía, por todo eso que te he contado de las fotos que he visto de Elvis, Los Ramones, los Clash… pero no sabría definirme a mi mismo.

 

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¿Qué tres sesiones de fotos recuerdas de forma especial, y por qué?
De las cosas especiales, cuando estuve con Amaral en Austin. Los viajes han sido muy especiales. Cuando estuve con L.A. en México una semana y pico nos lo pasamos muy bien, México me encanta, la comida es maravillosa, los sitios, ver cómo reacciona el público, bebíamos tequila todo el día, fue maravilloso. Y el de Nashville con M Clan lo voy a recordar toda mi vida. Con ellos ya había hecho el disco en directo, ya nos conocíamos, por eso quisieron que fuera yo para allá, porque rodar un documental (era mi primera vez) y les grabas todo el rato, si está alguien que no conoces de nada, sin saber si va a molar esa persona o no, si vas a estar a gusto o no, tiene su riesgo. Me eligieron para las fotos y para el documental en parte porque las fotos les encantan y por ese buen rollo y buen feeling, por la conexión. Fue llegar y fue facilísimo, fue una paliza increíble, muchísimas horas encerrados en el estudio, pero estaba encantado. Ver grabar a los músicos americanos (que no es que toquen mejor, pero se lo han inventado ellos), ver a unos musicazos que han escuchado muy pocas veces la canción y en nada ya la grababan… era mi filosofía de trabajar, esa frescura de las primeras tomas es mucho mejor que estar horas para conseguir la foto perfecta. Esa imperfección que también me encanta en la música: que la caja de la batería no suene siempre en el mismo sitio, un pequeño desafine imperceptible que le dan la vida a la voz, ese guitarrazo de más… todo eso me gusta del rock, algo que creo que se ha perdido un poco con las grabaciones del Pro Tools. Queda muy bonito, pero le falta esa parte “cochina”. En Nashville vivimos algo muy parecido a mi forma de trabajar, ver a Al Perkins, el Dios del pedal steal, que ha tocado con los Rolling, Bob Dylan, verle improvisar, los detallitos… y en el momento exacto hace la nota exacta y la canción sube para arriba… fue increíble. Estuvimos en el museo de Johnny Cash, en el del country, fuimos a ver conciertos… Estuvo muy muy bien.

 

¿A quién te ha costado más retratar, y por qué?
En el fondo todo ha sido fácil, alguno te cuesta un poco más al principio pero todas han salido correctas o muy bien.

 

Tengo entendido que has trabajado con gente muy alejada al rock, entre ellos Bertín Osborne. ¿Qué aprendes cuando sales de tu zona de confort? Con él, o con otros con los que hayas trabajado.
He trabajado con Andy y Lucas, Bertín Osborne, Pablo Alborán, Abraham Mateo, Malú… muchos grupos cuya música no escucho, pero me ha encantado y me aporta muchísimo. Ya sea por un lado malasañero, quinceañero, de decir: lo que me gusta es lo que me gusta, y el resto es una mierda, y al final te das cuenta de que las cosas no son así. Te puede gustar muchísimo el rock, o el punk, pero estando de gira con estos grupos, aunque no te los pongas en casa, te das cuenta de que tienen unos músicos increíbles, las composiciones son maravillosas, y me ha ayudado a quitarme las telarañas horribles que tenía en mi cabeza para poder disfrutar la música de otra manera, y como fotógrafo para ver las cosas de otra manera. He aplicado las cosas de mi mundo a su lado, pero de ese lado también me he llevado para aplicarlo al rock. Me siento muy cómodo en un lado y en el otro. Bertín Osborne me pidió salir como un crooner, y busqué el sitio adecuado, la luz… y el personaje, todo conjunta y se le ve como un crooner.

 

Dentro de la fotografía, ¿qué sueños has cumplido, y cuáles te quedan por cumplir?
Cuando empecé en la fotografía ni me imaginaba que iba a estar donde estoy ahora, he dado las vueltas al marcador de mis sueños en esto que al final no me pongo metas, se me han cumplido todos. Va más allá de lo que podría haber imaginado cuando empecé. ¿Cuáles me quedan por cumplir? No son sueños, pero… si surgiesen más veces cosas como lo de M Clan en Nashville, o lo de L.A. en México, o como cuando estuvimos en Buenos Aires con Sabina… si saliesen más cosas de esas, yo encantado. También me encantaría que saliesen más cosas como lo de KISS, hacer más grupos internacionales de los que soy muy muy fan, estar con ellos en camerinos aunque sea cinco minutos para hacerles una foto, con Iggy Pop, que le he hecho fotos en directo, pero me encantaría hacerle un posado, o Tom Petty, o muchísimos otros.

 

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