“Forgesound”, de Luis Eduardo Aute y otros

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

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“Un disco que pese a su carácter de obra menor, semioculta y casi desconocida, sigue igual de fresco y ácido”

 

Juan Puchades recupera el disco que, en 1976, Luis Eduardo Aute y Jesús Munárriz idearon en homenaje al humorista gráfico Forges. Junto a ellos, Rosa León, Teddy Bautista y Julia León.

 

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Varios
“Forgesound”
PAUTA/ARIOLA, 1976

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Qué tiempos aquellos en los que la industria discográfica nacional se podía permitir lujos como este. Porque que a Luis Eduardo Aute y a Jesús Munárriz se les pasará por el magín dedicarle un disco a Forges, inspirados por sus chistes, y que el sello Ariola, desde su filial Pauta (dirigida por José Manuel Caballero Bonald, ni más ni menos) diera la luz verde es, desde luego, un lujo. Prácticamente incomprensible en tiempos en los que amortizar el trabajo, esfuerzo y dinero invertidos en un elepé es prácticamente imposible (compren discos, carajo, ¡que estamos en Navidad!).

Con Aute sobran las presentaciones, pero a Munárriz sí conviene situarlo. Por entonces era un joven cantautor madrileño (aunque natural de San Sebastián), principalmente compositor, a la vez que editor. De hecho estaba dando forma a la que sería, tras su abandono de la música, una de las futuras editoriales esenciales de poesía, Hiperión. Como lo leen.

A Luis Eduardo Aute siempre le gustó la sátira, y los “monigotes” de Forges eran una magnífica excusa para dar salida a unas cuantas canciones con las que, humor mediante y en compañía de Munárriz, poner el dedo en la llaga, y con un poquito de sal y otra pizca de pimienta retratar la España que en 1976 comenzaba a andar, como buenamente podía, hacia una incierta democracia. Por supuesto, un disco inspirado por las creaciones de Forges debía partir, necesariamente, del puerto del humor para recalar en el de la diversión. Porque se trata de eso, de un gigantesco divertimento que, además, sin el menor asomo de prejuicios, suma un batiburrillo de géneros.

El festival se abre con ‘Los cabras locas’, un charlestón que comparte música con ‘Los fantasmas’, la canción que la Desde Santurce a Bilbao Blues Band (el grupo de Moncho Alpuente) publicó en su único elepé dos años antes, y que también firmaba Aute. Por su parte, ‘Mariano’ (nombre que parece premonitorio de lo que décadas después se nos vendría encima), la cantaba Rosa León. El tal Mariano es “un Tarzán de quinta mano”, uno de los personajes fijos en las viñetas de Forges: un escasamente sulfuroso ciudadano en temas maritales que no le mete un gol a su pareja “desde el verano”, y que no desenvaina “el acero”. La narradora le pregunta abiertamente cuándo se marcará “un feliciano”, bajo amenaza de acabar en una barra americana o ligándose a un miliciano. Todo ello interpretado con acento madrileño a más no poder y musicado a ritmo de chotis.

 

 

Con ‘Carselero, carselero’ Aute y Munárriz se descuelgan con un chachachá bien sabrosón y salsero, muy ortodoxo. Porque, qué mejor que hablar de la tortura en las cárceles españolas de aquellos años que a ritmo caribeño, ¿eh? El contraste es brutal. Ambos autores sacan lo mejor del humor para una sátira que por entonces era fija en los chistes forgianos, siempre representada por un patético torturador de estética inquisitorial.

Uno de esos temas que hoy siguen de plena vigencia es ‘Sillón de mis entretelas’, en el que un político se ha adosado al asiento y no quiere levantarse de ninguna de las maneras, y para cantarle nada mejor que hacerlo a ritmo de tango en la voz de Munárriz. Del tango saltan a la jota para poner a Julia León (hermana de Rosa León) a entonar el ‘Romance del Blasillo’. Sí, Blasillo (que lee “Cuadernos” y “Cambio”. Para los más jóvenes: “Cuadernos para el Diálogo” y “Cambio 16”), otro clásico del viñetista: el hombre del pueblo, común pero leído que dice barbaridades como si tal cosa, cargado de filosofía de andar por casa. Aquí Blasillo, incisivo, pide elecciones.

¿Pero qué sería de un chotis, un tango, un chachachá y una jota si a continuación no les siguiera un rock and roll? Pues un desacato, qué duda cabe, y para remediarlo llega ‘Tía mollar’, en la voz del cantante de Los Canarios, Teddy Bautista, y con Rosa León en el papel de la mollar en cuestión. Las señoras mollares eran otra de las líneas de producción de Forges, aunque hoy, nos tememos, ni los chistes sobre el asunto ni esta canción serían excesivamente correctos. A eso hemos llegado: a retroceder en el tiempo hasta la pérdida del sentido del humor, y mientras nos ponemos remilgados y cuestionamos cualquier rasgo humorístico que (supuestamente) pueda ofender a un colectivo u otro, los hay que se lo siguen llevando crudo. En concreto a Suiza, porque para eso no ha pasado el tiempo y seguimos exactamente en el mismo sitio, como bien se comprueba al escuchar ‘¡Ay, Suiza, patria querida!’, cantada por Aute y de título meridianamente transparente. Versa, por supuesto, sobre ese deporte de altura tan hispano de trasplantar la pasta a Suiza. Claro, la música remeda el ‘Asturias, patria querida’ en la voz de Luis Eduardo Aute.

 

 

Otro de los clásicos del Forges de aquel tiempo que no podía dejar de aparecer en este ramillete de canciones es el funcionario contumaz. ¿El título? ‘La ventanilla’. Un infierno a ritmo de cuplé en el que constantemente falta algo con lo que lograr superar con éxito la burocracia de la “pesadilla de la ventanilla”. En las voces, Aute y Munárriz. De ahí le atizan a una rumba salerosa y salsera en ‘Yo no me voy’, con Teddy Bautista de nuevo en la voz para poner en canción a otro clásico de Forges (y prácticamente de cualquier humorista que se precie): el maravilloso e inolvidable náufrago de la isla desierta. El final del disco, para no dejarse ni un género al que meterle mano, llega al son de un pasodoble taurino cantado por Rosa León, en un homenaje abierto y sincero no ya a la obra de Forges, sino directamente al creador de tanta barbaridad gráfica. ‘Antonio Fraguas, El Forges’ es, sin más, “el amo de la viñeta, el diestro del ‘Por Favor’”, porque “son filigranas tu muleta, tu pincel y el rotulador”, entona León hasta llegar a un final de antología, totalmente definitorio del arte de Forges: “Te enfrentas con el morlaco / de la empanada mental / y tocas el punto flaco / de la fiesta nacional”. Pues sí, así es, y sobre todo así fue en unos años en los que Forges nos ayudaba a echarnos unas risas entre tanta tensión como vivíamos.

 

 

Una pena que, por cosas de aquel tiempo, solo sepamos de los cantantes principales, y que la dirección musical corrió a cargo de Fernando García Morcillo, pero nada de los músicos que colaboraron en esta noble y divertidísima iniciativa. Un disco que pese a su carácter de obra menor, semioculta y casi desconocida, sigue sonando igual de fresco y ácido. A la vez que sirve para fijar, con humor, un tiempo y un país. Este, el nuestro, el que algunos llaman Estado por no nombrarlo, y otros (los que llamamos silla a una silla y Francia a Francia) denominamos España. Porque los chistes pueden ser canción, pero la vida puede ser un chiste de enormes proporciones.

Anterior entrega de Operación rescate: “Alameda”, de Alameda.

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