En el ángulo muerto: Amaro Ferreiro y los autores de canciones

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“Cualquier grupo famoso no es nadie sin una buena canción, y en el otro extremo sucede lo contrario: donde hay un ramillete de buenas canciones, el autor debe dormir tranquilo”

 

Un concierto en Madrid sirve de punto de partida para recorrer brevemente la carrera de Amaro Ferreiro, y reflexionar sobre la figura de los autores de canciones que escriben para otros. Por Arancha Moreno.

 

Una sección de ARANCHA MORENO.
Fotos: J. PEREA.

 

“Esa canción es de su hermano”, le dijo el chico de barba a la joven de rizos mientras sonaba ‘Cómo conocí a vuestra madre’. Estábamos en el Café La Palma, en Madrid, viendo uno de los escasos conciertos que suele dar en solitario Amaro Ferreiro. Al escuchar aquello me dieron ganas de extender la mano, darles un toquecito en el hombro (de esos que molestan tanto) y puntualizar que no, que Iván Ferreiro la había grabado, y la cantaba en los directos, pero que de la composición se había encargado el músico que la estaba defendiendo esta noche. Que teníamos al autor de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ delante. Y al de ‘Turnedo’, y ‘S.P.N.B’, y ‘N.Y.C.’, y otras tantas canciones.

Esa noche me guardé la mano, y las ganas, pero tres días después me enseñaron un vídeo en directo de Xoel López, cuando todavía caminaba bajo el nombre de Deluxe. El tema era ‘Colillas en el suelo’, y Xoel contaba que había sido Amaro quien le había ayudado a encajar todas las piezas en su sitio, en un viaje a Buenos Aires. “Anda, no sabía que había participado en esta canción, ¡me encanta!”, me dijo la persona que me envió la grabación. Según pude leer en prensa de la época, ‘Colillas en el suelo’ nació durante una gira de Deluxe y terminó de formarse en el Laboratorio Ñ de Buenos Aires, donde estaban también los Ferreiro. «Recuerdo que Amaro me propuso un cambio en la estructura de la letra e incluso algún arreglo musical», reveló Xoel, como decía también en el vídeo del concierto.

 

Al encontrarme con el caso de ‘Colillas en el suelo’, volví a acordarme de la mano que no alargué para tocar el hombro de aquella pareja, y me pregunté cuántas veces y en cuántos conciertos había alguien repitiendo lo mismo: “Este tema no es suyo, es de Fulanito”. Cuántos autores andan trabajando en la sombra, escribiendo para otros y aceptando la realidad: que muchos no sabrán nunca que las canciones son suyas. Cuántos escritores de canciones pasean por cualquier calle sin ser reconocidos, mientras todos tarareamos sus letras en los conciertos.

Amaro Ferreiro no está del todo en la sombra, porque acompaña a su hermano Iván desde 2004. Es su otra mitad, su escudero, su equilibrio imposible. Es la cordura frente a la locura, la reflexión frente a la exaltación, la calma frente a la tempestad. Era aquel chaval que se pasaba por el estudio de Los Piratas a ver en qué estaban trabajando, mientras seguía estudiando Derecho y empezaba a tocar la guitarra a nivel amateur. Fue la mano que agarró a Iván cuando empezó a volar solo en 2004, y se atrevió a soportar el peso mediático y emocional de ejercer de guitarrista profesional de la noche a la mañana, con la responsabilidad que conlleva acompañar a alguien que ya tiene cierto peso en el oficio. Y afrontó la presión con toda la entereza que pudo.

Trece años después no ha hecho otra cosa que crecer en dos direcciones. Con Iván ha trabajado en “Canciones para el tiempo y la distancia” (2005), “Las siete y media” (2006), “Mentiroso mentiroso” (2008), “Picnic extraterrestre” (2010), “Confesiones de un artista de mierda” (2011), “Val Miñor-Madrid: Historia y cronología del mundo” (2013), “Casa” (2016). Y cuando las giras y los discos de Iván se toman un descanso, Amaro saca a flote los suyos: debutó con “La ciudad de las agujas” (2007), formó parte del proyecto homónimo de Glez (2009) y editó “Biólogo” meses antes de que su hermano publicase «Casa». Ese doblete provocó que los Ferreiro tuvieron alguna discusión encendida, de esas que solo puedes tener con un hermano, para ver quién se quedaba qué canción en qué disco. Al final, según confiesa Iván en el libro «Iván Ferreiro.30 canciones para el tiempo y la distancia», fue él quién se apropió ‘La otra mitad’, que era el tema disputado. Y cada uno defendió unas canciones distintas, salvo ‘Consummatum est’, que la grabaron los dos en sus respectivos álbumes.

 

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«Amaro fue la mano que agarró a Iván cuando empezó a volar solo, y se atrevió a soportar el peso mediático y emocional de ejercer de guitarrista profesional de la noche a la mañana»

 

Aquel martes de diciembre, en el Café La Palma, Amaro estaba aprovechando uno de esos pequeños huecos que tiene cuando no trabaja con Iván. Había conseguido reunir a Pablo Novoa (teclista, padre), Fizz Novoa (baterista, hijo) y Marta Toro (bajista) para salir a tocar sus temas en solitario. Era media banda de acompañamiento de Iván, y se notaba que todo fluía. Los cuatro hacían maravillas, también por el estrecho escenario de la sala, con forma de túnel, por las que iban rondando sus canciones hasta la otra punta de la barra. Tocó todos los temas de «Biólogo», un disco que apenas ha podido defender desde que vio la luz hace poco más de año y medio. Minutos antes del directo, nos lo contaba el propio Pablo Novoa, cuando nos cruzamos de camino a la barra: “Hemos hecho muy pocos conciertos con esta formación, el último fue en el Sonorama”. Les costaba encontrar fechas en las que todos estuviesen disponibles, pero no les faltaban ganas. “Quizá caiga otro el año que viene”, dejó suspendido en el aire, antes de desaparecer en la oscuridad.

Fue un show breve, creo recordar que no llegó a hora y media. Tras un pequeño parón el pequeño de los Ferreiro salió solo, con la guitarra acústica, para recuperar la preciosa ranchera titulada ‘S.P.N.B.’, que formó parte del debut de Iván en 2005. Hizo un guiño a su primer disco en solitario tocando ‘Sentimentiras’, nos contagió una de las mejores piezas de su último disco, ‘Trueno y relámpago’… y terminó el recorrido por todo lo alto con el himno de los himnos, ‘Turnedo’. El público la cantó como la canta siempre, robándosela con pasión de principio a fin.

Hoy he vuelto a escuchar «Biólogo», y me he detenido en la letra de ‘Enfermedad estéreo’: “A veces bajo al fondo y cojo impulso con los pies/ desde lo más profundo/ tratando de alcanzar tu piel./ Y nunca me acostumbraré, el plomo que se hunde”. Quizá Amaro sea menos conocido que sus propias canciones, en esta marea digital en la que casi nadie presta atención a los créditos de los discos. Incidiendo en esos versos de ‘Enfermedad estéreo’, tal vez Amaro sea plomo en una sociedad de corchos, y estemos todos mirando a la superficie mientras nos perdemos los misteriosos tesoros que hay al fondo.

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