“Electric warrior” (1971), de T. Rex

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

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“Una ristra de bombazos que oscilan entre el romanticismo y la sexualidad, la potencia de amplificador y la delicadeza acústica”

 

Sara Morales se adentra en el glam rock y recupera “Electric warrior”, el sexto disco de la banda londinense liderada por Marc Bolan, y el segundo firmado como T. Rex. Fue el álbum más vendido de 1971 y una influencia clara en artistas de la talla de David Bowie.

 

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T. Rex
“Electric warrior”
FLY RECORDS

 

Texto: SARA MORALES.

 

“Hay tan poco tiempo para cada uno de nosotros, que tengo que ser capaz de decir lo que quiero de forma rápida y a tanta gente como sea posible”. Esta frase de Marc Bolan, y motor psicológico de su propia vida, fue planteada cuando a finales de 1970 rondaba por su cabeza dar un nuevo giro a su carrera. Pudo haber sido más drástico, pero la banda ya venía de un cambio reciente cuando ese mismo año, tras el lanzamiento de su cuarto trabajo —“A beard of stars”—, decidieron rebautizarse como T. Rex acortando el nombre de Tyrannosaurus Rex. Su sonido también había ido mutando con el paso del tiempo y los discos: lo que había comenzado siendo un folk rock psicodélico desde sus inicios en 1967, empezaba a derivar en una brillante explosión de estribillos pegadizos entre riffs crudos y ásperos.

Encaminados hacia esa nueva tendencia sonora que, prácticamente, habían inventado ellos, y con pretensiones de que su trabajo cruzara el charco de una vez por todas, dieron vida a “Electric warrior”, con Tony Visconti como productor, y con el bajista Steve Currie y el percusionista Bill Legend ya entre sus filas. Oficialmente el sexto álbum de estudio de la banda, el segundo como T. Rex y, figurativamente para Bolan, el primero de su carrera por lo que supuso para él tanto en el sentido creativo como personal.

Publicado en 1971, a través de Fly Records en Reino Unido y Reprise Records en Estados Unidos, alberga en su interior una ristra de bombazos que oscilan entre el romanticismo y la sexualidad, la potencia de amplificador y la delicadeza acústica. Un juego de contrarios que parecía imposible pero que, hermanados con el pop setentero que ya dominaban, dieron lugar a un sonido único y a la creación de un nuevo género unido a una nueva actitud: el glam rock.

 

 

El pelotazo ‘Get it on’, segundo sencillo del álbum, es el claro reflejo de la nueva travesía que Bolan y los suyos cruzaban con este disco. Una canción sexy y persuasiva, para la que se contó con los músicos Rick Wakeman al piano e Ian McDonald de King Crimson al saxo, que llegó a ocupar el puesto número uno de las listas británicas, así como entrar en el top ten estadounidense bajo el nombre de ‘Bang a gong (get it on)’.

Un éxito compartido muy de cerca por ‘Jeepster’, que llegó al segundo lugar de los charts anglosajones, pero que supuso el enfrentamiento entre Marc Bolan y la discográfica Fly porque lo habían lanzado como tercer single del álbum sin su consentimiento. Aunque dado el resultado la decisión no estuvo desacertada, el cantante decidió romper contratos y pasar a firmarlos con un nuevo sello, EMI, con quien la banda trabajaría el resto de su carrera. Una prosopografía en femenino esta ‘Jeepster’, que incluso Quentin Tarantino utilizó para musicalizar “Death proof”.

 

 

El tracklist de este álbum fundacional del glam rock lo engrosan también canciones como la cálida ‘Mambo sun’ que abre el disco, la poperísima ‘Cosmic dancer’ en código semiacústico, la ácida ‘Rip off’ o esa cadencia de ‘Monolith’ en la que muchos han visto a la madre del ‘Ziggy Stardust’ de Bowie. Pero fue ‘Hot love’, publicada meses antes del lanzamiento del disco como adelanto independiente, e incluida posteriormente en la cara B del mismo y en la reedición del año 2003, la que vaticinó con acierto los aires de triunfo que envolvían a “Electric warrior”. Varios exmúsicos de The Turtles colaboraron con los coros, y los propios T. Rex apostaron por la batería de Bill Legend para completarla, naciendo así este hit de los setenta que permaneció en la cima del ranking inglés durante seis semanas consecutivas y colocó un millón de copias. Después, a nadie le extrañó que el álbum se convirtiera en el más vendido de aquel 1971 en Reino Unido.

Anterior entrega de Operación rescate: “Brainwashed” (2002), de George Harrison.

 

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