El primer Elvis restaurado y puesto al día

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“Es como la piedra rosetta de la discografía de Elvis, la que explica cómo fueron los hechos y qué es lo que vendría y por qué, en qué se asienta su grandeza”

El triple álbum “A boy from Tupelo” recoge todos los registros de Elvis entre 1953 y 1955, entre tomas de estudio y de directo. Juan Puchades nos lo presenta.

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

En los años cincuenta del siglo pasado, el estudio de Memphis Sun Records, propiedad de Sam Phillips, disponía de un servicio de grabación público: pagabas, grababas y te llevabas un acetato. Allí acudió en julio de 1953 un jovenzuelo (18 años) Elvis Presley para grabar un par de temas: ‘My Happyness’ y ‘That’s when your heartaches begin’, apoquinó 3,98 dólares y se fue con las dos insulsas canciones a la espera de que en la discográfica se hubieran fijado en él. El 4 de enero de 1954 grabaría otras dos. Se fijaron en él. Y el resto, como se dice, es Historia.

Así, con esas cuatro canciones, arranca “A boy from Tupelo” (RCA/Legacy/SONY), un triple álbum editado con motivo del pasado cuarenta aniversario de su muerte que agrupa todos los registros de Elvis que se han conservado de entre 1953 y 1955. Es decir, todo lo grabado en Sun Records y que editaron la discográfica de Sam Phillips y luego RCA. Dicho de otro modo, esto es como la piedra rosetta de la discografía de Elvis. No necesariamente de la del rock and roll, que ahí entran más actores en juego, no solo el “muchacho de Tupelo”. Pero sí la suya, la que explica cómo fueron los hechos, qué es lo que vendría y por qué, en qué se asienta su grandeza.

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La obra se divide en tres grandes bloques, uno por cedé: el primero agrupa todo lo registrado (desde las mencionadas iniciales grabaciones privadas) y editado en su día, en los masters para Sun y RCA: el glorioso material que nutrió las primeras tomas de Elvis, las previas al demoledor elepé de estreno en RCA: en ellas oímos a ese cantante fabuloso que frasea con desparpajo transitando entre el blues, el hillbilly, el góspel y el romanticismo dando lugar a una de las corrientes del rock, la que se alentó precisamente desde el estudio de Sun, con tendencia a la acústica y a la austeridad de medios, a cierta crudeza formal. En el empeño le acompañaron Scooty Moore en la guitarra eléctrica y Bill Black en el bajo, que junto con Elvis (guitarra acústica) formaron una de las bandas (un trío sin batería) que diseñarían el sonido del naciente rock and roll. Y aunque todo el mérito se lo ha llevado siempre Elvis, que era el que cantaba (de morirse, no lo duden), firmaba los discos, daba la cara, se desgañitaba en directo y revolucionó la música y la cultura estadounidense, no hay que olvidar a los otros dos: sobre ese contrabajo y esa guitarra eléctrica se construiría una de las patas esenciales sobre las que sustentó el rock.

El segundo cedé es el más árido, pues se consagra a recoger las tomas alternativas de las sesiones de Sun: pruebas, tomas fallidas, fragmentos… Lo que es igual a material recomendable únicamente para seguidores dispuestos a echarse al cuerpo cuatro versiones seguidas de, por ejemplo, ‘Blue moon’, o cinco de ‘I’m left, you’re right, she’s gone’. El tercer y último disco sí vale su peso en oro al presentar todos los audios de ese periodo (o todos los recuperables) de Elvis en directo y en la radio (incluso se agrega una entrevista de cinco minutos): interpretaciones flamígeras que muestran a un artista haciéndose sobre las tablas, defendiendo lo suyo como si no hubiera mañana, consciente de que hay que convencer aquí y ahora, tanto descargando con furia como enfrentándose a tiernas baladas hillbilly. A su lado, y como en la mayor parte de los registros de estudio, Moore y Black; aunque algunos incluyen steel guitar y piano.

Tan encomiable ejercicio de arqueología sonora se presenta en cada uno de los discos en orden cronológico, que es la única manera de hacer estas cosas con sentido y de que puedan ser disfrutadas por el oyente. Por otro lado, se ha realizado un notorio trabajo de restauración en el estudio (se afirma que ha llevado más de 1.700 horas) para que la calidad sea la mejor posible, y lo han conseguido: por momentos resulta absolutamente impecable, nada que ver con lo que podríamos imaginar en grabaciones bastante primitivas que suman más de sesenta años. Además, el álbum se presenta en un formato generoso en centímetros y con el añadido de un libro de 120 páginas con un completo día a día de Elvis, de julio de 1954 a diciembre del 55, ilustrado con abundante y asombroso material fotográfico. Dirigiendo todo el proyecto (incluyendo la producción y los textos del libro) está Ernst Mikael Jorgensen, el experto danés que se ha convertido en el mayor valedor y estudioso de la obra de Elvis, y al que recurren tanto Elvis Presley Entreprises (la empresa que gestiona el legado) como Sony Music para dar forma a nuevos proyectos discográficos dedicados a la leyenda mayor del rock.

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