El oro y el fango: ¿De qué hablamos cuando hablamos de rock?

Autor:

borja-cuellar-07-03-14

“El rock es mucho y muy variado, y desde sus mismos orígenes se dilató de tal modo que tratar de acotarlo o ponerle fronteras a capricho y según excluyentes baremos personales es un completo absurdo”

 

Siguiendo el hilo abierto la semana pasada, Juan Puchades trata de explicar de qué hablamos cuando hablamos de rock, qué es y hasta dónde llega.

 

 

Una sección de JUAN PUCHADES.
Ilustración: BORJA CUÉLLAR.

 

 

Como era previsible, la entrega de “El oro y el fango” de la semana pasada generó (además de la clásica e inevitable colección de vituperios) opiniones encontradas. Pero, más allá de los protagonistas de la misma (Pereza, Leiva y Rubén Pozo), lo que subyace es un debate –exclusivamente local, que conste– que viene de tiempo atrás y que se fundamenta en qué entendemos por rock. O yendo más lejos, qué es el rock. Porque la impresión es que, obviando ampliamente el rigor, el análisis y la historia, cada cual tiene su propia idea prefijada e inamovible modelada según sus preferencias estilísticas: para algunos, única y exclusivamente responde por rock aquello que se atiene a guitarras fuertes o distorsionadas, bajos y baterías contundentes, ritmo potente o bailable, donde la masa sonora es lo principal, con la voz hundida en la mezcla instrumental. Para otros solo donde campa el decibelio estruendoso y la tormenta sónica anida el rock. Hay, incluso, quienes únicamente lo ven en propuestas que se escoran hacia el largo desarrollo instrumental eléctrico. Algunos lo vinculan exclusivamente con actitudes auténticas (sea esto lo que sea). Por contra, se tiende a pensar que el pop remite a melodías tarareables, música accesible y de corte melódico, elementos todos ellos que, en no pocas ocasiones, también pueden encontrarse en el rock.

Pero convendría no perder el origen de la madeja: el rock and roll, surgido a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, nació de la evolución y mezcla de otros géneros, esencialmente (y simplificando) del country y del rhythm and blues, pero mientras que Elvis Presley y los que grababan para Sun Records lo hacían desde patrones muy primarios y rústicos (prácticamente acústicos), Bill Haley desarrollaba un sonido exuberante en el que también se integraban elementos que derivaban del swing (del jazz), Chuck Berry se sustentaba abiertamente en la esencia eléctrica y cadenciosa del rhythm and blues, y Buddy Holly tenía una visión tan cosmopolita y avanzada que hoy muchos no dudarían en afirmar que lo suyo era pop y no rock and roll. Pero lo era, vaya que sí.

Todas esas formas, y muchas más, eran rock and roll, y cada una de ellas, a través de intérpretes, compositores, arreglistas y productores, se multiplicó y desarrolló en muchísimas más (como cualquier género musical, por otro lado) que a su vez se volvían a multiplicar y que nos conducen a lo largo de las décadas hasta el presente y a preguntarnos qué tiene que ver U2 con Chuck Berry, que une a Iron Maiden con Buddy Holly, qué elementos relacionan a Bruce Springsteen con Elvis, a los Arctic Monkeys con Little Richard, o, dándole la vuelta a una cuestión tontorrona y clásica, qué tenían que ver los Beatles con los Stones. Pues que todos practicaban o practican rock and roll.

Y aquí abramos un paréntesis: a conciencia tecleo rock and roll, porque el rock and roll y el rock son exactamente lo mismo: el segundo no es más que la forma abreviada de referirse al primero (*). Y aunque a veces recurramos a rock and roll para citar específicamente lo que hacían los pioneros, no deja de ser un convencionalismo, y del mismo modo podemos emplear para ello definiciones como rock primitivo o rock original. Pero es lo mismo: rock es rock and roll (igual que, echando mano de un ejemplo de lo más prosaico, unas deportivas son unas zapatillas de deporte). A finales de los años sesenta, en plena revolución cultural, en Estados Unidos comenzó a popularizarse la denominación sintetizada de rock, pero siempre como sinónimo de rock and roll, no aludiendo a un género distinto o a un nuevo estilo.

Todavía hay más: en los mismos años sesenta, en Estados Unidos no se dudaba en calificar de rock, por ejemplo, a las Supremes y los demás artistas de la escudería Motown (que hoy consideramos como soul), mientras que en Inglaterra, adentrándonos incluso en la década de los setenta, la prensa musical clasificaba a Led Zeppelin (padres del hard rock) como un “pop group”. Porque eso es lo esencial: intentar establecer líneas divisorias entre géneros y estilos hermanados resulta harto complicado: un mismo artista puede pasar de unos a otros en distintas canciones de un mismo álbum, o emplear elementos o recursos de varios de ellos en un único tema. Pero es que, como se ha visto, esa es la esencia misma del rock and roll.

Habrá a quien, educado musicalmente, todo esto le parezca completamente accesorio (a mí mismo, no se crean), pero, como sostiene últimamente Diego A. Manrique, conviene volver a relatar cada tanto las historias esenciales del rock, y, visto lo visto, no está de más recordar qué es el rock and roll. Por ello, apuntemos que el rock ampara a estilos tan diversos como rockabilly, beat, rock progresivo, jazz rock, country rock, rock duro, glam rock, heavy metal, protopunk, new wave, blues rock, indie rock, surf, folk rock, rock sinfónico, AOR (adult oriented rock), rock psicodélico, funk rock, rock industrial, pub rock, soft rock, grunge, rock gótico, rock clásico, noise… y bastantes decenas más. Algunos, como se ve, incorporan como nombre o apellido la denominación rock, pero a otros se les nombra como pop (¡anatema!, exclamarán algunos): el vigoroso power pop o el plácido sunshine pop (si no me creen, consulten la socorrida Wikipedia).

Nuestro terruño también ha dejado sus propios estilos o escenas musicales vinculadas al rock, en ocasiones con denominación de origen, pero siempre definiendo determinadas formas sonoras: yeyé, onda layetana, rock andaluz, rock mediterráneo, rock urbano, rock madrileño, rock radical vasco, rock catalán, tercera vía, rock latino, flamenco rock (o flamenco pop), nuevo flamenco, rock bravú, sonido caño roto, rumba catalana (o rumba rock, o rumba pop), rock torero, escuela venenosa… Incluso todavía no hemos resuelto cómo catalogar a los cantautores eléctricos (que en rigor derivan del tronco del folk rock estadounidense).

Es decir, el rock es mucho y muy variado, y desde sus mismos orígenes se dilató de tal modo que tratar de acotarlo o ponerle fronteras a capricho y según excluyentes baremos personales es un completo absurdo. En todo caso, siempre podemos adjetivar con sus múltiples estilos (o hablar del genérico pop rock, denominación extendida en la década de los ochenta que algunos, dada su confortable amplitud, prefieren emplear). Pero poco más.


NOTA:

(*) En algún reciente texto en castellano hemos leído la teoría sin el menor fundamento de que el rock and roll perdió el roll al pasar de música bailable a música para ser escuchada. Los ortodoxos de la crítica jazz manejan tesis similares para lo suyo, tratando de justificar que les interesa una música que nació para ser bailada y creada por negros incultos e indocumentados.

 

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Anterior entrega de El oro y el fango: A vueltas con Pereza, Leiva, Rubén Pozo y el rock.

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