El oro y el fango: De críticos y músicos frustrados

Autor:

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“No me deshago de mis discos, pero tampoco de mis revistas o libros sobre música. ¿Comprende esto el músico que habla de críticos como músicos frustrados?”

 

Es habitual que el músico cuando quiere defenderse de un ataque por parte de la crítica, contraataque y hable de músicos frustrados. Este es le tema sobre le que reflexiona Juan Puchades en esta entrega de su “oro y fango”.

 

Una sección de JUAN PUCHADES.
Ilustración: BORJA CUÉLLAR.

 

Conozco a un adolescente al que, desde hace unos años, se le ha metido entre ceja y ceja ser periodista deportivo. Se interesa por los profesionales del sector, cuando puede los visita en los estudios radiofónicos o televisivos, está atento a sus movimientos e, incluso, mantiene su propio blog deportivo. Por edad y constitución física bien podría haber pensado en ser, pongamos por caso, futbolista, pero no, él anhela ser periodista deportivo. Esa es su vocación.

El ejemplo anterior sirve para ilustrar que, afortunadamente, los humanos somos animales de lo más singulares y que hay gente para todo. Y sirve, también, para acabar con esa especie que gustan de difundir los músicos cuando una crítica o comentario negativo les ha escocido: los críticos musicales no son necesariamente músicos frustrados. Habrá de todo, por supuesto, como en cualquier gremio, y cada uno tendrá sus razones, pero la mayoría de los que yo conozco no quisieron ser músicos. Como también sé que el comentario no suelen creerlo la mayoría de quienes lo propagan, responde, más bien, a la necesidad de defenderse o de justificarse, de menospreciar al que valora tu obra cuando esta ha recibido una arremetida, una crítica negativa.

Es un recurso fácil: “no critiques mi disco, graba tú uno mejor”. Claro que sí, y que los analistas políticos no critiquen al gobierno o a la oposición, que callen o se dediquen ellos mismos a la política. Que el reportero de guerra no cuente lo que vive y ve, que el experto en economía no comente los dislates de la banca, los especuladores y los gobernantes. Vivamos en el silencio… sobre todo cuando te afecta a ti. No, no juguemos a eso, que escribir de música es demasiado hermoso como para pervertirlo con pataletas.

Quien se decide a escribir de música, lo hace por su pasión hacia ella, unos firmemente convencidos de que eso es lo que querían hacer y otros arrastrados por los acontecimientos, pero una cosa les llevó a la otra, y con pasión comenzaron a escribir aquí o allá y cuando se dieron cuenta, acabaron dedicando su tiempo a ello. Este último fue mi caso, y nunca quise ser músico.

Desde la adolescencia adoraba la música, compraba discos, estaba al tanto de la actualidad, leía revistas, escuchaba la radio, en cuanto pude comencé a ir a conciertos. Y nunca se me pasó por la cabeza ser músico, ni por un segundo. Mi vocación era otra, artística también, aunque alejada de la música. Pero leyendo revistas de música (ese fue el detonante principal) se produjo un fenómeno que quizá un músico no comprenda (si en su día fue aficionado de verdad, tal vez sí): igual que tenía mis grupos de cabecera, también tenía mis críticos preferidos, gente con la que sintonizaba musicalmente y que con sus escritos transmitía entusiasmo pero también rigor, que me ayudaban a comprender la historia y el presente del rock, a desmenuzar un disco, a analizar una trayectoria. Así llegué a admirar a Jaime Gonzalo, Diego A. Manrique, Ignacio Julià, Jesús Ordovás u Oriol Llopis… Estaba atento a sus recomendaciones, a sus análisis, a sus artículos de fondo, a sus reportajes… Si importantes eran los músicos que me hacían gozar con su música, no lo eran menos los críticos que me hablaban de esa misma música, que compartían conmigo sus ideas, sus reflexiones, que me ayudaban a pensar, a comprender o a contrastar información. Tan necesarios fueron que ellos despertaron el deseo de leer de música, de conservar papeles relacionados con ella. Yo no me deshago de mis discos, pero tampoco de mis revistas o libros sobre música. ¿Comprende esto el músico que habla de críticos como músicos frustrados?

Para tratar de explicarlo algo mejor: me encanta el cine, pero nunca he pensado en dirigir una película. Leo narrativa constantemente, pero no se me ha ocurrido escribir una novela. Pues con la música, lo mismo. ¿Puede un músico entender que la música a algunas personas nos interesa y emociona tanto que nos lleva a escribir, hablar u opinar sobre ella? Si no lo entiende, tendría que hacérselo mirar, porque parece que tiene un problema. Y serio.

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Anterior entrega de El oro y el fango: La duración sí importa.

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