El jefe y los muchachos ciegos

Autor:

COMBUSTIONES

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“Chicago no olvida que sus grandes músicos, mucho más que las viejas factorías y los imponentes mataderos, hicieron de su nombre un pedernal de blues eléctrico”

 

Desde el corazón de Nueva York, Julio Valdeón despide a otra vieja leyenda del blues eléctrico de Chicago: Eddy “The Chief” Clearwater, fallecido el pasado 1 de junio.

 

Una sección de JULIO VALDEÓN.

 

Murió el fiero león, el amigo de Magic Sam, y el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, publicó un comunicado en el que lamenta la pérdida “de uno nuestros legendarios músicos de blues, innovadores y embajadores ante el mundo. Eddy “The Chief” Clearwater deja atrás un legado que incluye diecisiete discos, innumerables conciertos y una vida de canciones que dieron voz al alma de la ciudad que amaba. Nuestros pensamientos están con la familia y amigos de Eddy en este momento difícil”.

Descuenten los tópicos. Las frasecitas con las que el regidor de turno lo mismo despide a un as del bel canto que empaqueta a un virtuoso de la balalaica. Lo importante, lo esencial, tiene que ver con la pretensión, y tanto da si es impostada, de que la música importa. De que Chicago no olvida que sus grandes músicos, mucho más que las viejas factorías y los imponentes mataderos, hicieron de su nombre un pedernal de blues eléctrico.

Clearwater, emparentado con los usos de un Buddy Guy, sensacional pero también pirotécnico, tocaba con la zurda, como Hendrix, y gustaba de lucir las ropas coloristas que distinguían a los mejores príncipes del gueto. Curiosamente tocó en su juventud con los Blind Boys of Alabama. Clarence Fountain, líder vocal del grupo, ha muerto esta misma semana. Tenía 88 años. A diferencia de Clearwater, y de Sam Cooke, y de Aretha Franklin, y tantos otros vocalistas que bebieron en su infancia de los espirituales, jamás abandonó la senda del Señor.

Cierto que en las últimas décadas versionearon canciones de gente como Bob Dylan y colaboraron con Solomon Burke y otros, pero Dylan tuvo sus etapas furibundamente cristianas y Burke simultaneo su reinado como emperador del rock and soul con las prédicas en su iglesia. No había excesivos riesgos, por tanto, en acabar hechizados por el demonio. Además, hace años que el público natural de los Blind Boys of Alabama había superado las conmociones provocadas por escuchar a sus ídolos súbitamente entregados a estilos y materiales más mundanos.

Busquen el disco de Clearwater con los Straitjackets, más ecléctico y libre de lo que acostumbraba, donde exhibe sus formidables condiciones y revela que pudo haber sido más que un estupendo segundón. De los muchachos ciegos de Alabama hay tantas referencias que no queda otra que arriesgarse. Casi nunca decepcionan. En manos de productores empáticos, que conocieran su historia y tuvieran el cuajo necesario para retarles, podían ser matadores.

Anterior entrega de Combustiones: Qué fue del mojo: las voces del Misisipi y Kanye West.

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