El disco del día: The Rolling Stones

Autor:

«Una buena panorámica, recogiendo lo más brillante o conocido (casi todos estos temas fueron singles) de los cincuenta años de trayectoria de los Stones, mostrando esa impresionante evolución de la que los discos han dejado testimonio y que no ha habido grupo que haya igualado»

 

The Rolling Stones
«Grrr!»
ABKCO/UNIVERSAL

 

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

 

Antes de ponerme con la música, y como siempre, le pego un vistazo a la portada, a la contra, al libreto interior, y compruebo que en este triple álbum las cincuenta canciones con las que se condensa la trayectoria de los Rolling Stones se han ordenando de forma más o menos cronológica (los movimientos son leves). Aunque, qué manía, no figura el año de cada una de ellas. De pronto se me ocurre un ejercicio tontorrón: pinchar la versión de ‘Come on’, el tema de Chuck Berry con el que, en 1963, los Stones comenzaron a grabar (y que abre el primero de estos tres discos) e inmeditamente después ‘Doom and gloom’, una de las dos canciones que el grupo ha registrado este mismo año expresamente para esta antología. El resultado es el imaginable: con esa distancia de cuarenta y nueve años, es como escuchar a dos grupos completamente distintos, no hay nada que enlace ambas canciones, solo la voz de Jagger guarda un lejano parecido, nada más. La evolución ha sido prodigiosa… la que transcurre durante toda una vida en formato grupal.

Pero dejemos los experimentos y vayamos al principio, al primer disco, el que muestra a ese grupo primerizo obsesionado con el blues y el rock and roll que se dedicaba a las versiones y que, poco a poco, comenzó a firmar sus propios temas mediante ese tándem que, al modo de Lennon/McCartney, formaron Jagger y Richards. Y atención, que en 1965 ya estaban grabando ‘(I can’t get no) Satisfaction’. Palabras mayores, porque ahí ya no están asentados en el blues o el R&B como en ‘Heart of stone’ (1964) o ’19th nervous breakdown’ (1965): en ese momento estaban avanzando hacia su nuevo sonido mientras fijaban uno de los riffss más conocidos de la historia del rock and roll. En todo caso, en 1966, y concretamente desde ‘Paint it, black’, el grupo ha cambiado, su concepción formal es rabiosamente original, con unos arreglos en este tema que revelan el nuevo camino que están andando, apoyados, importantísimo, por la brutal base rítmica que aporta Charlie Watts y con ese sitar memorable que introduce Brian Jones. Pero también maravilla escuchar ‘Under my thumb’, de 1966, una canción simplemente perfecta que casi parece una avanzadilla de la modernidad que iluminaría a los Stones en la década de los ochenta: trasladada a esos años y con las características producciones del momento, habría sido un rompepistas infalible. En todo caso, los Rolling Stones de los sesenta van a trompicones: son capaces de lo mejor pero también resultan torpes cuando, en ese mismo 1966, tratan de resolver esa gema de barroquismo pop que es ‘Ruby tuesday’ sin conseguirlo: ahí muestran que no son los Beatles ni tienen a George Martin detrás.

Tras asumir que el compilador ha decidido dejarnos sin la magna ‘Lady Jane’, pasamos al segundo cedé, que cubre los últimos años sesenta y atraviesa los setenta en un viaje sonoro impagable que arranca en 1968 con ‘Jumpin’ Jack Flash’, y su sonido rudo y pesado (con otro riff para la historia). Inmediatamente suena ‘Honky tonk woman’ (1969), canónica de los Stones del periodo, y luego vienen ‘Simpathy for the devil’ (1968) y su letra punzante; ‘You can’t always get what you want’ (gran canción de 1969, con diferentes pasajes y cambios de dinámica), ‘Gimme shelter’ (1969, otro tema que avanza el futuro del propio grupo), ‘Street fighting man’ (grabada en el emblemático 1968 y con Jagger cantando que es la hora de la revolución, aunque un pobre chico no puede hacerla solo…), ‘Wild horses’, ‘She’s a rainbow’, ‘Brown sugar’ (hoy, una canción con esta letra no podría ser publicada), ‘Happy’ (incluida aquí para que se oiga la voz de Richards), ‘Tumbling dice’, ‘Angie’ (una de las grandes baladas Stone), ‘Rocks off’, ‘Doo doo doo doo doo (heartbreaker)’ (de 1973, con los Stones más urbanos, haciéndose eco, en la primera parte de la canción, de una historia real, el asesinato de un chaval por la policía de Nueva York), para acabar con ‘It’s only rock ‘n’ roll’ (1974) y ‘Fool to cry’ (grabada en 1974, se editó en 1976). Todo este segundo cedé es el que se corresponde al periodo más imprescindible del grupo, a la segunda etapa, con Jagger y Richards tomando las riendas. Es el sonido y la imagen que más ha perdurado.

El tercer disco comienza en 1978, con tres temas del poderoso «Some girls», la última obra maestra que firmaron (luego ya solo hubo un par de grandes discos, separados en el tiempo: «Tattoo you», de 1981, y «A bigger bang», de 2005): ‘Miss you’ (los Stones abrazando la música disco con un desparpajo que mata), ‘Respectable’ y ‘Beast of burden’. Desde ahí ya arranca la tercera y última etapa del grupo, en la que se convirtieron en un espectáculo de estadios y que va de los años ochenta hasta la actualidad. Quedan buenos temas como ‘Emotional rescue’ (con el falsete más largo de Jagger en una canción), ‘Start me up’ (el sonido que ha quedado fijado de los Stones en la década de los ochenta), ‘Waiting on a friend’ (balada al viejo estilo, con Jagger, por una vez, buscando un amigo). Pero llegan los momentos más bajos en lo creativo: ‘Undercover of the night’ (funky rock urbano y ochentero, solo por la voz de Jagger parecen los Stones) y ‘She was hot’, pero aquí, el compilador, seguramente consciente de lo duro que se puede hacer este periodo para el oyente, cuela, en la mayor trampa del disco, la estupenda ‘Streets of love’, de «A bigger bang», es decir, salta a 2005. Luego, como si tal cosa, siguen temas de discos como «Dirty work» (1986) o «Steel wheels» (1989), que no están entre lo más logrado del grupo. Se remonta el vuelo con ‘Love is strong’ (de «Voodoo lounge», un buen álbum) y cae en picado con ‘Anybody seen my baby?’ (de «Bridges to babylon», 1997), para encarar la recta final con ‘Don’t stop’ (inédita de 2002, se incluyó en el recopilatorio «Forty liks») y las dos piezas grabadas este mismo año para darle valor añadido a este álbum: la ya comentada ‘Doom and gloom’, que es un tremendo disparo, con los Stones, a sus muchos años, siendo todavía capaces de facturar rock and roll fibroso, con buenos riffs, con el descaro que se les supone y con una letra inspirada por esta suerte de Apocalipsis que vivimos. Por contraste, ‘One more shot’ (2012) desmerece un poco, con cierta reminiscencia en las guitarras a sus propios años sesenta. En todo caso, habría estado muy bien comprobar cómo los Rolling Stones podían desarrollar un álbum entero de temas inéditos en este punto de sus vidas y carrera.

La conclusión final es que «Grrr!» ofrece una buena panorámica, recogiendo lo más brillante o conocido (casi todos estos temas fueron singles) de los cincuenta años de trayectoria de los Stones, mostrando esa impresionante evolución de la que los discos han dejado testimonio y que no ha habido grupo que haya igualado: tal longevidad es bastante inédita. Los Rolling Stones han estado ahí desde que se grababa en mono y en una pista, atravesando décadas, influencias, movimientos, sistemas de grabación. Lo suyo tiene mucho de increíble y de inconcebible, y por supuesto que ha habido periodos en los que los discos se han resentido, tiempos de vacas flacas creativas en los que parecían no saber muy bien hacia dónde iban, justificándose para mantener la maquinaria del directo en marcha, pero ese es también parte del extraño encanto de los Rolling Stones, ese grupo que siempre ha querido ser, precisamente, un grupo. Ellos son así, y los tomas o los dejas. A mí, en todo caso, «Grrr!» me ha abierto el apetito y ahora lo que me apetece es dedicar un tiempo a reescuchar toda su discografía completa, disco a disco y en orden cronológico.

 

 

 

Anterior disco del día: La Bien Querida.

Artículos relacionados