El disco del día: Peter Hammill

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«La obra en solitario de Peter Hammill cobra tal extensión y amplitud que deja casi en mera ‘península’ su tremenda labor al frente de Van Der Graaf Generator»

Peter Hammill
«PNO.GTR.VOX»
FIE!/OJO MÚSICA

 

 

Texto: GERNOT DUDDA.

 

 

A estas alturas, la obra en solitario de Peter Hammill cobra tal extensión y amplitud que deja casi en mera “península” su tremenda labor al frente de Van Der Graaf Generator. Y eso pese también a una reciente reunificación modélica de la que deberían tomar nota otros veteranos litigantes del rock.

En este trabajo que nos ocupa, Hammill se muestra lo más desnudo y cabal que podía, con el único acompañamiento del piano (primer disco) y de la guitarra acústica (segundo disco). Se trata de un “live” grabado en su gira de mayo-julio de 2010 en diferentes ciudades de Inglaterra, Escocia y Japón (Tokio). Más que un “live”, una recopilación de sus diferentes interpretaciones acústicas, divididas acertadamente según la descripción anterior y etiquetadas de la siguiente manera: “y qué si olvidé mi guitarra” (para las de piano del cedé uno), “y qué si olvidé mi piano” (para las de guitarra acústica del cedé dos).

Los que le conocemos sabemos que el ahorro instrumental nunca ha supuesto un atenuante a la hora de transmitir por todo lo alto su intensa fuerza dramática y narrativa, con todos esos cambios dentro de una misma canción. Y no por ello deja de ser menos intrincado o menos lírico que lo habitual.

Curiosamente su voz se mantiene exactamente igual (en todos los aspectos) que hace cuarenta años y basta con acudir a trabajos del primer Generador, como “The least we can do is wave to each other” o “H to he who am the only one” para comprobarlo (no hay mucha gente más de la que se pueda decir lo mismo).

No creo que haya sido casual que Hammill haya elegido aquí precisamente estos instrumentos, que se beneficiaron de una total revolución en sus primeros discos en solitario, allá por principios de los años 70. En cada uno de los diferentes parones del Generador, Hammill aprovechó para desarrollar una técnica muy personal para cada uno de ellos, que les liberaba del cliché propio de la música clásica o del folk. El piano resulta más cromático, es cierto, pero en sus manos la guitarra acústica se convierte en todo un falo impulsor que le transfiere energía, más que un mero acompañamiento estático.

Y no faltan algunos de sus clásicos personales, como ‘Don’t tell me’ o ‘Faculty X’ (al piano), y ‘Ship of fools’ (con acústica). En total, 27 canciones que muestran el orbe fantástico de sus sótanos y vericuetos, tan anegados de soledad y claroscuros, rumbos perdidos y escenarios vacíos. Esas famosas casas sin techo, puertas ni ventanas.

Su música nunca ha sido fácil, eso es cierto, pero quizá lo sea menos ahora que ha ido reduciendo sobre la marcha los hallazgos de los antaño fascinantes logros en materia de producción, que tan bien cimentaban la parte lírica de sus canciones. Aún así, sigue mereciendo mucha, muchísima atención.

Anterior disco del día: The Dahlmanns.

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