El disco del día: Nacho Vegas

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«No hay guitarras distorsionadas. Ni largas letanías. Ni confesiones de yonqui en duermevela. Las canciones se regodean en su propia belleza. Se celebran a sí mismas»

Nacho Vegas
“La zona sucia”
MARXOPHONE


Texto: EDUARDO TÉBAR.


Ahora sí: Nacho Vegas cambia de ciclo. Rompe con Limbo Starr, sello en el que publicó la referencia número uno hace una década. La coyuntura, el mercado y los que entonces atendíamos a las salmodias de “Actos inexplicables” (2001) no somos los mismos. En su evolución, con 36 años y una vida artística que asiste al nacimiento y a la posterior deformación del circuito independiente, el asturiano ha creado un microcosmos literario en el que campa a sus anchas. Un paisaje de metáforas y vicios expresivos que repite en cada disco sin devaluar su sentido ni su profundidad. Sobran a estas alturas las equivalencias con los Dylan, Cohen, Randy Newman o Bill Callahan de allá afuera. Todos ellos, como Carson McCullers y William Saroyan, alimentan el universo vegasiano. Esa caja de pandora que filtra emociones, tempestades sentimentales y pánicos esenciales. El amor perdido, la dependencia, el tiempo que no vuelve.

Terapia de psicoanálisis o manual de autoayuda. “La zona sucia” encaja en la categoría de álbumes sobre relaciones rotas. Vegas resume la historia en la introducción: “Cómo voy a vivir cuando te canses de mí”. No hay guitarras distorsionadas. Ni largas letanías. Ni confesiones de yonqui en duermevela. Las canciones se regodean en su propia belleza. Se celebran a sí mismas. Los coros infantiles –inspiración de Dead Man’s Bones– enfatizan la búsqueda de esperanza. Y Abraham Boba amplía espacios con los teclados para el recreo verbal de un Vegas cada vez más cómodo en el papel de cantautor certero en tres minutos y pico. “La zona sucia” es la respuesta invertida a “Verano fatal” (2007). ‘La gran broma final’ se puede considerar el epílogo de ‘Me he perdido’. Abundan los medios tiempos con estribillos preciosistas (‘Incendios’) y tratamiento acústico (‘Cosas que no hay que contar’). ‘Taberneros’ parte en dos el vinilo; la pieza más larga y una de las composiciones destinadas a entrar en el ya abultado oráculo de piezas básicas del repertorio. El folk local se cuela por momentos, así como una rareza eléctrica, la sinuosa ‘El mercado de sonora’, recreación del zoco mexicano con claves rítmicas de la Einstürzende Neubauten. Nacho Vegas saca las tijeras de podar. Se libera de corsés y caretas. La portada de “La zona sucia” es la primera parte de un tríptico que se completará con material aún inédito. Prometedor y honesto.


Anterior entrega del disco del día: “Your wonderful parade”.

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