El disco del día: Gregory Porter

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«Además de grandísimo intérprete y contar con esa voz que derrite las esquinas, es capaz de escribir y arreglar sus propias canciones, y con un profundo sentido de las letras y la conciencia social»

Gregory Porter
«Be good»
MOTÉMA/KARONTE

 

 

Texto: GERNOT DUDDA.
 

 

Gregory Porter es el mesías. Ese break que todos estábamos esperando en un momento dado del partido. Nos habíamos acostumbrado a que el jazz tuviera momentos brillantes, técnica y musicalmente impecables (éste también los tiene), pero no siempre con el convencimiento de que fueran tan especiales o tan emocionantes. Pues Gregory apunta alto, muy alto. Hacia esa no siempre alcanzable dimensión nocturna de los grandes clubes, donde a las presentaciones vocales siempre se le exigen personalidades apabullantes y andamiajes rítmicos y melódicos a la altura. Y si ya encima eres perito en dotaciones colaterales al soul y al blues, el patio es tuyo.

Y un más difícil todavía: además de grandísimo intérprete y contar con esa voz que derrite las esquinas, ser capaz de escribir y arreglar tus propias canciones, y con un profundo sentido de las letras y la conciencia social. Sí, como Curtis Mayfield, Marvin Gaye o Donny Hathaway. Lo único que desde la esfera del jazz.

En líneas generales, todo esto y más es lo que Gregory Porter logra con su segundo trabajo, que no viene de vacío: su primer álbum, “Water”, tuvo una inesperada nominación Grammy en la categoría de “Mejor Jazz Vocal”, donde no suelen hacerle un hueco a debutantes. Desde entonces, no ha dejado de hacerse escuchar: en el programa de la BBC de Jamie Cullum, en el “Later with Jools Holland”, en el London Jazz Festival, o como invitado de Carole King en su televisivo especial para la BBC.

El álbum nos llega aquí tarde, pero nos llega. Con esa cálida balada homónima del cine clásico llamada ‘Be good’, que por cómo la canta él bien parece un “spin of” de alguna de aquellas maravillas que escribía –y cantaba– Bill Withers (de quien hereda esa indisoluble condición de vocalista y songwriter “todo en uno”). Con ‘On my way to Harlem’ y esa solidísima condición de pieza “uptempo” robusta, sin fisuras; con muy buena sección de metal y solos dignos del “barrio” cuyo nombre toma la canción. O qué decir de la morrisoniana ‘Mother’s song’, capaz por sí sola de hacernos repasar toda la discografía setentera de Van The Man y disfrutarla como nunca.

Producido por el cada vez más ubicuo Brian Bacchus y con Chip Crawford al piano, Aaron James en el bajo, Emanuel Harrold en la batería y Yosuke Sato en el saxo alto. Con Gregory Porter, escuchar es creer.



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