El disco del día: Deer Tick

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«Pocos grupos son capaces de grabar un disco cada año y mantener un buen nivel creativo en cada uno de ellos. Deer Tick es una de esas bandas y lo demuestra con este, su tercer trabajo»

Deer Tick
«The black dirt sessions»
PATISAN/HOUSTON PARTY


Texto: ÀLEX ORÓ.


Pocos grupos son capaces de grabar un disco cada año y mantener un buen nivel creativo en cada uno de ellos. Deer Tick es una de esas bandas y lo demuestra con “The black dirt sessions”, su tercer trabajo aparecido en la recta final del año pasado y que sucede a “War elephant” (2007) y “Born on flag day” (2009). Deer Tick empezó como un proyecto personal de John McCauley III, un músico de 24 años originario de Providence, una ciudad del estado de Rhode Island. No obstante, en este último trabajo Deer Tick ha mutado en banda más o menos estable con músicos como Ian Patrick O’Neil, procedente de Titus Andronicus; Andrew Grant, Cristopher Dale Ryan y Dennis Michael Ryan.

En “The black dirt sessions”, McCauley mantiene su papel de líder y nos ofrece once temas divididos en dos grupos. El primero de ellos es el formado por las composiciones de corte más orgánica, más tranquilas pero con algunos momentos realmente embriagadores. En ‘Goodbye dear friend”, por ejemplo, McCauley, acompañado inicialmente solo por un inquietante piano, canta con una voz rota casi dramática, con un timbre de persona mucho mayor que él, de personaje que ha vivido mucho y se ha castigado más. En ‘Piece by piece and frame by frame”, en cambio, el protagonismo desde los primeros compases es para una guitarra acústica que acompaña a un McCauley que canta tranquilo este tema de bonito y oscuro estribillo. De aires más folkies es ‘Sad Sun’, otro de los temas de corte acústico de este disco. El otro grupo de canciones lo forman piezas de inspiración más rockera, con efluvios Stone y de los Crazy Horse. El primero de ellos es ‘Mange’, con un punto de piano honky tonk, con un aire retro setentero muy disfrutable aunque no estamos ante un disco revivalista, ni mucho menos. El álbum va in crescendo para acabar bien alto con la triste ‘Blood Moon’ y la turbadora ‘Christ Jesus”, un lamento de alguien que busca respuestas y no las encuentra, nada que ver con la tradición del rock cristiano que tanto gusta en algunos ambientes de los Estados Unidos.

Anterior entrega de El disco del día: Zenet.

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