El disco del día: Clyde

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«Como quien no quiere la cosa, Clyde llevan ya diez años de carrera. Se dice pronto, y en estos años el grupo ha desarrollado una carrera exigua en cantidad pero exquisita en belleza»

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Clyde
«La suerte»
DISCOS DE LA BAHÍA

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

 

Como quien no quiere la cosa, Clyde llevan ya diez años de carrera. Se dice pronto, y en estos años el grupo, cuyos miembros parten del Puerto de Santa María –y allí vuelven siempre a grabar en los estudios de Paco Loco–, ha desarrollado una carrera exigua en cantidad pero exquisita en belleza. Un disco en 2003, otro este mismo mes y dos epés intermedios. Ni siquiera se necesitaría un doble para recopilarlo. Y sin embargo, revisado todo, lo que pierden en cantidad lo ganan en cuidado, en el perfecto pulido de las canciones que embriagan y refrescan al mismo tiempo, que poseen –en «La suerte» se integran también antiguos temas– una evolución que parece imposible con solo dos hitos en forma de discos.

Clyde era un grupo de lluvia y nubes, de espacios desiertos, de soledad y mañanas desapacibles que se arreglaban con melodías implacables. Sus letras hablaban de melancolías exquisitas. Aquí, si acaso, continúa ese tono menor, pero injertado con una raíz más estadounidense, guitarras con músculo pero claras, templadas, como ese enredo que consiguen Burgas Beat o Santi Campos. Este es el marco que se despliega al principio en ‘Dibujos’ o en ‘La distancia que nos une’.

Recupera también el grupo alguna canción antigua, recreaciones mejor tomadas, como si les abrieran la ventana, son ‘Contando gotas de lluvia’ o ‘Canción de las sombras’, con algo tan evocador como ese misterio de ‘En cualquier fiesta’, más limpia y con una tensión más eléctrica.

Quizás parte del nuevo encanto del grupo derive de las perfectas introducciones a las canciones y los sugestivos puentes. ‘La suerte’ e ‘Intermediarios’ han desarrollado todo su potencial porque el grupo –lo dicho: diez años desde su antiguo elepé– las ha trabajado con paciencia y con gusto supremo hasta llegar a un tono casi mesiánico en ‘Ríos y montañas’. Así son los nuevos Clyde, no han perdido absolutamente nada de su sello personal en la lentitud, pero lo renuevan, lo cargan de energía sin que deje de ser la música más triste que se hace en el mundo independiente.

Anterior disco del día: Rodrigo Leão.

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