El disco del día: BSO de “The Hobbit: An unexpected journey”, de Howard Shore

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“El trabajo de Shore para estas dos trilogías es, de lejos, lo más espectacular que ha hecho nunca, dos Oscar ganados por ello no son ninguna tontería”

Howard Shore
“The Hobbit: An unexpected journey (BSO)”
DECCA/UNIVERSAL

 

 

Texto: GERNOT DUDDA.

 

 

Dentro de este espíritu continuista y nostálgico que es esta nueva trilogía basada en el relato de Tolkien, de nuevo la música ocupa sin lugar a dudas un papel fundamental. Y sería imposible tener algo que objetarle a una partitura de Howard Shore, a la ejecución de la siempre poderosa y rotunda London Philharmonic Orchestra y a una grabación en los prestigiosos estudios Abbey Road de Londres. Quizá la cumbre a la que puede aspirar cualquier grabación hoy en día y que apenas queda ya al alcance del cine, todavía dispuesto a destinar en ella un sustancioso presupuesto.

Ya en la trilogía de “El Señor de los Anillos”, el canadiense fue muy capaz de elevar la historia aportando con la música el nivel de imaginación y fantasía que requería, dejándose llevar a lomos de los propios avatares que la propia travesía por la Tierra Media deparaba. Para ello ideó un sistema muy práctico de “leit motivs” que aplicaba en función de las situaciones, los lugares, las criaturas, los personajes y las culturas y razas que iban apareciendo. Incluso la explotación de los diversos tópicos que exige el “manual de trabajo” del buen compositor de Hollywood resultó muy oportuna y acertada. Aquí suma y sigue, puesto que muchos de los “leit motiv” sonoros de la anterior trilogía han quedado aquí bien expuestos y hasta aumentados, y aparecen por supuesto otros nuevos.

Los fans de la saga van a disfrutar mucho con las notas interiores que ha escrito Doug Adams, autor del libro “La música de las películas de El Señor de los Anillos”. En ellas hace un puntual seguimiento de los acontecimientos de la película, a través de los instrumentos musicales que intervienen en cada escena, con pormenorizada descripción de movimientos, tonalidad, ritmo, intensidad, etc. Suena aburrido, pero no. Sabe ponerle mucha, muchísima emoción al asunto.

El trabajo de Shore para estas dos trilogías es, de lejos, lo más espectacular que ha hecho nunca –dos Oscar ganados por ello no son ninguna tontería–, y suficiente para reengancharle con creces en el vagón de los Hans Zimmer, Danny Elfman, Thomas Newman y Alexandre Desplat. Todos ellos fieles cumplidores del encargo que Hollywood les encomienda cada vez, pero que al mismo tiempo son también capaces de ir mucho más allá (una cosa no quita la otra).

Como novedad esta vez, mencionar “Song of the Lonely Mountain”, el único tema vocal –una balada pop de ascendiente céltico, reservada en la película a los títulos finales de crédito –, interpretado por nuestro querido Neil Finn (fundador de los siempre emocionantes Split Enz y Crowded House), que parece haberse tomado muy en serio eso de cantar runas. Ya se sabe que con estas trilogías Peter Jackson hace causa nacionalista –todo queda en casa–, así que qué mejor que contar también con el músico neozelandés más conocido fuera de la Tierra Media.

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