El Club de las BSO: “La próxima vez apuntaré al corazón”, una partitura de calidad

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“El tono dramático de “La próxima vez apuntaré al corazón” se torna más melancólico y elegíaco, casi sacramental, en una de las escenas finales de la película, en un bosque, donde la música parece llevarnos a un funeral. Una estupenda muestra de calidad y un nombre al que seguir la pista en el futuro.

 

 

Antes del gran estreno de la última entrega de la saga Star Wars, varios estrenos se agolpan en la taquilla, desde thrillers a comedias pasando por el western. Entre ellos, Fernando Fernández fija la mirada en el trabajo de Gregoire Hetzel.

 

 

Una sección de FERNANDO FERNÁNDEZ.

 

 

El tornado que todo lo arrasa de la nueva película de la saga de “La Guerra de las Galaxias” está a punto de llegar. Los aficionados están a punto de desconectarse de las redes sociales esperando llegar “frescos” al estreno. Y en la taquilla nadie quiere competir con semejante estreno. Por eso la semana antes se estrenan todas las películas pequeñas o que no hemos podido colocar durante el resto del año. Así cubrimos cuota europea o independiente, no nos preocupamos porque en una semana desaparezcan, y nos vamos preparando. Una lástima porque hay títulos interesantes que no llegarán al gran público o que pasaran desapercibidos si no es por la labor que hacemos los críticos (¿quién decía que no valíamos para nada, eh?). Y con las bandas sonoras pasa algo parecido, porque hay música interesante puede pasar completamente desapercibida a los aficionados… y eso aquí en el Club no vamos a permitirlo.

 

“Papá o mamá”, música de Jerome Rebotier

De los estrenos de la semana llegan unos cuantos del país vecino, que puede enorgullecerse de contar con un panorama de la distribución y salas bastante más sano y preparado que el nuestro. Para muestra, el bienestar de la comedia francesa, con varios títulos bien acogidos por el público europeo y fuera de nuestras fronteras, como demuestran los remakes que suelen aparecer de vez en cuando. “Papá o mamá” es una de estas comedias francesas que demuestra lo bien cogido que tienen el pulso a la actualidad a la que saben darle la vuelta. La película de Martin Bourboulon nos trae la clásica historia de matrimonio moderno con hijos, que tras muchos problemas personales deciden poner fin a su relación, pero lo hace con una interesante vuelta de tuerca. En una era en que los “padres helicóptero” abundan por doquier, la película nos presenta a unos padres que reciben la promoción de sus vidas e intentan por todos los medios que sus hijos no los elijan para vivir con ellos por separado.

Una clásica comedia en la que el compositor decide mantener el tono ligero y sin compromiso de la trama con sus notas. Jerome Rebotier es un poco conocido compositor francés, cuya relación profesional con el guionista y productor Matthieu Delaporte es probablemente la razón por la que haya sido el elegido para componer la partitura para la primera película del director. En ella Rebotier aprovecha las cuerdas y los instrumentos de vientos para dibujar unos ritmos ligeros y animados, con un toque moderno y muy activo, con variados cambios de ritmo marcados por una percusión ligera que le proporcionan un aire realmente vivo. La música tiene ese tono vivaz que le viene perfectamente al aire cómico de la historia, pero sabiendo no dejarse llevar hacia los aires más burlescos y consiguiendo mantener una cierta clase que es muy de agradecer. Gracias al dinamismo de la música, la sensación de avance y movimiento continuo de la historia interesante, con el compositor manejando los tiempos y el ritmo según se necesite. Con momentos más tranquilos como ‘L’annonce’ o incluso más dramáticos y tristes como ‘Le divorce’, pero nunca perdiendo ese tono principal. Eso sí, también significa que la música no presenta ningún tipo de variación en su carácter, melodía u orquestación, solamente esos cambios de ritmos a modo jazz, por lo que puede resultar poco llamativa e interesante, aunque su duración es lo suficientemente breve como para no hacerse aburrida.

 

“La próxima vez apuntaré al corazón”, música de Gregoire Hetzel

Este otro estreno francés no podía ser lo más opuesto al anterior: uno de esos thrillers basados en hechos reales que también saben fabricar nuestros vecinos desde los años de auge de el “polar” y Alain Delon. Cedric Anger se encarga de escribir y dirigir esta historia en la que nos trasladan al caso real de un asesino en serie que se dedicó a aterrorizar a la Francia rural matando a mujeres autoestopistas hasta que se descubrió que era uno de los propios gendarmes encargados de su caza. Unvprotagonista amargado y torturado por sus pesadillas internas, encarnado por un estupendo Guillaume Canet, y con un cierto regusto a esos policíacos oscuros y dramáticos de antaño.

En cuanto a la música, el responsable está demostrando contar con una clase y un estilo más que interesantes: Gregoire Hetzel, quien ya había colaborado anteriormente con el director, y con otros títulos como “El árbol”, “Un cuento de Navidad” o “En un patio de París”. Aquí demuestra saber leer perfectamente la necesidad que la historia debe completar con su banda sonora, el drama y la tristeza que invade el interior de la mente de nuestro protagonista. La partitura carga las tintas en el tono dramático desde su comienzo, en una de esas escenas técnicamente impecables con las que el director comienza la película, y que Hetzel acompaña con música, presentando todos los elementos que van a conformar la banda sonora durante casi diez minutos. Con esta demostración de clase y bravura, la música nos introduce en esa mente extraña, poco a poco. Las cuerdas introducen fragmentos de un tema principal que va siendo interrumpido por notas en el piano y otras notas más discordantes, todo reflejo de la lucha de ideas que se produce en su cabeza. Ese tono dramático se torna más melancólico y elegíaco, casi sacramental, en una de las escenas finales de la película, en un bosque, donde la música parece llevarnos a un funeral. Muy apropiado, puesto que estamos asistiendo al final de una era de terror. Una estupenda muestra de calidad y un nombre al que seguir la pista en el futuro.

 

“The salvation”, música de Kasper Winding

El siguiente título, que ha tardado más de un año en estrenarse, es uno de esos westerns dramáticos y modernos que cuenta con un reparto tremendamente interesante, con nombres como Eva Green (“Penny dreadful”), Mads Mikkelsen (“Hannibal”) o Jeffrey Dean Morgan (“Watchmen”). Basándose en el hecho real de los soldados daneses que se marcharon al oeste americano tras la derrota con los alemanes a finales del siglo XIX, somos testigos de una historia de venganza de uno de ellos tras el asesinato de su familia a manos de una banda de forajidos. Un tema clásico, y con una película que sabe mantener los elementos más habituales del género, pero dándole una factura y estilo modernos y actual. Todo manejado por un director que formó parte de ese movimiento realista denominado Dogma 95 y que por fin consiguió cumplir su sueño de amante de los western clásicos.

Para la música ha llamado a su compatriota Kasper Winding, un veterano músico y artista visual (también conocido por ser el primer marido de la modelo y actriz Brigitte Nielsen), que ha entrado recientemente en el mundo de la música cinematográfica fuera de su país, tras varios trabajos en Dinamarca en los tiempos de Dogma 95. La película utiliza una buena colección de tópicos en su historia, y lo mismo hace Winding con su música, sobre todo con la utilización de la guitarra acústica como instrumento solista principal, con la que logra un tono de western casi instantáneamente, con momentos como ‘Towards evil’ o ‘The funeral’. El tono de la banda sonora es muy dramático y clásico con la orquesta, especialmente las cuerdas como color principal. El problema es que la partitura no consigue aportar elementos de emoción en ningún momento, quedando como una música tremendamente fría y que sirve más de telón de fondo a la historia, algo que sucede cuando se torna muy atmosférica y efectista, incluso con aportaciones electrónicas un poco fuera de lugar en ‘The great escape’ o ‘Seven men down’. Con ello la música pierde bastante fuerza e interés, al margen de ser un elemento técnico más que forma parte de la película. Aunque sus temas principales funcionan como elementos típicos de western, otros no aportan demasiado al conjunto, y por supuesto no tiene comparación alguna con los clásicos de Ennio Morricone o los de la época dorada de Hollywood.

 

“Un paseo en el bosque”, música de Nathan Larson

Es la nueva comedia del reaparecido Ken Kwapis, un director que se prodiga poco alternando su trabajo entre cine y televisión, pero que ahora aprovecha para traernos la historia de una “extraña pareja” que debe soportarse porque no les queda otro remedio. Dos viejos amigos deciden embarcarse en recorrer los 3.500 km del sendero de los Apalaches por muy distintas razones. Los interpretan dos pesos pesados del celuloide, Robert Redford y Nick Nolte, con el apoyo de otra estupenda veterana como Emma Thompson en una de esas historias agradables y revitalizantes que se agradecen de vez en cuando.

El responsable de la banda sonora es Nathan Larson, un conocido músico y guitarrista americano, que ha trabajado en una buena cantidad de proyectos independientes como “Prozac nation”, “Boy’s don’t cry” o “Margin call”. El tono de la banda sonora es bastante típico, porque el grueso se la llevan cantantes country como Dwight Yoakam o Lord Huron. Larson se limita a completar el tono musical del viaje con unas melodías en guitarra que aportan ritmo o emoción dependiendo de lo necesario para cada situación. La música es muy apropiada para acompañar las maravillosas vistas de los Apalaches y su cambiante clima, así como los diferentes encuentros y sucesos que van a ir salpicando esta aventura y desafío personal. Y en sus momentos más íntimos aportan ese pequeño toque emocional que la historia y sus protagonistas agradecen.

Con este estreno terminamos, al borde del huracán galáctico que llegará a nuestras pantallas la semana que viene.

 

 

 

 

Anterior entrega de El Club de las BSO: Thomas Newman, impecable en “El puente de los espías”.

 

 

 

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