Diez joyas escondidas de Mikel Erentxun

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En 2017 se cumplen veinticinco años del álbum “Naufragios”, el debut en solitario de Mikel Erentxun. Javier Escorzo repasa la carrera solista del donostiarra alejándose de los temas más conocidos para rastrear algunas de sus gemas.

 

Selección y texto: JAVIER ESCORZO.

 

Sería muy sencillo hacer una lista con los grandes himnos de Mikel Erentxun. Desde aquel lejano ‘A un minuto de ti’ hasta el muy reciente ‘Cicatrices’, han sido muchos los temas que se han incrustado en la memoria de varias generaciones. Esta lista no pretende recopilar esas canciones que todo el mundo conoce, sino poner el foco sobre otras que, por diversas circunstancias, no llegaron al gran público. Algunas no han sonado nunca en la radio ni han sido interpretadas jamás en directo, pero todas ellas son grandes composiciones. Podríamos haber elegido muchas otras, pero esta vez nos hemos detenido en estas. Aquí van diez joyas escondidas de Mikel Erentxun.

 

1. ‘No arranques más flores’ (“Naufragios”, GASA, 1993).
El buen funcionamiento de “Naufragios”, el primer disco en solitario de Mikel Erentxun, fue una sorpresa para todos, empezando por su propio autor. Se había grabado sin demasiadas pretensiones pero, arrastrado por la fuerza de sus singles, acabó convirtiéndose en todo un superventas. Las canciones que lo componían pertenecían a distintas épocas; había temas que habían quedado fuera de los dos últimos discos de Duncan Dhu por motivos estilísticos, así como otros más recientes. Entre estos últimos estaba ‘No arranques más flores’, un elegante medio tiempo cuya letra estaba dedicada a Irene Villa, la niña que quedó mutilada junto a su madre a causa de un salvaje atentado de ETA en 1991. Los temas sociopolíticos no han sido frecuentes en su carrera, pero con esta canción el donostiarra lanzaba su particular alegato contra el terrorismo, en una época y un lugar en los que comprometerse con la paz podía costar muy caro. Posteriormente, volvería a dedicar dos nuevas canciones a esta lacra: ‘Marcos y Nerea’ (“El corredor de la suerte”), y ‘Halcones’ (“Detalle del miedo”). Muchos años después de haber sido editada, gracias a las redes sociales, Mikel e Irene pudieron cruzar unas frases llenas de cariño.

 

 

2. ‘El abrazo del erizo’ (“El abrazo del erizo”, DRO, 1995).
Con el segundo disco de Mikel sucedió justamente lo contrario de lo que había ocurrido con el primero. “El abrazo del erizo” se grabó con mucho presupuesto y, finalmente, las ventas no fueron las esperadas (fue Disco de Oro y se vendieron más de setenta mil ejemplares, una cantidad nada desdeñable, pero todos sus trabajos anteriores habían despachado varios cientos de miles de copias). El álbum suponía un riesgo en su carrera, ya que mostraba una imagen muy diferente de la que había exhibido hasta la fecha. Las guitarras eléctricas eran las protagonistas absolutas, no había teclados y apenas se escuchaban instrumentos acústicos. El sonido era mucho más duro, hermanado con el brit pop de la época. La canción que dio título al disco era una de las que mejor resumía su espíritu: una hermosa y densa maraña de guitarras eléctricas a cargo de Robert Quine (mítico guitarrista de punk rock que había trabajado con Lou Reed, Tom Waits, Brian Eno…) sobre la que Erentxun cantaba una letra marcada por los sentimientos negativos. Fue el cuarto single del disco y llegó a publicarse en formato físico (incluyendo algunos temas en directo), pero pasó desapercibida para el gran público. Sin embargo, se mantuvo durante años en los repertorios de los conciertos, siendo el momento en el que la banda se explayaba a placer (Mikel solía terminarla tocando su guitarra tirado en el suelo).

 

 

3. ‘Acróbatas’ (“Acróbatas”, DRO, 1997).
Aunque “El abrazo del erizo” había supuesto un brusco bajón de ventas, Mikel, lejos de amilanarse y volver a sonidos más convencionales, dobló la apuesta para su siguiente trabajo. “Acróbatas” fue el disco más ambicioso que había grabado hasta la fecha, con algunas canciones que seguían emulando al mejor brit pop, otras que lucían un sorprendente barniz electrónico (con loops y programaciones), temas orquestados… En este caso, también el corte que daba título al disco era el que mejor resumía sus características. Los seis minutos y veinticuatro segundos que duraba ‘Acróbatas’ contenían una primera parte que fusionaba guitarras acústicas con programaciones, para desembocar en una segunda parte más clásica y de indisimulado regusto beatle. La letra, del poeta y pintor donostiarra Jesús María Cormán, exploraba con maestría las inseguridades y los celos en las relaciones de pareja. El último tramo de la canción, puramente instrumental, alcanzaba momentos de gran intensidad, como también sucedió en la versión que grabó en directo diez años después para su disco “Tres noches en el Victoria Eugenia”. Ahí el tema se iba casi a los ocho minutos, de los que casi la última mitad eran instrumentales, con la banda ofreciendo su mejor rendimiento en una auténtica orgía de instrumentos desbocados.

 

 

4. ‘Rara vez’ (“Te dejas ver”, DRO, 2000).
Después de una primera trilogía de marcado acento británico, muy influido por el alt country de artistas como Wilco, Ryan Adams o The Jayhawks, volvió la mirada a la música de raíz americana que, curiosamente, fue la que más le había marcado en sus orígenes como melómano. Cuando llegó el momento de grabar su nuevo disco, Erentxun cambió Londres por California y en sus soleadas costas dio forma a un álbum mucho más cálido y luminoso que sus antecesores. A día de hoy sigue siendo su disco más caro (contando los de Duncan Dhu), y es que no se escatimaron medios para su elaboración. El sonido es lujoso de principio a fin y, entre todas sus canciones, destaca la misteriosa ‘Rara vez’. Concebida como si fuese una road movie, las guitarras se iban engarzando sobre los trotones ritmos de batería. La letra, de Rafa Berrio, era una sucesión de imágenes sugerentes y enigmáticas. Fue el tercer single del disco, aunque, fuera de su círculo de seguidores, no es una de sus canciones más conocidas. Mikel la ha seguido tocando en directo, pero en ninguna de sus posteriores interpretaciones ha conseguido igualar la magia de la versión original.

 

 

5. ‘Seda’ (“Ciudades de paso”, DRO, 2003).
Cuando la industria de la música comenzaba su repentino e inexorable proceso de demolición, la carrera de Mikel Erentxun vivió un inesperado repunte gracias a “Ciudades de paso”. El presupuesto que manejó para dar forma a este disco fue menor que los que había empleado hasta esa fecha. La grabación se llevó a cabo en los estudios Du Manoir, situados en las landas francesas, muy cerca de San Sebastián, donde Duncan Dhu habían registrado “Supernova”. Por primera vez en muchos años, los músicos no fueron reputados instrumentistas extranjeros, sino la banda que le había acompañado durante la gira anterior. La única colaboración de renombre fue la de del productor Joe Blaney (que había trabajado con Ramones, The Clash, Prince o Keith Richards). Todo parecía indicar que sería un disco menor en su carrera, pero el hechizo irresistible de sus singles (especialmente del primero, ‘Mañana’), consiguió que las ventas aumentasen en medio de un panorama absolutamente adverso. “Ciudades de paso” volvía a colocarle en unas coordenadas sonoras más reconocibles, facturando un pop rock acústico en el que las melodías se imponían sobre cualquier otra cosa. A pesar de su buen funcionamiento, hoy en día es uno de los discos menos valorados por su autor, ya que adolece del riesgo que sí tiene el resto de su discografía. Sin embargo, no se puede negar que el nivel compositivo era muy alto en casi todas sus canciones. Sirva como muestra ‘Seda’, el medio tiempo guitarrero y pegadizo con el que el donostiarra abría los conciertos de esta gira. La letra, que como todas las del disco era de Jesús Mari Cormán, estaba inspirada en el libro “Seda”, de Alessandro Baricco.

 

 

6. ‘1977’ (“El corredor de la suerte”, DRO, 2006).
Después de dos discos investigando en los sonidos americanos, grabó su mejor álbum de esta segunda trilogía. “El corredor de la suerte” se registró, de nuevo, en los estudios franceses de Du Manoir. La banda utilizada fue la que le acompañaría en la gira y hubo algunos invitados estelares (Lloyd Cole, Dani Martín, Eva Amaral y Juan Aguirre). Mikel estaba muy seguro de sí mismo y tenía canciones de sobra; de hecho, tenía tantas que llegó a barajar la posibilidad de editar dos discos diferentes, aunque publicados el mismo día: uno más eléctrico y otro más acústico. Finalmente, optó por la opción de que fuese un único disco (doble), que contenía veinte canciones (aunque se grabaron algunas más). Todas compartían una raíz americana, aunque desde ese tronco común iban brotando diferentes ramas (country, folk, rockabilly, rock and roll…). ‘1977’ era una de las más rockeras, contaba con unos coros preciosos de Eva Amaral y debía su título al año en el que Elvis, el gran ídolo de Mikel, murió.

 

 

7. ‘Cuando nos cambió la voz’ (“Detalle del miedo”, Warner, 2010).
En los últimos años sus canciones habían ido dejando de sonar en las radiofórmulas. Tenía otra edad, hacía otro tipo de música y, lo que es más importante, ya no se sentía cómodo defendiendo sus trabajos en los circuitos que había utilizado en el pasado. Sin embargo, llegó un momento en el que creyó necesario dar un golpe de timón más brusco todavía. Grabó un disco en directo (“Tres noches en el Victoria Eugenia”) con el que quiso despedirse de un repertorio y, sobre todo, de una manera de hacer las cosas. Lo anunció como un cambio de ciclo y en su siguiente movimiento confirmó que no bromeaba. “Detalle del miedo” era, sin duda, el disco más arriesgado que había grabado jamás y, también, uno de los más hermosos. Las canciones destacaban por sus majestuosos arreglos de cuerda, obra de Joserra Senperena (arreglista también de La Buena Vida, grupo con el que este disco guardaba muchas conexiones, al igual que con Belle and Sebastian). Era un trabajo reposado y sosegado, para degustar con tranquilidad, paladeando con calma cada detalle y toda su poesía. Si Duncan Dhu fue un “grupo de canciones” (lo mismo que Mikel en sus primeros discos), en esta ocasión era la obra en su conjunto la que prevalecía sobre cada una de sus partes, hasta el punto de que resulte complicado destacar un corte sobre el resto. Ahí estaban ‘El mejor de mis días’, ‘Halcones’, ‘Horizonte vertical’, ‘Éramos dos hielos’… Y ‘Cuando nos cambió la voz’, cuya magnifica letra (obra de Cormán, su letrita habitual, que tocó techo en este disco) describía los años de la transición mejor que muchos documentales. Aunque “oficialmente” se llamaba ‘Cuando nos cambió la voz’ (así es como aparecía en los créditos), Mikel y su entorno siempre se referían a ella como ‘Arconada’, en alusión al mítico portero de la Real Sociedad y de la selección española al que aludía la letra. Ese es el nombre que aparecía en las maquetas del disco y en los repertorios de los conciertos.

 

 

8. ‘Veneno’ (“Electrica PKWY”, Warner, 2012).
En 2012 pudo, por fin, cumplir su viejo sueño de publicar dos discos diferentes el mismo día. Se editó un disco principal, “24 golpes”, registrado en los estudios que Henry Hirsch, situados en una antigua iglesia de Hudson (Nueva York). Se trataba de un homenaje al mejor rock clásico de artistas como Los Beatles o David Bowie; no en vano la grabación se realizó de manera escrupulosamente analógica, utilizando material de época. Erentxun siempre había trabajado así, pero en este momento emprendió una auténtica cruzada contra los sonidos digitales, tan omnipresentes en estos tiempos. Hirsch, que fue coproductor del álbum, afirmaba que ningún disco grabado a partir de 1975 sonaba bien. Paralelamente, quienes compraron “24 golpes” en una conocida cadena de tiendas musicales, consiguieron un segundo disco, ‘Eléctrica PKWY’, que había grabado en su estudio casero y en el que tocaba todos los instrumentos. Nunca llegó a salir a la venta de manera oficial y hoy en día es una pieza muy cotizada en mercados de coleccionismo (por lo que merece una reedición en condiciones, me permito añadir). A pesar de todo, no puede considerarse una obra menor, ya que contiene alguna de sus mejores composiciones, como ‘Veneno’. La historia de esta canción es curiosa: antes de que viese la luz la tocó en algunos conciertos. Quizás fuese por la belleza de su melodía o quizás por la espléndida letra de Rafa Berrio, pero el público la convirtió de inmediato en una de sus favoritas y la pedían antes de que la publicase. Sigue siendo fija en sus repertorios, y eso que no aparece en su discografía “oficial”.

 

 

9. ‘Con el tiempo a favor’ (“Corazones”, Warner, 2015).
En 2013, Mikel sufrió una cardiopatía que le obligó a pasar por quirófano. Durante los días que estuvo convaleciente en el hospital se dedicó a reflexionar sobre el paso del tiempo, su vida, la fragilidad del ser humano, el amor, la muerte… Todos estos temas forman el eje central de su álbum “Corazones”, un trabajo conceptual sobre los sentimientos de un hombre que, repentinamente, se enfrenta al abismo de su propia existencia. Como siempre hace, quiso explorar nuevos territorios musicales y para ello recurrió a Paco Loco, productor insigne del indie nacional. Por sus manos han pasado un sinfín de artistas como Nacho Vegas, Deneuve, Delafé & Las Flores Azules, La Costa Brava, Dr. Explosión, Triángulo de Amor Bizarro, Sr. Chinarro, Copiloto… Juntos dieron forma a un disco verdaderamente sorprendente en el que, además de compartir la producción, se encargaron de tocar todos los instrumentos. Ninguno de los dos era un virtuoso, pero, sin embargo, huyeron de lo simple y buscaron un resultado abigarrado y barroco. El público aceptó con agrado este nuevo giro estilístico, al igual que la crítica especializada que, entre otras cosas, otorgó a “Corazones” una nominación a los Grammy Latinos. Entre los más destacados estaba la optimista ‘Con el tiempo a favor’: musicalmente era de las más clásicas, pero en su sencillez escondía uno de los estribillos más redondos que hubiese escrito Mikel en los últimos años.

 

 

10. “Héroe” (El hombre sin sombra, 2017).
Tan satisfecho había quedado con “Corazones” que no se lo pensó y volvió al Puerto de Santa María, a los estudios de Paco Loco, para registrar su trabajo más reciente. Al igual que en el anterior, ellos serían los únicos instrumentistas. Mikel volvía a firmar las letras de todas las canciones, faceta en la que se iba encontrando cada vez más cómodo. La temática, que volvía a ser conceptual, giraba en este caso alrededor de las relaciones de pareja largas, las discusiones, el desgaste que la rutina provoca en el amor tras la efervescencia de los primeros años y la lucha diaria para que el fuego siga vivo. Esas eran las coincidencias entre los dos trabajos, pero ya se sabe que Mikel Erentxun nunca graba dos discos iguales, y el planteamiento musical fue radicalmente distinto. Si “Corazones” era un álbum cargado de arreglos, visceral y rockero, “El hombre sin sombra” era mucho más sencillo, de sonido acústico y natural. Eso se notaba también en la forma de cantar, en tonos menos forzados (por arriba y por abajo) que los que había utilizado anteriormente. Otra novedad era la presencia de Maika Makovski, que estaba presente en muchos de los temas, aportando un acertado contrapunto femenino a la voz de Erentxun. Por segunda vez consecutiva, el disco volvió a ser nominado a los premios Grammy (se han entregado este mismo mes), lo que confirma el buen momento artístico de su autor, después de más de tres décadas de carrera. ‘Héroe’ es uno de los mejores cortes de “El hombre sin sombra”, una canción que versa sobre el esfuerzo y la ilusión que necesitan las relaciones de larga duración para mantenerse vivas y saludables. Pensándolo bien, lo mismo les sucede a los artistas que, después de haber grabado tantos discos, siguen enfrentándose a cada nuevo trabajo con la pasión de un principiante.

 

 

Bonus track: ‘El club de las horas contadas’ (“Tres noches en el Victoria Eugenia”, Warner, 2008).
“Tres noches en el Victoria Eugenia” fue el disco en directo que cerró el primer ciclo de su carrera. Lo hizo en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, el mismo lugar en el que Duncan Dhu había registrado su único “live”, allá por 1994. Aquellas tres noches hubo invitados ilustres como Rafa Berrio, Iván Ferreiro, Leiva, Enrique Bunbury o Amaia Montero, que salieron a cantar junto a Mikel varias de sus canciones. Sin embargo, la colaboración más especial se produjo por la mañana, con el teatro vacío y a puerta cerrada. Así tuvo lugar el dúo con Diego Vasallo, que por aquel entonces huía de los escenarios, al menos si había público delante. Llevaban casi diez años sin tocar juntos, pero cuando el disco salió a la venta vio la luz esta excelente versión de ‘El club de las horas contadas’, tema originalmente incluido en “Ciudades de paso”; aquí suena más desnuda, sin las cuerdas que la adornaban en el álbum. Solo hay dos guitarras acústicas, un órgano y la voz profunda de Diego recitando la magnífica letra de Jesús Mari Cormán. No hacía falta nada más: algo mágico sucede cada vez que los caminos artísticos de Mikel Erentxun y Diego Vasallo se cruzan.

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