Delicias a 45 RPM: Los Auténticos

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Delicias a 45 RPM:Los Auténticos

Los Auténticos
“La estrella” / “Mi abuelo”
EDIGSA, 1981


Texto: JUAN PUCHADES.



En el mapa sonoro que estamos trazando en esta sección alrededor de las obras esenciales que dejó la Nueva Ola española, es inevitable hacer parada en el primer single de Los Auténticos, la banda de Castellón capitaneada por Miguel Ángel Villanueva en la que le acompañaban su hermano Pedro, Jesús Gimeno y Juan Antonio Morcillo. Un cuarteto que sonaba como los dioses de bien. Sabían empastar voces, sus limpias guitarras tenían vida propia y se manejaban como pocos arreglando y atacando golosinas envenenadas de puro pop –claro, de influencia Beatle y sesentera– alentados por las grandes canciones que firmaba Miguel Ángel, en coautoría con Pedro en las que alumbraron en su primera producción, el single, editado en noviembre de 1981, conteniendo “La estrella” y “Mi abuelo”; canciones que también se recogieron en el LP colectivo Ideas (Edigsa, 1981): cuando el sello barcelonés Edigsa trataba, antes de fenecer completamente, de sumarse al carro de los tiempos fichando a nuevos grupos del pop español.

“La estrella”, con una preciosa introducción con la guitarra, es una de esas canciones perfectas en las que a una melodía inolvidable, una ejecución matemática y unas voces sensacionales (la solista se la intercambian Miguel Ángel y Juan Antonio), se une una inteligente letra que permite la interpretación del oyente: una lineal, en la que se ve pasar una estrella y se formula un deseo, y otra más metafórica en la que la estrella que se busca sería una mujer: “Quiero ver pasar la estrella / que ha de marcar mi rumbo / formularé un deseo más. / Pasa conmigo / esta noche tan especial / tengo mil confidencias / por estrenar”. Puro y sublime pop, de ese que no sabe de tiempo o espacio

Pero si “La estrella” hacía que nos “perdiéramos en su inmensidad”, la canción que sonaba al darle la vuelta al plástico, no se quedaba atrás. Y es que la irónica “Mi abuelo” –menudas guitarras y, de nuevo, juegos de voces– trataba, en principio, la historia de un abuelo que “por amor al arte”, porque “la música le va”, intenta grabar un disco, tener un equipo (que es “un lujo privativo”) para tocar y molar… Pero, en realidad, ese abuelo que “ya va siendo hora de que se lleve su parte”, refleja a todos los grupos que empezaban a tocar en los años 80, sus ilusiones y sus esperanzas, las dificultades para salir adelante: lo intenta un par de veces, porque ya no pierde nada, “no hay ruido si no hay nueces”.

Lo irónico es que Los Auténticos nunca “se llevaron su parte”, y tras un maxi y una canción en un recopilatorio, en 1984 echaron el cierre. Más tarde, Miguel Ángel Villanueva recogería estas canciones y algunas más en una cinta de casete autoeditada (Canciones perdidas, 1985) de mínima tirada y distribuida casi que entre amigos. Precisamente él ha sido quien más reconocimiento posterior ha tenido gracias a experiencias como Los Plomos, Los Brujos o, en los últimos tiempos, grabando en solitario, dejando en toda su obra su impronta como genial artesano del pop. Menos constante ha sido Juan Antonio Morcillo, quien bajo el nombre de Morcillo el Bellaco también ha grabado notables trabajos, más orientados hacia el rock. Alguién debería poner orden en todas las grabaciones de Los Auténticos y editar con ellas el necesario CD.

 

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