“Debajo del puente” (1984), de Ariel Rot

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OPERACIÓN RESCATE

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“Rot andaba escarbando en estéticas sonoras oscuras, intentando modelar un discurso creativo propio con el que definir su identidad solista”

 

Esta semana Juan Puchades rescata “Debajo del puente”, el estreno en solitario de Ariel Rot tras su etapa con Tequila. Un disco reivindicable que lo muestra como un solido compositor y letrista.

 

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Ariel Rot
“Debajo del puente”
ZAFIRO, 1984

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Por contraste con la (falsa) estética glamurosa que Tequila ofrecía en sus portadas, en su estreno en solitario Ariel Rot se retrató en crudo blanco y negro (maravillosa foto de Gorka Dúo disparada en el puerto de Valencia), vestido con estética marinera y subiendo por la pringosa escalerilla de un barco de carga. Como subrayando que estaba a punto de emprender un nuevo viaje musical. Esa portada sensacional (muy probablemente la mejor de su discografía) esconde un disco a la altura. Un elepé que en su día, 1984, pasó bastante desapercibido (pese a que se lanzaron tres singles: ‘Debajo del puente’, ‘Detrás de la puerta’ y ‘Fantasmas’) y pocos entendieron. Quizá porque el peso de Tequila era intenso y el contraste musical considerable, pues Rot andaba escarbando en estéticas sonoras oscuras (el pop gótico era una más de las tendencias que dominaron los primeros años ochenta, aquel tiempo en el que las corrientes y las escenas se iban solapando unas a otras con rapidez vertiginosa), intentando modelar un discurso creativo propio con el que definir su identidad solista. Tratando, a sus 24 años, de dejar atrás el impulso (por momentos candor) de eternos adolescentes que había sido santo y seña de los exitosos Tequila. Quería utilizar la canción como método de expresión personal, reflejando sus inquietudes vitales, a la vez que intentaba algo no muy común en el rock español de entonces (tampoco de ahora): fijar textos de vocación literaria, de evidente ficción; en su caso volcados hacia lo inquietante, influido por sus lecturas de terror.

“Debajo del puente” une esos dos modelos de canción, pero empastan perfectamente porque las más personales también se tiñen de oscuridad, pues su autor, durante la composición, prácticamente vivía encerrado, relativamente aislado y en un pulso constante con sus adicciones en uno de los momentos más intensos de su biografía. De ese modo no podía salir de sus manos una obra precisamente feliz, colorista o simplemente luminosa, y aunque musicalmente se escora cada poco hacia el funk, es más de baile interno que para ser compartido en una pista.

 

Producción británica

Para dar forma a la grabación se fue a Londres con Peter McNamee, que había sido productor de Tequila, con quien había hecho buenas migas y con el que un año antes había producido con una solvencia y profesionalidad aplastantes “Persecución”, el debut de Pistones. Pero en su propio disco las cosas no fueron tan bien, tal vez porque Pistones era un grupo y Ariel un solista armado únicamente de canciones y guitarra eléctrica. Así que la grabación se llevó a cabo con tres músicos de sesión: el español Javier de Juan en las baterías (electrónicas la mayoría, grabadas en Madrid), el inglés Mark Smith en el bajo y el yugoslavo Kornell Kovach con los teclados.

Kovach, bregado en el rock británico, en aquellos días era colaborador habitual de McNamee y posteriormente fue compositor de bandas sonoras y director de orquesta, uno de esos músicos que saben cómo hacer que un teclado suene como una filarmónica. Suyos son los arreglos de todo tipo que se dejan oír en “Debajo del puente”, una obra hija de su tiempo, bien resuelta, pero, ay, ahogada por las cajas de ritmos tan de los años ochenta, siempre situadas demasiado altas en las mezclas finales. Detalle que el oyente que se aproxime de nuevas ha de tener en cuenta. Pero se trata de un elepé fascinante (mucho más guitarrístico de lo que aparenta en una escucha superficial) que avisa de algo que no sabíamos (imposible viniendo de Tequila) y que será uno de los puntos fuertes de Rot, quizá el más destacable: su condición de inmejorable compositor (eso sí lo sabíamos) y cuidadoso, aplicado, imaginativo y sincero letrista.

 

Las canciones

El tema más conocido es el de apertura, ‘Debajo del puente’, un rock denso que es una invitación a bajar al lado oscuro, allí donde suceden cosas y la vida vale poco. Rot lo regrabó en 2013, en el disco “La huesuda”. Le sigue ‘Fantasmas’, destacando el excelente trabajo de guitarra sobre una brillante melodía, con una letra que mostraba ese interés por las narraciones inquietantes que hemos comentado. En ‘Seducción’, se escora hacia el funk mientras habla desde la absoluta introspección de la bestia interior y, probablemente, reflexiona sobre las drogas: “Sientes un escalofrío / un instante de placer”.

 

 

Aunque nunca ha sido regrabado, ‘Peces’ es el otro corte al que Ariel ha parecido tenerle más cariño de los de esta colección, recuperándolo de vez en cuando en directo, sobre todo en acústico. Es una visión sobre lo abrumador del mundo, visto desde dentro de una pecera (el pez chico se come al grande) relatando las dificultades para afrontar la realidad. Es una canción pequeña, casi mínima, como de juguete, sí, pero también toda una hermosura. La primera cara del vinilo se cierra con ‘Los pactos’, una debilidad personal y la composición más redonda de esta decena. Con un ritmo deudor de los Clash, y una base de nuevo funk (con sección de vientos resuelta con los teclados), es todo un canto a las traiciones, aunque el estribillo diga exactamente lo contrario…

 

 

La cara B comienza con ‘Detrás de la puerta’, ambientada con un fantástico clima, elaborado por las capas de Kovach, de cine de terror (¡y una sensacional guitarra acústica cada tanto!), para una letra de Sergio Makaroff adaptándose a la temática misteriosa que buscaba Ariel en temas como ‘Fantasmas’. Es otra de las grandes. La siguiente, ‘El extranjero’, también cuenta con un texto sugerente y sinuoso de Makaroff, sustentado (como en ‘Peces’) sobre una pequeña melodía pop.

Enlazando con las temáticas de ‘Debajo del puente’, ‘Seducción’ y ‘Peces’, ‘Cámara oculta’ es como una pesadilla orwelliana (¿habría leído Ariel “1984”?), una canción en la que regresa el funk, cuenta con amplio despliegue guitarrero y pretende, consiguiéndolo, resultar asfixiante. ‘Dos damas muy serias’ es otro pasaje misterioso, de terror, con letra de Makaroff y melodía casi hipnótica, de nuevo opresiva, pero el recurso de las voces dobladas resulta un poco desastroso y ni el saxo (de teclado) y su ambiente nocturno logran salvarla.

El final clamoroso de ‘Veneno’, con una letra lo bastante diáfana para que sobren explicaciones, es de contagioso funk rock. Otro de esos temas que Ariel debería recuperar, porque la producción no le favorece demasiado. Grabado en otro tiempo y con otra solución sonora habría sido un clásico a la altura de los tequileros. Parecía anunciar que el funk marcaría su siguiente entrega discográfica, “Vértigo”, un año después.

 

 

Anterior entrega de “Operación rescate”: “New York Dolls” (1973), de New York Dolls.

 

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