Dani Martín gana su último combate en el Price

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“Si alguno se atrevió a acercarse ayer por primera vez, se encontró con una banda solvente, un frontman inagotable y un verdadero concierto de rock”

 

En solo nueve días, Dani Martín ha ofrecido cinco conciertos con aforo agotado en el teatro Circo Price de Madrid. Al último directo, ofrecido este sábado 11 de noviembre, acudió Arancha Moreno.

 

Dani Martín
Teatro Circo Price, Madrid
11 de noviembre de 2017

 

Texto: ARANCHA MORENO.
Fotos: J. PEREA.

 

Recuerdan los diarios que Dani Martín agotó, hace casi un año y en solo nueve horas, las entradas para los cinco conciertos consecutivos que ha ofrecido en el Circo Price de Madrid. Un auténtico “tour de force”, o dado el pasado pugilístico de la sala, un combate a cinco asaltos. Al último de ellos podría haber llegado exahusto o con las revoluciones más bajas, pero saltó a la lona dispuesto a pelear cada canción como si fuera la última, demostrando al público que merecía la pena estar allí ocupando sus butacas, aunque no hicieran uso de ellas en ningún momento. Ellos se negaron a sentarse, y él, enérgico desde el primer momento, consiguió que no lo hicieran.

Como a cualquiera que roza demasiado el éxito, a Dani Martín se le mira con cierto recelo. En España no puede uno batirse el cobre sin ganarse también una legión de enemigos o escépticos. El problema de los prejuicios es que se tienen desde fuera, sin asomarse a ver lo que hay dentro. Y si alguno se atrevió a acercarse ayer por primera vez, se encontró con una banda solvente, un “frontman” inagotable y un auténtico concierto de rock. Porque esas son las verdaderas coordenadas de las que bebe el madrileño, aunque suenen algo más suaves en sus discos. El juego queda claro desde que se apagan las luces del teatro circular, donde solo se ven las pequeñas pantallas de unos televisores antiguos con algunas calaveras, y suena su voz en off anunciando lo que viene: la pelea, la lucha, caer y levantarse. Comienza el combate, sí, y lo hace con ‘Las ganas’. Las que le han traído hasta aquí, a él y a su público, entre los que esa noche están también sus padres.

 

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“La canción es tan, tan coreada que resulta imposible imaginar cómo esas letras y melodías nacieron en soledad o la intimidad, porque son del público”

 

‘Nada más que tú’ suena con el mismo brío que la anterior, y ‘Paloma’ deja ver las costuras del vocalista, porque aunque el público cante desde la primera letra hasta la última, y la banda refuerce con su arquitectura cada timbre, cuando nadie toca y solo se escucha la voz de Dani, el concierto sigue igual de arriba. Tiene la música ya en la garganta. ‘Dibujas’, que empieza a piano y voz, deja de ser balada para subirse al mismo carro rockero de las anteriores, todas del reciente “La montaña rusa” (Sony, 2016). ‘Peter Pan’ es la primera en sonar de su etapa en El Canto del Loco’, con una guitarra y un piano más blueseros en algunos momentos. La canción es tan, tan coreada que resulta imposible imaginar cómo esas letras y melodías nacieron en soledad o la intimidad, porque son del público.

 

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“En ‘Que se mueran de envidia’, más balada, luce su voz (también en un a capela final) y esos arreglos casi beatles del álbum que ha grabado en Abbey Road”

 

La melódica ‘París’ puede recordar a los clásicos españoles de los años setenta, una canción de un amor que ya no es tan de ensueño (“Hay serpientes venenosas / y un disfraz que se rompe al vivir”), con la que dos chicas de la primera fila le regalan al cantante un par de rosas. ‘Mi teatro’ es uno de los rescatados del disco anterior, pero el verdadero protagonista de la noche sigue siendo el último, y con él continúa en ‘Pelear’. Martín se niega a dejar que nadie se aburra, y pide tanto las “¡Manos arriba!” que en algún momento sonreímos pensando en que estamos en medio de un atraco. En ‘Que se mueran de envidia’, más balada, luce su voz (también en un a capela final) y esos arreglos casi beatles del álbum que ha grabado en Abbey Road. Siguen las letras combativas y callejeras de su repertorio, en el que cabe como rara excepción un tema de Leiva, ‘Madrid, Madrid, Madrid’. “No me gusta cantar canciones que no haya hecho y sentido yo, pero esta la sentí muy mía”, admite.

‘Beatles & Stones’ termina con los coros de ‘Hey Jude’. ‘Ahora’ muestra unos bonitos pianos que parten la canción en dos, como la misma historia que cuenta. ‘Romperás’ es muy celebrada y los pianos y las percusiones nos van introduciendo en el ambiente de ‘Por las venas’, que acaba casi mariachi, con Martín sentado fugazmente sobre uno de los altavoces. Ese es el momento en el que presenta a la banda, a la que hace protagonista en todo momento: Coki Giménez (baterista), Roberto Lavella (guitarrista), Candy Caramelo (“rock and roll con veneno”, como dice del bajista), Paco Salazar (guitarrista) e Iñaki García (pianista). En medio de todo ello se han tumbado todos en el suelo, han apagado las luces y Dani ha hecho un guiño a ese mundo del revés de la serie “Stranger things”, mencionando a sus protagonistas completamente a oscuras. Las guitarras se han tornado muy Ronaldos y, efectivamente, suena ‘Mucho mejor’, otro código que demuestra de dónde viene Martín, que se ha aferrado a la guitarra (la única vez de todo el directo) para dejarle las voces a sus músicos, que la cantan repartiéndose las estrofas. Desde las gradas, alguien se lanza a gritar “Atleti”, y Martín lo secunda antes de preguntar si quieren más. Y sí, por supuesto que quieren.

 

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“La única que interpreta a piano y voz es ‘Mi lamento’, la dolorosa despedida a su hermana, tan sobrecogedora que merece salirse del guion del rock and roll para cantar desde las entrañas”

 

Y ahí llega un pequeño bloque de canciones de su antigua banda, que inicia con ‘Ya nada volverá a ser como antes’ y ‘Una foto en blanco y negro’, tan cantada por los que la vivieron a tiempo real como por las nuevas generaciones, porque también hay niños —niñas, sobre todo— entre las butacas. Martín habla de alguien que está presente en la sala, con un talento enorme y al que quiere mucho, y su mirada y sus palabras se dirigen a David Otero, antiguo guitarrista de El Canto del Loco, que agradece sonriendo y se señala el brazo como si tuviera la piel de gallina por el gesto. Juntos compusieron la siguiente, ‘La suerte de mi vida’, en un sótano, y parecía premonitoria en lo que iban a vivir: “En mi cabeza había un sueño y se ha hecho realidad”. Así cierra el primer bloque, y desaparece del escenario.

El primer bis es la única que interpreta a piano y voz con Iñaki, ‘Mi lamento’, la dolorosa despedida a su hermana, tan sobrecogedora que merece salirse del guion del rock and roll para cantar desde las entrañas, ligeramente quebrado en las estrofas finales. Como el show debe continuar, lo hace con una ajena, ‘Feel’ de Robbie Williams, que le encaja como un guante, y después vuelve a su montaña rusa con ‘Guerra de pasos’, que suena más pesada y oscura mientras se levanta una marea de brazos por toda la sala.

 

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“‘Me estás atrapando otra vez’ de Los Rodríguez la llevan tan interiorizada que no parece que la estén estrenando en ese momento”

 

Tras más de dos horas de concierto, el segundo y último bis lo iniciarán ‘Cero’ y una sorpresa: “Es la primera vez que la hemos tocado en el escenario, no lo saben ni los técnicos”, anuncia divertido. Se trata del ‘Me estás atrapando otra vez’ de Los Rodríguez, que llevan tan interiorizada que no parece que la estén estrenando en ese momento, aunque nadie mejor que Candy para defenderla, habitual bajista del autor del tema, Ariel Rot. ‘Emocional’ es la antesala del punto final, cuando la sala se llena de carteles idénticos donde se lee “Madrid te quiere”. Parece cosa de la organización, quizá una sorpresa para el propio Dani, porque las instrucciones vienen anotadas en los folios: hay que levantarla cuando suenen ‘Los charcos’. Ese es el punto final de un directo que termina subiendo a una niña –Ariadna– al escenario, disfrazándola con su chaleco y una peluca azul, y saltando con ella desde los altavoces al suelo. ‘One headlight’ de Jakob Dylan sostiene el aplauso emocionado del público a la banda, y Martín, antes de salir, salta brevemente a las gradas. Seguramente le quede energía para un rato más. No combatía con el público, porque ni él ni ellos han quedado K.O., pero está claro que el show habría ganado la partida a más de un escéptico.

 

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