Corriente alterna: De obras menores y mayores

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«Cada disco es un mundo distinto y aunque formen parte de una carrera, hay que entenderlos como capítulos. Uno puede ponerlos en perspectiva, desde luego, pero no negarles su identidad»

 

Juanjo Ordás, a propósito de los dos últimos discos de Tom Petty, reflexiona sobre esa costumbre de funcionar comparando obras recientes con las anteriores.

 

 

Una sección de JUANJO ORDÁS.

 

 

Todavía no he escuchado el nuevo disco de Tom Petty, así que no voy a escribir sobre él, pero sí sobre lo que le rodea. Es decir, todos nosotros. Parece que «Mojo», su anterior obra, no gustó a muchos. Fue un álbum polémico porque a ratos mostraba a un Tom Petty especialmente musculado, algo inédito en su carrera. Nunca le habíamos escuchado canciones de riffs tan nervudos, tan rock setentero, tan duros. Aunque los temas eran buenos y en «Mojo» había mucho más, también sensibilidad y narrativa a lo Petty, sobre historias que ocurren en esa Norteamérica mágica que bien mirada es sinónimo de un mundo universal de coches, vidas dispersas, amores que corren y reflexiones que hacen de la madurez un minuto de iluminación.

Sí, «Mojo» era un gran trabajo y espero que no sea motivo para realzar el nuevo «Hypnotic eye». Ya sabéis, esa costumbre tan fea de la que ninguno nos libramos (ni artistas ni seguidores) de mostrar las virtudes de la obra a vender comparándola con los defectos de la anterior. Cada disco es un mundo distinto y aunque formen parte de una carrera, hay que entenderlos como capítulos. Uno puede ponerlos en perspectiva, desde luego, pero no negarles su identidad. La cantidad de discos que caen en el olvido por seguir a uno superlativo o por ser comparados con cotas de un pasado genial que es muy difícil de superar por motivos que van mucho más allá de la inspiración del autor, como por ejemplo el momento cultural, la época o la edad de sus seguidores por aquel entonces.

Vamos a escuchar «Hypnotic eye» con ganas, olvidándonos de todas esas voces que dicen que Petty recupera energía, porque nunca dejó de sonar vigoroso. Y de paso, echad un vistazo a vuestros discos, tomad esos trabajos menores de vuestros músicos favoritos y volved a escucharlos imaginando que son el debut de una banda nueva. Ya no parecen tan menores, sino que están teniendo la oportunidad que merecen.

Anterior entrega de El ritual mágico de escribir canciones.

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