Cine: “Nunca es demasiado tarde”, de Uberto Pasolini

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“Uberto Pasolini nos cuenta un cuento: nunca es demasiado tarde para refutar ideas tópicas sobre la vida”

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“Nunca es demasiado tarde”
(“Still life”, Uberto Pasolini, 2013)

 

 

Texto: CÉSAR USTARROZ.

 

 

Uberto Pasolini nos cuenta un cuento: nunca es demasiado tarde para refutar ideas tópicas sobre la vida, pues en el corazón de Londres existía un funcionario que amaba su trabajo; con la cabeza bien alta soportaba estoico la insipidez del cargo, enfrascado en la tarea de cremar al desgraciado que se va de este mundo en el anonimato.

Olviden la vocación altruista del multimillonario norteamericano. Para retratar al auténtico filántropo hay que homenajear su desinterés por el reconocimiento. Hay que aislarlo. Un verdadero bienhechor pasa desapercibido, casi tanto que cuesta encontrarlo.

Eddie Marsan es John May. Perfecto en su papel de encontrar allegados o cualquier pariente lejano que haga compañía antes de darnos a los gusanos. John May es el empleado público que buscábamos, el protagonista de “Nunca es demasiado tarde”, la alegoría personificada de una vida anémica con un final que se presagia.

Pero esto importa bien poco, porque el viaje, aunque privado de emociones, se hace ameno. Uberto Pasolini se encarga de construir un guion templado de impresiones y sobresaltos que para nada se ajustarían al carácter del personaje. Y el aparato formal también colabora, congruente en su sencillez, construyendo un ascetismo estético que reduce el número de movimientos de cámara, reincidiendo en planos generales estáticos y composiciones deshabitadas que insisten en el apartamiento. Este desasosiego suele atragantar al personal, así que Uberto Pasolini trata de encontrar cierta comicidad aprovechando el contraste de un sujeto que nada a contracorriente. Lástima que se haya abreviado la cantidad de humor negro.

Hay que hacer un esfuerzo por ser clemente con un final tan lacrimógeno porque lleva tiempo aceptar la separación de una sociedad que va como un pepino. Tan acelerada que se olvida de sus muertos.

Anterior crítica de cine: “Diplomacia”, de Volker Schlöndorff.

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