Cine: “Madre e hijo”, de Calin Peter Netzer

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“Madre e hijo’ nos sitúa frente a nuestra historia de vida porque reactiva la memoria. Y no se engañen, esta Rumanía se lleva el canto de un duro con España”

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“Madre e hijo”
(“Pozitia copilului”, Calin Peter Netzer, 2013)

 

 

Texto: CÉSAR USTARROZ.

 

 

Nos consta a los aficionados a la nigromancia que el acto psicomágico supone una recomendable manera de librarse de la influencia de los padres, de sacudirse los demonios del árbol genealógico. Simular el entierro de uno de los próceres o cubrir de gusanos el lecho donde estos descansan son algunas de las excéntricas terapias que podrían reparar las relaciones paternofiliales mediante el arreglo de un acto destructivo. Les prestaríamos una buena ristra de ocurrencias pero les sugerimos que sigan su instinto, como el propio Jodorowsky aconseja. Desháganse del yugo enfrentándose a la autoridad, empleando todo su talento en el oficio de la sublevación. Y por favor, no se olviden de compartir los resultados en el Foro Español de la Familia.

En “Madre e hijo”, ganadora del Oso de Oro de la Berlinale del 2013, los vínculos afectivos que impone Cornelia (Luminita Gheorghiu) a su hijo Barbu (Bogdan Dumitrache) son tan opresivos como un nudo en la garganta. El predominio del influjo materno ha cincelado desmedidamente la personalidad de Barbu, convirtiéndolo en un mentecato sin carácter, huérfano de resolución para enfrentarse a las vicisitudes de la vida. La crisis no tarda en llegar cuando Barbu arrolla mortalmente a un niño conduciendo temerariamente su flamante Audi. Este suceso calamitoso estira la relación entre Cornelia y Barbu hasta los límites de la elasticidad. El cariño hace tiempo que se transfiguró en obsesión, en perniciosa intromisión.

Si somos capaces de digerir el aparentemente desmandado y disonante estilo visual de Calin Peter Netzer (empresa nada fácil), atraparemos sin duda la gradación de significantes que propone el director rumano con un uso tan turbio del cinematógrafo. Los atolondrados movimientos de cámara, saltos de eje, repentinos reencuadres, la iluminación improvisada… Todas estas decisiones formales ensucian espacios tan realistas como espectrales, en consonancia con la historia, anecdótica si observamos la profunda crítica a una sociedad polarizada por la acusada diferencia de clases, corrupta y descosida por los todos los costados.

“Madre e hijo” nos sitúa frente a nuestra historia de vida porque reactiva la memoria. Y no se engañen, esta Rumanía se lleva el canto de un duro con la España en la que Emilio Aragón nos da la murga hasta por Radio 3. ¡Chechuuu!

Anterior crítica de cine: “Godzilla”, de Gareth Edwards.

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