Candy Caramelo: El gusto por la imperfección

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“Era algo que siempre había pensado como un reto, aprender más de los equipos, los micrófonos, los previos, saber más de cada instrumento y sacar mucho más de mí. A veces acababa enredado de cables, no podía ni levantarme, iba grabando un instrumento, otro, ajustando el previo, colocando un ampli… En este trabajo uno nunca deja de aprender. Y es lo bonito de esto”

 

 

Desde sus comienzos se ha curtido en las giras con los grandes artistas (Andrés Calamaro, Ariel Rot, Miguel Ríos…) y en el estudio lo ha hecho produciendo a otros músicos al tiempo que preparaba sus propias canciones. Ahora Candy publica “El hombre orquesta”, un título perfecto para la ocasión, ya que se ha encargado de grabar cada instrumento de este trabajo. Días antes de su presentación oficial en Madrid (Sala El Sol, 9 de julio), María Martín Consuegra habla con él.

 

 

Texto: MARÍA MARTÍN CONSUEGRA.

 

 

“El hombre orquesta” no solo es el segundo disco en la carrera musical de Candy Caramelo. Es también reto y constatación. Lo primero porque ha permitido que el madrileño –de Chamberí– lleve la experimentación al límite encargándose él mismo de grabar todos los instrumentos que suenan en el álbum; lo segundo, porque es la reafirmación del Candy Caramelo artista, más allá de productor o músico que acompaña a… (póngase en los puntos suspensivos el nombre que quiera. Lista hay para ir tirando: Andrés Calamaro, Tino Casal, Miguel Ríos, Fito y Fitipaldis, Ariel Rot….). Juega a su favor la seriedad con la que ha afrontado siempre su trabajo desde que tenía 14 años, pero también esas pequeñas imperfecciones técnicas que, asegura, “dan vida y expresividad a los discos”. Bajo esas dos premisas, seriedad y expresividad, se ha grabado “El hombre orquesta”. Lo cuenta en esta conversación realizada en su propio estudio de grabación, en el barrio madrileño de Puerta del Ángel.

 

Te tomaste mucho tiempo para sacar tu primer disco en solitario, “Por amar no hay que pagar” (2008). Las canciones nacieron entre gira y gira, ¿cómo ha sido el proceso de creación de “El hombre orquesta”?

Ha sido un poco igual. He tardado más porque en este tiempo he tenido mucho más trabajo. Estuve cinco años girando con Calamaro, produciendo el disco “On the rock”… Me gusta mucho mi trabajo, me involucro mucho, aparte todo lo que hago con Andrés para mí es lo más, y tenía muy poco tiempo. Tampoco tenía pensado hacer un disco que se llamara “El hombre orquesta”, ni tocarlo yo solo. Pero me iba grabando aquí las maquetas, iba tocando la batería, la guitarra, toqué un poco de todo, no es que sea un gran instrumentista pero más o menos me voy defendiendo. Llegó un momento que tenía un montón de canciones y pensé: “¿Para qué voy a llamar ahora a músicos para decirles lo que tienen que tocar?”. Iba a perder un poco esa frescura, ese encanto muy mío, muy sencillo. En el fondo era algo que siempre había pensado como un reto, aprender más de los equipos, los micrófonos, los previos, saber más de cada instrumento y sacar mucho más de mí. A veces acababa enredado de cables, no podía ni levantarme, iba grabando un instrumento, otro, ajustando el previo, colocando un ampli… En este trabajo uno nunca deja de aprender. Y es lo bonito de esto.

 

¿No llegó un momento en el que pensaste por qué te habías metido en este lío?

Sí, sí. Tuve momentos altos, de subidón, de: “Uy, qué bien” y otros de bajón, de: “No sé si voy a poder. Esto es imposible”. De hecho se lo iba poniendo a amigos con los que trabajaba porque tenía muchas dudas y me decían: “Tío, si está genial…”. Ellos mismos me iban apoyando y convenciendo de todo.

 

Insistes en la nota de prensa en huir de los retoques digitales y buscar la espontaneidad y fluidez que eso genera. ¿A la hora de producir los discos a otras personas buscas lo mismo?

También, sí. Siempre voy buscando la manera antigua de grabar. Ahora hay mucha facilidad de retocar, de afinar con el ProTools, pero pienso que para la música que escucho y que hago, lo mejor no es lo perfecto. Tiene que transmitir. Podía haber aprovechado eso para decir: me hago un disco yo solo y lo hago perfecto. Pero no, no. No era la idea. El rock and roll no es para hacer eso, quizá si haces la música de Black Eyes Peas sí es conveniente que sea todo perfecto, pero con el rock no es así. Cuando grabé las baterías hice dos tomas de cada tema y me quedé con la mejor. No corregí nada, de hecho hay fallitos. Pero me da igual, porque pienso que las imperfecciones a la larga tienen mucha vida.

 

Dentro de unos años, cuando escuches las canciones y reconozcas esos “fallitos” seguramente te vendrá a la cabeza el momento justo en el que los estabas grabando y esas dudas que te planteaste de dejarlos o no.

Bueno, nunca dudé en dejarlo. Sé que esas imperfecciones me gustan, me gusta que estén ahí. Cada vez que las escucho en un disco o las descubro me gustan mucho. Me gusta mucho, por ejemplo, descubrir en los discos de los Beatles que llevo escuchando treinta años que de repente la voz se aleja un poco y no está bien grabada… eso me gusta.

 

¿Quiénes te van a acompañar en directo?

Vamos a ser un quinteto de rock. Va a haber un contrabajista, que espero nos pueda acompañar; Toni Jurado a la batería; David Chuches, un pianista joven que es un fichaje maravilloso, y Julián Kanevsky en las guitarras. En principio tenemos el concierto del 9 de julio en la Sala El Sol, y a ver si en septiembre podemos seguir tocando. Están las cosas muy complicadas, pero bueno, tengo muchas ganas.

 

¿Con el primer disco giraste mucho?

Hice cuatro conciertos en Madrid, Zaragoza, Bilbao… pero no pude hacer más. La cosa era muy difícil de mover, yo estaba muy liado… Ahora mismo, por suerte solo lo tengo que compaginar con mi trabajo de producción, lo dirijo yo y puedo variarlo. Además esta vez tengo muchas más ganas de tocar que la primera. Este disco lo que ha hecho ha sido asentar mucho mi papel como artista, creerme más lo que estoy haciendo. Y tener muchas ganas de seguir adelante, sacar otro disco…

 

¿Se puede decir que es como el inicio “real” de la carrera de Candy Caramelo?

Sí, sí. Puede ser. Lo otro fue un poco como hobby, todo el mundo me apretaba y me decía que por qué no sacaba un disco… pero este creo que sirve realmente para asentarme como artista.

 

Hacer rock de los años cincuenta y en castellano, ¿es posible? ¿Es complicado para ti renunciar al inglés a la hora de componer tus canciones?

No, porque el castellano es la lengua en la que hablo. No manejo el inglés tanto como para cantar en inglés y tampoco me lo creería tanto. Sí, es verdad que cuesta un poco hacerlo sonar bien, pero hay que quitarse prejuicios. De hecho mis letras son muy sencillas, hay letras de amor con frases supertípicas. Pero a mí me gusta cantar eso. Y lo más importante no es solo lo que digas, sino cómo lo dices, quitarte esos miedos y darle encanto a todo eso para que suene bien. De hecho las letras del primer rock and roll tampoco eran supercomplicadas, como si fueran de Bob Dylan. Yo lo que quiero transmitir es alegría, buen rollo, no me como mucho la cabeza con las letras. Lo hago en castellano porque es mi idioma y porque me sale natural. A veces uno se pude cortar en decir ciertas cosas, y yo no lo hago.

 

Al hilo de eso, de cortarte o no en decir las cosas, me llama la atención que todo el mundo coincide en definirte como una persona muy tímida. Pero eso no se nota en las canciones. Hablas de amor sin reparo, por ejemplo.

Sí, sí. Pero eso pasa mucho. Igual que al subirte al escenario la timidez se va. Creo que al hacer canciones se me quitan los miedos y la timidez y sale el yo más verdadero. Por eso me dedico a la música, porque es lo que me hace feliz y lo que me da vida.

 

También influyen en tus canciones los lugares en los que estás girando en cada momento, ¿no?

En estos cinco años con Andrés hemos viajado por Estados Unidos, México, Argentina… y vas haciendo canciones en aeropuertos, aviones, cuando estás solo en el hotel… Hay una canción que se llama ‘El gusano del mezcal’ que hice en México, te metes en ese mundo y te sale eso. También hay canciones con expresiones argentinas… Mucha gente piensa que soy argentino, pero no, yo soy de Madrid, de Chamberí. Pero he viajado tanto a Argentina que ya hay expresiones que las siento muy mías.

 

¿Cómo llega a este disco la versión de ‘Felicidad’, de La Cabra Mecánica?

Eso viene porque hace muchos años hice una gira con La Cabra Mecánica, y siempre al tocar esa canción, que es una rumba, yo veía que por la melodía podría encajar muy bien con un rockabilly. Haciendo este disco me vino a la cabeza y de repente me gustó el resultado. Por otro lado me gusta mucho la letra, para mí Lichis es uno de los mejores letristas que tenemos en este país. Habla de la felicidad de una manera muy especial. Eso también viene porque me gusta mucho experimentar y normalmente cojo canciones de los artistas con los que voy y les doy la vuelta para ver cómo quedan, aprender con ellas.

 

¿Crees que con tu estilo dejas huella en los músicos con los que trabajas, o es justamente al revés y son ellos los que dejan huella en ti?

Me gusta esa pregunta (risas). Yo soy cien por cien autodidacta y todo lo que he aprendido es de los músicos con los que he trabajado, de los artistas y los productores que he tenido cerca… es mi escuela de rock. Sí veo recientemente en los artistas que produzco como El Twangero o Isma Romero, u otros con los que estoy trabajando ahora, que les gusta mucho mi manera de sonorizar las cosas o de sacarlas adelante, a veces ellos mismos me dicen: “Esto es muy tú” y eso me llena mucho (risas). Yo aprendo de ellos, ellos de mí… Pero sí, sí, todo lo que he aprendido es de ellos.

 

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 “Ahora todo el mundo puede grabar fácilmente desde casa y falta eso de ir a los locales de ensayo a tocar a volumen, a estar entre amigos, hacer versiones y creerte Nirvana. Y salir del local diciendo: ‘Buahhh, soy lo más’. Así salen canciones”

 

Creo que ibas a incluir una versión de Elvis en el disco pero al final no llegó a tiempo, ¿no?

Sí. No pudimos porque hice una adaptación de la letra y no nos daban el permiso porque estas cosas tardan mucho y hay que esperar… de hecho todavía no han contestado. Entonces decidimos quitar un tema y cuando llegue algún día el permiso, si me lo dan, pues la sacaremos. El tema me encanta, es una versión de ‘I want you, I need you, I love you’, una balada grabada en 1954, pero yo no la hice balada, la hice un poco más rockabilly y me encanta.

 

¿Y cuáles son los procesos que tienes que seguir para que te den permiso?

No lo sé, no tengo ni idea. Lo está haciendo Warner, se ponen en contacto con la editorial y ven si se ha hecho otra versión anterior… Si la hubiese hecho en inglés no habría problema, pero como la he hecho en español creo que ellos tienen que mirar si hay otra anterior, y si la hay te hacen cantar la primera que ellos han dicho que sí. En este caso creo que hay una versión que cantó Cecilia Roth en una peli de Almodóvar, pero nadie encontraba la canción. No sé…

 

Precisamente, el sonido de los coros y de la canción “Un jardín de rosas” es muy Elvis. ¿Qué influencia tiene una figura como Elvis en tu música?

Mucha. Es la música que oía desde muy niño. Siempre me encantó su manera de cantar y lo que me transmitía, cómo sonaban los discos, esa reverberación en la voz. Luego he pasado por todo tipo de estilos, pero a la hora de hacer mi proyecto me tiró eso… Mucha gente pensaba que iba a tirar por el rock argentino, pero no.

 

También tiene ese tinte del rock dulce que dicen que haces. Un rock cálido.

Lo del rock dulce ha salido porque hace poco Miguel Ríos escribió una frase sobre mí y decía eso sobre mí. Me ha gustado mucho, lo voy a llamar “sweet rock” y queda muy bien con Candy Caramelo. Queda muy bien conmigo, no hago rock agresivo ni muy cañero porque en el fondo soy así. Aunque también me gusta el punk y todo esto, pero hago rock dulce. Me gusta ese término.

 

¿Cómo nació el nombre de Candy Caramelo?

Me bautizó Andrés Calamaro hace dieciocho años, la primera vez que trabajé con él cuando sacó el disco “Alta suciedad”. Yo me llamo Candy Abello y a él no le cuadraba mucho y empezó a llamarme Candy Caramelo. Me lo quedé con cariño porque me lo puso él.

 

¿Cómo te iniciaste en el mundo de la música?

A los diez años ya tocaba con mi hermano, en mi casa, él es cuatro años más mayor que yo. A los catorce teníamos un grupo que se llamaba Geni y los Boomergang, de rocakbilly, de versiones de Elvis… Tocábamos en todas las salas de la Movida Madrileña: en el Marquee, en El Sol, Rock-Ola… Recuerdo que como era menor de edad tenían que venir mis padres conmigo para poder entrar y luego irme con ellos. Fui conociendo a muchos músicos y mi primera gira fue con Tino Casal. Por aquel entonces yo tocaba con un baterista, que en paz descanse, que se llamaba Arturo Terriza, y me recomendó la prueba que estaba haciendo Tino Casal. Hice la prueba, me cogió y me vi con diecinueve años tocando con semejante artista y semejante genio. Lo mismo me pasó con Miguel Ríos a los veintiuno… y a partir de ahí ya me fui metiendo en giras. Por suerte no he descansado ningún año. Y porque me tomé muy en serio mi trabajo desde el punto de vista profesional. También de ver a gente que se tomaba muy en serio su trabajo. Me hizo ser muy profesional, muy estricto e intentar hacerlo lo mejor posible. De hecho sigo así porque me gusta mi trabajo y creo que es el camino. Hay que tomarse las cosas en serio, aunque sea música.

 

¿Crees que existe un punto de falta de compromiso en los músicos en España?

Veo que ahora se está perdiendo un poco en las nuevas generaciones que el rock es una manera de expresividad, de pasarlo bien. Ahora todo el mundo puede grabar fácilmente desde casa y falta eso de ir a los locales de ensayo a tocar a volumen, a estar entre amigos, hacer versiones y creerte Nirvana. Y salir del local diciendo: “Buahhh, soy lo más”. Así salen canciones. Hay que tocar más, ahora tocan un poco y ya se pueden grabar una maqueta porque se puede arreglar todo en el ordenador. También echo en falta la creatividad, ahora todo el mundo se copia de los grupos que hay, todo el mundo hace lo mismo. Hay que ir más al local y estar menos en Facebook y en Twitter, que ahora se pierde mucho tiempo en eso. En lugar de estar una hora en Facebook es mejor ponerse a tocar, y si es a volumen y con amigos, mucho mejor.

 

Precisamente, de amigos te has rodeado para hacer este disco, ¿no?

Sí, pero ha sido algo casual. No fui buscando “quiero esta colaboración y la quiero de esta manera”. Lo podría haber hecho, porque tengo muchos amigos y creo que me quieren bastante (risas). Fue como tener una letra medio terminada, ponerle el tema a Andrés Calamaro y en cinco minutos sacó algo. Otro día estar de juerga en mi casa con Andy Chango y él, que es muy genio, sacó una estrofa para el tema. Justo en ese tema, que el estribillo no estaba muy allá, estaba un día trabajando con Ariel Rot y me pregunta: “Oye, ¿qué tal va tu proyecto?”, y le dije: “Pues muy bien, pero tengo un tema que tal…”, le mando la letra y lo acaba él. De Sergio Makaroff también hay otra letra, que en ese momento estaba grabando un disco suyo. Y así surgieron las colaboraciones. No fue nada premeditado y además no me gusta hacer ese tipo de cosas que ahora se hacen mucho. Creo que un disco puede funcionar o no pero no hace falta tirar de artistas amigos para que funcione. Si aparecen bien, pero sin que sea premeditado.

 

¿Ha habido descartes en este disco?

Sí ha habido descartes, claro. He probado un montón de cosas. Hay temas míos que se han quedado fuera, además tengo un montón de versiones. De Jaime Urrutia, de Ariel Rot, de Calamaro… de gente con la que voy trabajando y me gusta. El otro día grabé una versión de ‘Lo siento, Frank’, de Ariel y se la puse. Sabiendo que no es para nada, simplemente por hacerla, por diversión.

 

De la mezcla y el mastering no te encargaste, ¿verdad?

No, porque ya no pude (risas). Llegó un momento que después de tanto trabajo necesitaba que hubiera una visión externa en cuanto al sonido y los retoques. Yo he mezclado algunos discos pero no es que sea mi especialidad. Se lo pasé a José Nortes, que es un gran amigo y gran profesional y ha hecho un resultado increíble. Estoy muy contento.

 

¿Cuáles son tus próximos pasos a partir de ahora?

Estoy terminando la producción de un artista de Málaga que se llama Álex El Zurdo.

 

¿Es el que ha hecho la nota de prensa?

Sí, exacto. Escribe superbien y tiene unas letras impresionantes. Luego estoy también en otra producción de Lino & Los Suricatos, que es un artista de Cáceres muy joven y con mucho que decir. Estamos empezando también a trabajar en las maquetas del segundo disco de Isma Romero, que lo quieren sacar en marzo, pero a mí me gusta ir poco a poco. Me gusta mucho trabajar la preproducción, hacer mil maquetas, tener treinta canciones y luego escoger diez. Estoy con todo eso y haciendo algunos conciertos con Ariel Rot, los que no hace él solo… Y bueno, muy centrado ahora en mi disco.

 

Para finalizar, ¿cuál es la faceta que más te gusta: la de productor, la de músico que acompaña o la de artista solitario?

Ahora mismo tengo todos los frentes abiertos, me gusta. Es mucha presión a veces, pero estoy muy contento con todas. Ahora estoy muy feliz con la mía como artista, eso me hace centrarme más y asegurarme más para poder seguir adelante con las demás facetas.

 

 

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