Canciones salvavidas: abrir en caso de ruptura

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Para levantarse después de la caída sentimental, o para darle un manotazo a la nostalgia y mirar hacia delante. Marta Sanz escoge diez canciones salvavidas, entre ellas de Joaquín Sabina, Los Secretos, Jorge Drexler o Andrés Suárez.

 

Selección y texto: MARTA SANZ.

La música es la perfecta compañera de viaje, el mejor sustituto del silencio, el destino capaz de esquivar cualquier resquicio de realidad que nos atormente. Podemos pasarnos horas escuchando a nuestro artista favorito, o dejar pasar el tiempo en aleatorio en el dispositivo de turno saltando sin pudor de Love of Lesbian a Mocedades. Pero a veces buscamos un tema concreto, una precisa canción, las palabras que sabemos serán el conducto para llevarnos a la emoción que necesitamos, aunque nuestro cuerpo se resista a sentirla. Con solo unos acordes, certera, ‘Voy a pasármelo bien’ de los Hombres G nos saca de fiesta, Tom Jones nos pone sexis, y el ‘Fahrenheit 451’ de Iván Ferreiro nos reconcilia con nuestro lado más antisocial.

Uno de los trances más complicados de vivir son aquellos que nos despojan de una compañía a la que ya nos habíamos acostumbrado. Vamos, cuando nos dejan, o cuando nos toca dejar. En torno a cualquier relación suele haber una banda sonora, la primera canción que se baila, la que se tararea sin querer, o la cinta que se escuchó obsesivamente en una inolvidable escapada de fin de semana. Por eso, cuando se trata de olvidar, el primer paso es fácil: alejar de nuestros oídos cualquiera de esas melodías que compartimos. A continuación te ofrecemos un segundo escalón, no necesariamente el definitivo a la felicidad, pero sí una muleta infalible para recuperar la autoestima.

1. ‘Postdata’, de Joaquín Sabina.

Experto en desamores, los ha cantado desde todas las perspectivas, pero este tan alegre nos llega desde su último disco. La canción es apetecible por los cuatro costados: la letra canallesca, música de Ariel Rot, la imprescindible Olga Román, y un Joaquín Sabina al que podemos imaginar sonriendo mientras canta. Puede escucharse en bucle, hacerte saltar de la cama y abrir todas las ventanas. Y además llega en primavera. Qué más se le puede pedir.

2. ‘Déjame’, de Los Secretos.

De una recién llegada, a un clásico entre los clásicos. Aún hoy, en cualquier bar frecuentado por jóvenes que -¡ay!- no saben quién fue Enrique Urquijo, es coreada, sentida por gargantas que alternan sus estrofas con licores de ocasión. Es como los cuentos populares, suena de generación en generación, y uno de esos temas que encantan tanto a los que veneran a Leonard Cohen como a los que hacen cola tres días para ver de cerca a Justin Bieber. Quién no se ha dado el gustazo de aullar “tuviste una oportunidad, y la dejaste escapar…”.

3. ‘Que te den’, de Amparanoia.

La primera voz femenina del rankin, con todos los méritos contrastados, es la de Amparo Sánchez. Y es que solo el título de la canción ya es media terapia, y tres libros de autoayuda. También es la verbenera por excelencia, así que tiene el añadido de que, generalmente, se acaba cantando en grupo, al aire libre, en verano. Estoy segura de que la canté mil veces pensando en alguien, y sin embargo solo me ha dejado poso de infinita felicidad. Benditas sean las frases contundentes, que nos quitan todo el peso de encima.

4. ‘Lo malo está en el aire’, de Andrés Suárez.

El prospecto de esta canción lleva, además de la misma, una recomendación: grítala, berrea sin decoro su estribillo, masticando la sangre. Perfecta para esas relaciones que dejamos casi a empujones, que rompen del todo. A la primera aún se muerde con rabia, la segunda se puede llorar, a la tercera limpia. Las canciones de amor de Andrés Suárez son maravillosas, pero las que nacen desde el dolor tienen vida propia, laten. Y quizá por ello también sanan.

 

5. ‘Hora de dejarlo atrás’, de Señor Mostaza.

Antes que cualquier canción, si la suerte y la agenda de Luis Prado lo permiten, debo decir que asistir a un concierto del Señor Mostaza es garantía de salir siendo un poquito más feliz. De eso se encargan su sentido del humor, su verborrea y su inmenso talento musical. Si  no fuera posible, para el caso que nos ocupa sin lugar a dudas este es link que debemos pulsar. El objeto de nuestras penurias no es importante en este caso, hasta el instante en el que reconocemos que, por fin, nos da igual.

6. ‘No me importa nada’, de Luz Casal.

Luz Casal es pura elegancia y dignidad, y lo fue, aún más difícil, cuando los peinados ochenteros y las hombreras hacían que todo pareciera superficial. Esta canción le debe mucho a la cadencia de su voz, y al menos otro tanto a los hermanos Varona (Gloria, excelente letrista de fugaz pero brillante carrera, y Pancho, compadre eterno de Sabina). Se adelanta un poco a la ruptura, y nos permite empezar a sentirnos bien cuando el caos es previo pero visible. Hicimos lo que pudimos, y ya está.

7. ‘Soledad’, de Jorge Drexler.

De la paz que nos deja Luz Casal, mejor no saltar al extremo y hacer pausa en Jorge Drexler. El cantautor uruguayo tiene un disco entero que podría ser travesía entre los mundos del desamor y la esperanza, porque con ’12 segundos de oscuridad’ cuenta su historia tantas veces vivida por los demás. Del puñado de canciones hemos elegido un entretiempo, cuando no vemos la luz pero la adivinamos. Soliloquio compartido, belleza inmensa.

8. ‘Siempre que quiera’, de Muchachito Bombo Infierno.

De nuevo otra de esas canciones que se disfrutan mejor compartidas, de las que muchas veces cierran los bares. Guarda quizá un poquito de nostalgia, pero Muchachito la cuenta con tanto arte que acaba convertida en juerga. Y seguramente sea el motivo por el que busques otra barra, embriagado de optimismo y fraternidad. Qué riesgo tan delicioso.

9. ‘Un amor sin estrenar’, de Luis Ramiro.

Luis Ramiro es de esos cantautores que casi todo se lo dedican al amor, o al desamor. En general es de verbo intenso, poesía musicada que pide ser escuchada en la calma de una sala de conciertos a media luz, con una copa de vino y sin susurros molestos. Pero el día que escribió esta canción su energía era pura luz, y eso se nota en el resultado. Un consejo: retira los muebles antes de dar al play. Este amor te invita a bailar.

10. ‘Se acabó’, de María Jiménez.

Tenía que estar. Al menos en nuestro país, es el grito de guerra que suena antes de que todo vuelva a estar en su sitio. Ni siquiera necesita explicación, ni un dolor latente. Siempre hay alguien que se merece escucharla. Por eso siempre es un buen momento para hacerlo.

 

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