Canciones de una noche de verano: ‘Al amanecer’ (1997), de Los Fresones Rebeldes

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“Los vi por primera vez en el Màgic, febrero del 97, y les aseguro a ustedes que prácticamente no he visto en un concierto más comunión con el público, más chorros de trasmisión, más espíritu pop”

 

Casi veinte años después de su confección, el veraniego ‘Al amanecer’ de Los Fresones Rebeldes sigue sin perder un milímetro de frescura. César Prieto nos traslada al origen de la canción, del grupo y a esas primeras veces que escuchó la canción pinchada por Juan de Pablos.

 

Una sección de CÉSAR PRIETO.

 

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Los Fresones Rebeldes
‘Al amanecer’
“Es que no hay manera”
Subterfuge, 1997

 

Apareció de sorpresa, sin esperarla, esa flor humilde que brota en un parterre, esas primeras frutas del verano, ese beso con el que no contabas. Fue Juan de Pablos quien la ponía. Juan de Pablos, de madrugada entonces, con una pequeña brigada de fans en Barcelona que le enviaban sus canciones y que le hicieron durante unos pocos años gastar el puente aéreo. Recuerdo viajes con él al aeropuerto, traerlo yo mismo para pinchar en alguna fiesta, una alegre compañía de seguidores yendo y viniendo de sala de conciertos en sala de conciertos.

Era imperfecta, sí, imperfecta. Por esos años, los grupos independientes que habían surgido a principio de la década empezaban a grabar con cierta pulcritud y difusión y de nuevo volvía a aparecer el amateurismo. Pero todo lo que tenía de imperfecta lo tenía de luminosa, de adictiva, de tierna, de profundamente pasional. Demasiado acelerada, quizás, con cambios de ritmo que parecen sin sentido, con voces que se atropellan, con una letra llena de ripios, pero extrañamente creíble. Debía ser así, cualquier cambio en cualquiera de estas coordenadas hubiera estragado la canción; así, tal como está, para refrescar la sensibilidad y la alegría tanto como un helado la garganta.

Felipe me había comentado que el concierto de Le Mans y La Buena Vida en el BAM del 94 fue como una espoleta que le aguijó para apretar más en la música, había estado en grupos locales como Los Canguros que han sido reivindicados actualmente, pero que en la época nadie conocía y apenas grabaron. Fue un impresionante concierto ese del BAM, aún siento la piel de gallina que me puso Irantzu, luminosa, con la Plaza del Rey a su espalda, cantando ‘En bicicleta’. Quizás entre esa noche y la película “Antes del amanecer” está el germen de la canción. Algo se guardó ahí que salió a la luz una vez que éste contactó con Miguel y que llegó Cristina. En un ensayo informal volvió a aparecer ese algo en forma de melodía, y –contrariamente a lo que suele suceder, primero el grupo, después las canciones– decidieron que Los Fresones Rebeldes existían.

 

 

Yo los vi por primera vez en el Màgic, febrero del 97, y les aseguro a ustedes que prácticamente no he visto en un concierto más comunión con el público, más chorros de trasmisión, más espíritu pop. Es uno de esos momentos irrepetibles que lamentablemente se pierden de inmediato. Nada de pose, lo que había en el escenario era cinco amigos que se divertían y cantaban bonitas canciones. Aún Felipe llevaba la batería y estaban las tres chicas, Inés, Cecilia y Eugenia. Y desde el público se advertía como se iban creciendo más y más y más.

Después ya vi el single de Spicnic expuesto en Castelló. Es la versión buena, no tanto como la del elepé la que recoge esa emoción básica. Y comenzó a distribuirse el álbum de Subterfuge con la versión más trabajada. Y apareció el video –divertidísimo–, rodado en el Parque de Atracciones de Madrid con un revoltoso Zé do Caixão, probablemente derivado del gusto de Miguel por esas figuras de serie B. Nos dieron en total casi un lustro de canciones pimpantes y necesarias y ayudaron en sus inicios a grupos tan maravillosos como TCR, La Casa Azul o Parade.

Y todo ello se gestó en una canción, una canción perfecta para tararear mientras te arreglas en tu primera cita, mientras regresas si ha ido bien, una canción que siempre parece que se esté componiendo en el mismo instante en que la escuchas. La canción más desnuda del mundo y la más emocionante.

 

 

Anterior entrega de Canciones de una noche de verano: ‘Tous les garçons et les filles’ (1962), de Françoise Hardy.

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