“Café society”, de Woody Allen

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CINE

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“Una película de apariencia frágil y belleza serena, discretamente cifrada en la eterna búsqueda de su autor por comprender la anatomía emocional del ser humano”

 

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Café society”
Woody Allen, 2016

 

Texto: JORDI REVERT.

 

Entre los trabajos infravalorados de la última etapa de Woody Allen, “Midnight in Paris” (2012) ocupa un lugar prominente: allí donde su superficie amable la hacía digestiva para el gran público, su discurso atacaba con rotundidad una nostalgia fatalmente instalada en aquella facción del cine de Hollywood que hacía del crowd-pleaser su razón de ser –con películas como “The artist” (Michel Hazanavicius, 2011) a la cabeza–. Aquella fábula parisina también resultaba indicativa del nuevo orden en el que el director neoyorquino venía ya moviéndose desde años atrás. Allen abrazaba, en su segunda o tercera senectud, el gusto por relatos o bien de carácter turístico o bien reducidos a una esencialidad a menudo confundida con lo anecdótico.

“Café society casi podría ser película-síntesis de esa etapa aún en desarrollo. El escenario bien podría ser continuista de la idílica Francia de los años 20 de “Magia a la luz de la luna” (“Magic in the moonlight”, 2014), pero se despoja del carácter de fábula con poso existencialista de aquella. Su personaje principal funciona como eco insatisfecho del Josh Brolin de “Conocerás al hombre de tus sueños” (“You will meet a dark tall stranger”, 2010) –de la que también hereda parte de su amargura–, pero también del propio personaje de Jesse Eisenberg en “A Roma con amor” (“To Rome with love, 2012”). Y en su dualidad entre dos tiempos, dos ciudades y dos estados emocionales recoge el testigo de “Blue Jasmine” (2013). En la equidistancia de todas ellas se encuentra su última obra para enarbolar de nuevo –y matizar– el rechazo frontal a la nostalgia mal entendida de su incursión parisina. En esa conjugación nace una película de apariencia frágil y belleza serena, discretamente cifrada en la eterna búsqueda de su autor por comprender la anatomía emocional del ser humano. La singularidad reside aquí en su ánimo: “Café society” renuncia a ser una comedia pura –aun si no prescinde de arquetipos y mecanismos cómicos del director, caso del secundario interpretado por Corey Stoll– y adopta una melancolía nunca complaciente para hablar del amor perdido y el amor aceptado.

El imperio de vanidad que conforman el Hollywood y la alta sociedad neoyorquina de los años 30 son los marcos del antes y después de un triángulo que acaba cristalizando en la suma del tiempo y la decepción. Jesse Eisenberg es la perfecta imagen de la inocencia vencida. Steve Carell, la desquiciada –y fabulosa− encarnación del poderoso desesperado. Y Kristen Stewart, el amor en su forma más desnuda e inestable. Allen los hace suyos y ellos hacen que la historia, tan esquemática sobre el papel como cautivadora en su ejecución, destape a un autor que aquí se ha convertido en un simple y atento observador de las emociones humanas.

 

 

 

Anterior crítica de cine: “Elvis & Nixon”, de Liza Johnson.

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