Ben Harper: La búsqueda incesante

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 “Este álbum no se reduce a un paso más en mi carrera, supone volver al pasado para recuperar parte de él y así construir algo nuevo”

 

Tras una larga separación, Ben Harper ha vuelto a unirse a su banda, The Innocent Criminals, para enfrentarse a un nuevo disco. Así se ha gestado “Call it what it is”, una mirada al pasado para construir el futuro. Una entrevista de Wilma Lorenzo.

 

 

Texto y foto: WILMA LORENZO.

 

 

Intranquilidad e inconformismo; movimiento y búsqueda. Ben Harper no conoce el significado de zona de confort y aún así entiende que siempre debe huir de ella. Bebiendo de diferentes estilos, explorando variables, jugando con el método. La desidia no tiene lugar en la carrera del norteamericano. En esta ocasión la búsqueda tenía como meta la realidad. La música que se desdobla del alma, la pureza. Para llevar a cabo su cometido reunió a su banda, The Innocent Criminals, después de casi diez años sin trabajar con ellos. “Buscar algo nuevo, pero hacerlo con la familia” era la máxima, rodearse de aquellos que con una mirada le entienden. Poner sus nuevas canciones al servicio de “sus hermanos” y dejar que su propia naturaleza definiera la personalidad de cada canción. Así nació “Call it what it is”, como una incesante búsqueda que tiene su razón de ser en no pretender un resultado determinado.

 

¿“Call it what it is” es un nuevo álbum en la carrera de Ben Harper, o una forma de recuperar algo que una vez dejaste atrás?
Sí. Esa frase tiene mucho sentido: “Recuperar algo que una vez dejé atrás”. Este álbum no se reduce a un paso más en mi carrera, supone volver al pasado para recuperar parte de él y así construir algo nuevo.

 

En este caso hablamos de algo concreto: recuperar a tu banda, The Innocent Criminals. ¿Qué implica mirar al pasado cuando estás tratando de construir el futuro?
Ya… Algo nuevo con algo viejo. No debería tener sentido, pero lo tiene, lo prometo. Es más, cambiaría la frase por algo nuevo con algo familiar, mucho mejor así. No me gusta la palabra viejo. No me explico por qué…o sí (risas).

 

¿Cuándo te diste cuenta de que ellos tenían que volver?
Más que cuándo me di cuenta, yo diría que cuándo no. Es algo que siempre supe. Cuando nos separamos no fue radical, mantuvimos el contacto. Y hace un par de años empezamos a coquetear con la idea de hacer algo juntos, algo grande. Empezamos a organizar cenas y la idea estaba sobre la mesa. Todos habíamos evolucionado por nuestro lado y creíamos que podíamos juntarnos de nuevo.

 

De modo que fue una decisión tomada por todos a la vez.
Sí, así ocurrió. Nos sentamos como una banda que se conoce de muchos años y que nunca ha dejado morir la amistad. Nunca hemos dejado de ser amigos de forma individual, pero fue en estas cenas cuando, como banda, nació esa necesidad. Todos hemos crecido en el buen sentido, y pensamos que era absurdo dejar pasar la oportunidad de descubrir qué salía de la unión de nuestras nuevas personalidades.

 

¿Cuál fue el inicio de este reencuentro? La primera toma de contacto, el primer acorde juntos.
Las dos primeras canciones que tocamos y grabamos no están en el disco, pero la primera que sí está en el disco es ‘Remember when sex was dirty’. Esa fue la primera canción que grabamos y que definió el álbum. Sin ella no habría disco.

 

¿Empezasteis tocando una canción nueva?
Sí. La verdad es que decidí empezar con lo nuevo, con el álbum. No quería que tocáramos absolutamente nada de lo anterior, no se trataba de eso. No se trataba de volver hacia atrás, sino de mirar hacia delante. Por ese motivo desde el primer momento tocamos temas nuevos.

 

Ni siquiera improvisar…
Tampoco. Yo tenía estas canciones, se las mostré y ellos hicieron el resto. Y ‘Remember when sex was dirty’ funcionó a la primera.

 

‘Remember when sex was dirty’ es una canción con mucha fuerza. Una declaración de intenciones escogerla para abrir el disco.
Gracias. Aprecio que lo digas, porque justo quería que ese primer impacto fuera algo novedoso y definitivo, un “aquí estamos” bien grande.

 

Has afirmado que “tocar con The Innocent Criminals es como montar en bici, nunca se olvida”. ¿Sucedió de esa manera?
Sí. Hay mucho de eso en lo que me ocurre con la banda, pero con un matiz. Tocar con ellos es algo que resulta familiar, pero no existe una bicicleta que te dirige a un futuro desconocido, y eso sí pasa con esta banda. Se parece a montar en bici porque somos hermanos que hemos tocado juntos mucho tiempo, pero también tiene algo de montar en skateboard y la libertad que eso supone. Tu puedes saber skateboard a la perfección, pero siempre habrá un truco nuevo que aprender, y sigue siendo la misma tabla. Ese es el motivo por el cual no existe el dicho “es como montar en skateboard” (risas)… porque es imprevisible.

 

Bueno, tú eres un gran fan del skate, ¿no?
Me encanta. Es mi hobby definitivo.

 

¿Qué tiene de significativo o diferente tocar con The Innocent Criminals?
Más que diferencia es el sentimiento que nace con cada uno. Adoro tocar con Charlie Musselwhite, Fistful of Mercy… Me ha encantado tocar con todos los artistas que he tocado. Increíble. Pero sé que como The Innocent Criminals no hay nadie. ¿Sabes cuando estás con alguien en una habitación y no necesitas hablar porque os conocéis lo suficiente? Eso es lo que ocurre con ellos. Y para que la música tenga alma tiene que haber algo de eso.

 

Has afirmado buscabas salir de tu zona de confort, que no querías acomodarte, y para ello recurres a “tu familia”. Parecen dos conceptos opuestos.
Sí, es cierto. Salgo de mi zona de confort, pero con la increíble sensación de estar a salvo constantemente, porque estoy acompañado de mis hermanos. Es como salir a la aventura con tu mejor amigo, no deja de ser aventura. En el arte, si quieres llegar a sitios en los que nunca has estado, tienes que hacer algo que nunca hayas hecho. Así lo hicimos. Juntos, sí, pero yendo a un lugar totalmente nuevo. Exploramos en cuanto al modo de grabar, escribir, colaborar, producir… fue una experiencia completamente nueva a pesar de una banda vieja.

 

El método que habéis llevado a cabo no es el habitual: grabar y desvincularse de lo grabado durante semanas. ¿Cómo fue adentrarse en este nuevo modo de hacer las cosas?
Fue crucial. Cuando eres joven no necesitas ser objetivo, porque eres como una bola que corre a través de las calles intentando atravesarlas todas. Cuando te haces mayor encuentras algo más de gracia en torno a todo aquello que envuelve el arte. Quieres estar seguro de que eres capaz de escuchar lo que estás haciendo y ser objetivo. Cuando eres joven no necesitas casi ni escuchar lo que haces, solo lo haces. Pero ahora sí necesito ganar objetividad, porque así, y solo así, puedo estar seguro de que estoy haciendo lo que quiero hacer. En la grabación estuvimos sin escuchar nada durante dos meses. Nos fuimos del estudio todo ese tiempo, nos pusimos con otras cosas, con ensayos de la gira anterior, y cuando volvimos ya no estábamos implicados en el proceso. Así decidimos lo que era bueno y lo que era malo. Así comprendimos qué estábamos haciendo.

 

No tiene que resultar sencillo grabar algo y separarte de ello dos meses.
Fue un reto no escuchar nada, y lo conseguimos. Esa sensación de frescura fue maravillosa. Sentirnos fuera de la canción aún siendo nuestra, lograr perspectiva. Lograr acercarnos a esa objetividad que buscábamos.

 

Conseguir que una canción propia se sienta como ajena.
Claro. Lo importante era ser capaces de llegar al estudio con la frescura suficiente como para analizar lo que habíamos hecho. Grabar y escuchar una y otra vez las canciones te alejan de tu objetivo. Es muy difícil escuchar de verdad. Se convierte en una obsesión. Volver después del tiempo y dar al play fue una de las sensaciones más grandes que he sentido.

 

De esa sensación se deduce una reflexión. ¿Del álbum como concepto, o del trabajo canción a canción?
Canción a canción, siempre. Veo el disco como un libro con diferentes capítulos. Cada canción es un capítulo que va contando la historia que supone el disco. Espero.

 

Y la historia trata sobre…
Pues…  Bueno, es que la historia puede que vaya de una cosa para mí y de otra muy diferente para ti. Quizá esa sea la historia: que haya diferentes miradas. Pero mi historia va de la evolución de la personalidad a lo largo del tiempo y cómo la esencia sobrevive al cambio.

 

Precisamente de la personalidad de cada uno bebe este álbum, ¿reconoces a cada miembro en una canción?
Hay canciones concretas que pertenecen a miembros concretos. “Remember when sex was dirty’ es Michael Ward; ‘Finding our way’ is absolutamente Mobley; ‘Shine’ y ‘After the storm’ posiblemente sea yo.

 

De modo que este álbum puede ser considerado como una obra común. ¿Crees que es la mejor forma de entender el arte?
Es una obra común al cien por cien. Y no sé si es la mejor forma de hacer arte, no sé siquiera si es la mejor forma de hacer música. Creo que no lo es necesariamente. No para todo artista ni para todo disco, pero sí en un caso puntual. Yo sabía que este álbum tenía que ser algo real, que la realidad es que un disco con The Innocent Criminals es un disco de unión en el que todo el mundo contribuye a la creación. Solo tenía sentido así con ellos, y solo con ellos eso tiene sentido.

 

Aun así, tú siempre has colaborado con otros artistas.
Sí, pero esta vez necesitaba más que eso, más que una colaboración. Necesitaba que cada miembro de la banda contribuyera a construir cada una de las canciones, que fuera algo de todos. Para mí el sentido de volver a reunirnos residía ahí, en crear algo juntos. Confiaba ciegamente en que The Innocent Criminals podían hacer que mis canciones fueran mejores, y así ha sido. Y viceversa: encontré canciones suyas que tuve la oportunidad de mejorar o en las que pude hacer una aportación, como es el caso de ‘Finding our way’, la canción reggae. Lo cierto es que para hacer que este disco sea como es, nos hemos comunicado más como compositores que como músicos.

 

Una suerte llegar a ese punto, y muy complicado encontrar compañeros de viaje.
Mucha suerte, supone un montón de confianza. Y cuando la confianza llega a esos niveles no puedes dejar pasar la oportunidad. No es algo que encuentres tan fácilmente.

 

Lo milagroso es que siga viva a pesar del tiempo. ¿En algún momento te planteaste que eso podía no funcionar?
Sí, totalmente. Y ahí reside el por qué decidí empezar con algo nuevo, para comprobar si seguíamos teniendo la misma sintonía. Habría sido muy sencillo llegar y empezar a tocar ‘Diamonds on the inside’, pero no me habría contado lo que yo quería saber sobre esta banda. La verdad está en el laboratorio, en el estudio, con algo nuevo, como funciona la dinámica personal y de trabajo. Si hubiéramos vuelto al punto en el que lo dejamos cuando rompimos no habría existido reunión. No habría existido este álbum. Había que hacer algo totalmente diferente, porque al final esto fue como un matrimonio fallido, con la diferencia y fortuna de que al ser todo hombres hemos sido capaces de volver (risas). Si no hay sexo de por medio podemos volver juntos. Todos hemos crecido como músicos y como personas: alegrías, tristezas, matrimonios, divorcios… Mucha experiencia acumulada, mucha oscuridad que atravesar… Olvidamos lo que nos destruyó, que esta reunión dure otros diez años.

 

“Siempre he vivido inserto en la diversidad; cultural y musical. Nunca me ha gustado estar muy ligado a un estilo, sentirme supeditado a él”.

 

 

Después del comienzo de la aventura llegó la gira, y con ella el último reencuentro: el escenario. ¿Cómo fue la experiencia?
Fue nuevo. Fue increíble. Canciones antiguas, sensaciones nuevas. Fue la confirmación de que esa era la forma de proceder y no al revés. Muy positivo.

 

Centrándonos en “Call it what it is”, volvemos a encontrar esa mezcla de estilos que tanto te caracteriza y que define tu personalidad. ¿Dirías que hacer converger diferentes estilos es el mejor modo de crear uno propio?
Siempre he vivido inserto en la diversidad; cultural y musical. Nunca me ha gustado estar muy ligado a un estilo, sentirme supeditado a él. Creo que logré llevarlo a cabo y que resulta coherente porque soy un freak.

 

¿Un freak en qué sentido?
En el sentido de que nunca he seguido las modas o tendencias. Mi máxima es: “Si voy a formar parte de la industria musical, la industria musical va a tener que cambiar para mí, porque yo no voy a cambiar para ella”.

 

La canción que da nombre al disco aborda la problemática de la discriminación racial que sigue tan latente en Estados Unidos y de la que nosotros estamos al tanto por casos puntuales que pasan de vuestras calles a nuestro televisor. ¿Cuál es la situación real?
La situación real es que existe una gran distancia entre las autoridades y las relaciones raciales. Siempre ha sido un reto para América, pero ahora más que nunca. Lo que hace que este problema sea cada vez más notorio es la tecnología y cómo cualquiera puede grabar estas situaciones. Ahora estos problemas raciales no quedan reducidos a un lugar, están en el salón de todos a través de nuestro televisor. Lo que toca es hacer que pase de nuestro salón a esos otros lugares en los que toman las decisiones sobre cómo paliar este problema, porque si no hacemos algo pronto desestabilizará el país. Es un punto definitivo que está en plena ebullición. Yo diría que estamos en un punto de inflexión y que en función de cómo reaccionemos iremos hacia un lado u otro. A través del arte, educación, conversaciones, medios… todo el mundo tiene que ser consciente del enorme problema que tenemos.

 

Tú lo reivindicas en tus canciones. Siempre lo has hecho.
Nunca he tenido problema en hacerlo. Más bien, nunca he podido evitarlo. Ni he querido.

 

¿Tiene consecuencias posicionarse política y socialmente?
Hay veces que ves cómo la gente se echa atrás, pero no me preocupan las consecuencias negativas de mostrar mi opinión mientras haya consecuencias positivas que se deriven de ella. Esas son las verdaderas consecuencias, las que importan. No puedes ir por la vida preocupándote por las consecuencias, porque entonces te quedas parado.

 

¿Sin límite?
No creo que el arte entienda de limitaciones más allá del buen gusto (risas). El único límite que puedo afirmar es que nunca defenderé cualquier actitud beligerante.

 

Después de grabar este disco has dicho que no has dejado ninguna piedra sin levantar, pero algo quedará por hacer.
Bueno, estar otros diez años con los Innocent Criminals, eso desde luego. No quiero volver a estar tanto tiempo separado de ellos de ninguna manera. Quiero hacer otro álbum con Charlie Musselwhite, eso será lo siguiente. O un disco instrumental: slide guitar y yo. En Long Island conocí a John Monteleone, que me está haciendo una guitarra increíble. Puede que el disco trate sobre la historia de un luthier y un músico; y de cómo se forjó la creación de la guitarra. Con los Innocent Criminals creo que toca un disco fe puro reggae…. Sí, diría que esas son mis tres metas ahora mismo. Mis tres cosas por hacer. Mis tres piedras por levantar.

 

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