Así rompen las bandas del pop (1)

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Separaciones por las buenas, por las malas, por lógica o por causa de fuerza mayor… Fernando Ballesteros relata algunas de las rupturas más impactantes de las bandas del pop internacional, entre ellas las de Led Zeppelin, Sonic Youth, The Jam o R.E.M.

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

La historia del pop está llena de rupturas zanjadas de las más diversas formas. Civilizadas, tormentosas, amistosas –las menos–, escandalosas… las ha habido de todo tipo. Muchas de ellas, por más que sus protagonistas se tiraran los trastos a la cabeza, terminaron con aquellos volviendo a unir fuerzas pasado el tiempo. Vimos a los Stooges en 2003 y volvieron los New York Dolls, y los MC5, y los Stone Roses, y hasta AXL Rose se ha reunido con varios de los miembros originales de los Guns N’ Roses. Hasta hemos visto en directo a los Sonics, algo que casi ni soñaba.

En definitiva, que al final todos vuelven. ¿Todos? Pues no, lamentablemente, en algunos casos las muertes de miembros fundamentales en las formaciones no nos han permitido comprobar si lo que acabó en divorcio sonado se volvía a unir en los escenarios con el transcurso de los años. Y luego están los otros, los que teniendo ofertas mareantes para volver, se han mantenido firmes en su primera decisión, la de disolver un grupo de forma definitiva. Y es a esos, a los que nunca han vuelto, a los que vamos a dedicar estas líneas. Diez rupturas sonadas y sin marcha atrás.

Comprenderán que dejemos fuera a los Beatles, una vez más fuera de categoría y la madre de todas las rupturas, a los Kinkis porque alguna vez volveremos a ver a los hermanos Davies resucitando al grupo y a Oasis por motivos obvios y derivados del hecho de que leyendo las últimas entrevistas con Liam me parece que es muy probable que a la hora de pulsar la tecla de enviar, los Gallagher ya se hayan reunido, dejándonos el invento obsoleto. Los ingleses, que apuestan a todo, seguro que ya contemplan esta posbilidad en las casas especializadas. Una recomendación de amigo: apuesten fuerte a que vuelven.

 

The Jam
A finales de 1982 The Jam ya eran historia. Apenas cinco años antes habían editado su debut “In the city”, y en la hora del adiós permanecián en lo más alto. Su single “Beat surrender” reinaba en las listas, pero Paul Weller tenía otros planes de futuro. Su siguiente paso iba a ser The Style Council. Con ellos y su incursión en los sonidos soul iba a intentar crear la banda mod definitiva. Pero la crítica no bendijo su intento, y sus fans siguen situando a los Jam e incluso su poterior carrera en solitario muy por encima de los Council.

En todo caso, Paul tuvo desde un primer momento las cosas claras y mucho más futuro que sus compañeros de banda Bruce Foxton y Rick Buckler, quienes nunca volverían a vivir nada remotamente parecido a aquel éxito casi juvenil. Por eso cuando Weller dijo “hasta aquí hemos llegado”, el bajista creyó que el mundo se le venía encima. Tenían pendiente terminar la gira antes de la separación y él ni siquiera se veía capaz de continuar.

A Bruce y a Rick les mataba no saber los motivos por los que Weller tomaba esa decisión, ya que no soltaba prenda. De manera que cuando Style Council fueron ya un hecho, sintieron cierto alivio, ya que les proporcionaba una respuesta. Aquello sonaba muy diferente a los Jam. Definitivamente, Paul había tomado una dirección musical en la que sus compañeros no habrían encajado.

Weller ha tenido una carrera rica en reconocimiento, “The modfather” es una figura clave en la música de las últimas cuatro décadas y jamás ha querido volver a reunir a su primera gran banda. Entre otras cosas, porque sus ex compañeros publicaron “Our story” en 1993, un libro en el que contaban su versión de los hechos. Y en ella, Paul no salía precisamente bien parado. Pero el paso del tiempo cura las heridas, y el mismísimo Bruce Foxton explicó hace un par de años que él y Weller son buenos amigos, aunque ambos sienten que no hay ninguna necesidad de que el trío vuelva a la carretera. Y a pesar de que deja la puerta abierta con un “no digo que nunca pueda suceder”, pueden apostar a que los Jam no regresan.

Thin Lizzy
Thin Lizzy habían cambiado mucho en 1978. El éxito y el reconocimiento les había llegado y habían firmado ya los que iban a ser sus mejores trabajos. Pero las cosas empezaban a derrumbarse en el mundo de Phil Lynnot, el alma de la banda, que dividía sus esfuerzos de composición entre el grupo de su vida y su producción en solitario.

Tras alcanzar la cima, la popularidad fue cayendo a la vez que lo hacía la calidad de sus discos, y finalmente se resintió también la venta de entradas para sus giras. Fue precisamente el hecho de quedarse muy lejos de agotar los tickets de una gira por Gran Bretaña lo que precipitó la separación de los Lizzy.

Empujado también por sus problemas y la factura que le estaban pasando sus excesos, Phil y los chicos anuncian que aquella sería su gira de despedida, la última. Como suele suceder, la noticia redobló el interés en el grupo y en su último disco, tanto que la prensa comenzó a manejar la posibilidad de que aquello solo fuese una argucia para vender más. Eso, a la postre, se convertiría en una trampa para Lynott, ya que el bajista se había arrepentido de anunciar el adiós, pero a la vez sabía que no podía dar marcha atrás porque se interpretaría que habían engañado a su público para agotar las entradas de la gira. Como sostiene Darren Wharton, el último teclista del grupo, se separaron por error. En su opinión, de hecho, aquella fue una idea estúpida de un representante.

Sin marcha atrás, Thin Lizzy terminaron su gira en las islas y pusieron la guinda con tres conciertos en Alemania. A la vuelta, se despidieron en el aeropuerto y allí acabó todo. Y como queda recogido en “Cowboy song”, excelente biografía recién publicada en España, aquello no fue nada épico, sino algo así como: “Bueno, tíos ya nos vemos, adiós”.

El final de Lizzy aceleró el de Lynott, cuyo declive era evidente. El guitarrista Scottt Gorham cuenta que se había bajado del barco años antes para salvar su vida y luchar contra sus adicciones, y que la última vez que fue a casa de Phil su aspecto era lamentable. Por eso cuando le decía que tenían que volver a componer juntos y reunir otra vez el grupo, Scott le miraba con lástima, porque aquello era una quimera. Nada le hubiera gustado más al guitarrista, pero Lynott no estaba en condiciones y daba la impresión de que nunca volvería a estarlo.

El 23 de diciembre del 85 Phil ingresó en el hospital donde murió la madrugada del 4 de enero del 86. Aquel era el final de Thin Lizzy, y aunque su nombre ha aparecido en algunos carteles, todos, incluida Philomena, la madre de Phil, han saludado las puntuales reuniones de viejos amigos como un tributo a la banda. La posibilidad de que los Lizzy volvieran a ser un grupo en activo tal y como lo conocimos murió aquel primer sábado del 86.

R.E.M.
Los REM decidieron poner punto final a su carrera después de quince discos y más de treinta años funcionando como grupo. Lo hicieron sin grandes aspavientos, sin ruido, con elegancia. Un epílogo que rimaba con su carrera.

Es innegable que la noticia sorprendió a muchos cuando se produjo hace ya seis años, y los miembros del grupo tampoco aportaron mucha luz, ya que no ahondaron en los motivos del adiós. Hubo que esperar un tiempo para que en alguna entrevista se explayaran sobre lo ocurrido en 2011. Peter Buck reveló que ocurrió cuando trabajaba junto a Mills y Stipe en el que terminó siendo su último elepé, “Collapse into now”. En aquel momento ya se tomó la decisión, aunque no hubo anuncio oficial.

La escena que contaba no deja de ser curiosa. Todo fluyó de una forma muy natural. Según Buck, Michael les dijo a sus colegas que tenían que comprender que quisiera estar un tiempo largo lejos de la banda, a lo que él mismo respondió: “¿Qué te parece para siempre?” La guinda la puso Mike Mills cuando afirmó: “Suena perfecto para mí”.

Tenían el convencimiento de que habían grabado dos últimos grandes discos. Se iban satisfechos y orgullosos de su obra. Sabían que podían seguir dando a luz trabajos a la altura de su leyenda, pero más fuerte que eso era el hecho de que sentían la necesidad de emprender nuevos caminos. No querían seguir tocando canciones que tenían ya veinte años.

Sobre la posibilidad de volver a reunir a la banda no hay más que seguir a Buck para darse cuenta de que es imposible. Peter odia el negocio y no quiere volver a trabajar con una compañía grande de nuevo. No descarto que en algún momento eche de menos el clamor de estadios llenos, pero cuando tienes la posibilidad de producir grupos, lanzarte en solitario, grabar con tu colega Scott en Minus 5 o Baseball Project y trabajar en multitud de proyectos minoritarios pero excitantes, el gusanillo se tiene que pasar rápido. Su carrera musical sigue estando completa.

Sonic Youth
Hay grupos que parece que siempre van a estar ahí: ni una polémica entre sus miembros, una carrera de éxito gradual, una trayectoria sin altibajos, sólida… y sin embargo un día te sorprenden con la noticia de su separación. Algo parecido a esos matrimonios que se ven perfectos desde fuera hasta que llega el divorcio.

En el caso de Sonic Youth conviven los dos ejemplos. Llevaban tres décadas alegrándonos la vida y dos de sus fundadores, Kim Gordon y Thurston Moore, estaban casados. Cuando su discográfica anunció en 2011 la separación del matrimonio, se dispararon todas las alarmas. ¿Supondría aquello el final de la banda?

La misma nota que anunciaba la noticia, señalaba que el futuro del grupo era incierto, aunque iban a seguir con sus compromisos que incluían una gira por Sudamérica. Y, como nos temíamos, aquella fue el último tour de Sonic Youth. Más tarde, cuando leímos “La chica del grupo”, la autobiografía de Gordon, comprendimos que para ella era imposible seguir compartiendo grupo con Thurston tras todo lo que había sucedido hasta desembocar en el divorcio. Para Gordon fue tremendamente doloroso tocar en aquellas últimas fechas en Brasil, pero hizo de tripas corazón antes de exorcizar todo aquello en forma de libro.

En su autobiografía Kim hablaba de la tercera persona que precipitó el final de su matrimonio y por extensión del grupo y lo hacía de forma elegante refiriéndose a ella como “la otra mujer”. Más tarde Thurston puso nombre a su pareja: se trataba de la editora de libros de arte Eva Printz.

El guitarrista también ha ofrecido en alguna que otra ocasión su versión sobre el final del grupo. Moore sostiene que, harto de que se le culpe de la separación, él estaba dispuesto a seguir con el grupo. Le pueden llamar ingenuo o cínico, le pueden llamar lo que quieran, el caso es que es lo que piensa. Seguramente le falta ponerse en el sitio de Kim. Para ella seguir con la banda no era una posibilidad contemplada.

Led Zeppelin
Todo había ido sobre ruedas para Led Zeppelin hasta 1975. O mejor que eso, surcando el cielo con su flamante Starship. Pero aquel año la cosa empezó a torcerse. Las consecuencias de los excesos y la mala suerte comenzaron a cebarse con ellos. Durante un descanso de su gira, Robert Plant, que había viajado con su familia a la isla de Rodas, sufrió un accidente de coche que casi le cuesta la vida a su esposa. Él también salió malparado y tuvo que hacer frente a una pesada y larga convalecencia que le obligó a abandonar temporalmente los escenarios.

Aquello se queda en nada si lo comparamos con lo que pasó dos años más tarde. Su hijo mayor murió por culpa de una infección estomacal mientras los Zeppelin giraban presentando su álbum “Pressence”. La gira fue cancelada y el vocalista cayó en una profunda depresión que a punto estuvo de echar por la borda la carrera del grupo.

No era el único que pasaba por un mal momento: Jimmy Page y John Bonham tenían serios problemas con las drogas y eso tampoco ayudaba. El futuro no pintaba nada bien y la puntilla estaba aún por llegar. Fue el 24 de septiembre de 1980 cuando Bonham falleció tras una ingesta de alcohol mortal. Esta vez sí, Led Zeppelin habían terminado.

Jimmy Page, que es amigo de hablar sin cortapisas sobre los detalles de la historia del grupo, siempre ha dejado claro que la muerte de John suponía el final definitivo. Sin él, simplemente, no podían seguir. Fue una decisión unánime. Aquella maquinaria no era una empresa, como el propio guitarrista ha dicho en más de una ocasión, era un grupo en el que todos ponían el alma y la falta de uno de sus miembros hacía imposible la continuidad. Seguir no hubiera sido honesto.

Los miembros de Led Zeppelin han tocado juntos, no tienen problemas en compartir escenario, pero aquel nombre es sagrado. En alguna ocasión se trató la posibilidad de hacer la vuelta realidad, pero esta estuvo muy lejos de producirse. Salvo en 2007, cuando Jason iba a ocupar el puesto de su padre. De alguna manera, sentían que el espíritu de John iba a estar allí una vez más. Pero ni aún así.

El propio Jason lo explicaba tiempo después: no se trataba de que él no estuviera preparado, Robert Plant no podía resucitar el grupo sin su padre. Le echaba de menos todos los días, y ni siquiera la presencia de John podía revivir aquella magia de los buenos tiempos. Sin Bonham no hay Led Zeppelin.

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