“American psycho” (2000), de Mary Harron

Autor:

EL CINE QUE HAY QUE VER

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“Este es uno de esos filmes censurados sin sentido, que, una vez se consigue superar este comentario infundado a su misoginia y violencia, nos ofrece una aguda e inteligente puesta en forma de un universo: el de Wall Street”

 

Elisa Hernández rebobina dieciséis años para encontrarse con “American psycho”, la película que dirigió Mary Harron basándose en la novela homónima de Bret Easton Ellis. Una película censurada por su uso de la violencia cuyas lecturas van mucho más allá de la superficie.

 

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“American psycho”
Mary Harron, 2000

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

 

“American Psycho” adapta la polémica novela del mismo título del escritor norteamericano Bret Easton Ellis, publicada en 1991. A raíz de las propias controversias generadas por la violencia, el sexo y la misoginia descritas en el libro (cuya venta, de hecho, aún hoy está limitada en algunos lugares del mundo), la puesta en marcha de la película fue larga y complicada, pasando por muchas manos hasta finalmente ser financiada por la compañía canadiense Lionsgate, con una adaptación a guion de la novela realizada por dos mujeres, la actriz Guinevere Turner y la propia directora Mary Harron, y con Christian Bale como protagonista.

 

 

En el filme, Patrick Bateman es un alto ejecutivo de Wall Street de día y un demente asesino en serie de noche. Preocupado simplemente por las apariencias y por su alto nivel de vida hasta un punto obsesivo, intenta controlar sus violentos instintos, tratando de mantener el equilibrio entre sus dos existencias a pesar de que su psicopatía parece controlarle cada vez más. Christian Bale, sometido a una de esas transformaciones físicas que tanto han caracterizado su carrera, encarna al complejo personaje a la perfección, alcanzando un equilibrio (o desequilibrio, según convenga) entre una pausada y trabajada belleza y una despiadada y sucia perversión.

Una de las mayores críticas que se le ha hecho a la película desde su estreno es la banalización que hace de la violencia. Sin embargo, las escenas de asesinato no resultan en exceso crudas, aunque sí tienen un estilo minimalista y cuidado que puede hacer pensar en una cierta estetización de los actos de Patrick Bateman. En todo caso, quedarse en este nivel resulta en una lectura simplista del filme, dado que este mismo minimalismo, como una extraña pulcritud que esconde un horroroso vacío, está presente en absolutamente todos los escenarios y personajes. La película, pues, haciendo uso de un humor muy negro e irónico, insiste deliberadamente en la superficialidad, lo plástico y estético, por oposición a cualquier tipo de sentimiento, relación personal o empatía, actitud que vemos no sólo en Patrick sino en todo aquello que le rodea. La estetización de la violencia no es más que una herramienta en esta misma dirección. Es el medio, no el fin.

 

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A pesar de que el propio Bret Easton Ellis ha reconocido que el origen del texto de la novela es en realidad un oscuro momento personal, no son pocas las ocasiones en que tanto la obra original como su adaptación cinematográfica han sido presentadas como un ácido comentario crítico al funcionamiento de las altas finanzas. En oposición a otras películas que, de un modo más “naturalista”, han intentado acercarse a este fascinante universo tan abstracto que casi parece paralelo (desde la “Wall Street” de Oliver Stone hasta la más reciente “Margin call” de J.C. Chandor, pasando por gran cantidad de interesantes documentales como “Inside job”), “American psycho” hace uso de una metáfora como hilo conductor del filme, presentándonos a su protagonista como el perfecto alter ego del propio funcionamiento del sistema financiero en sí. Patrick Bateman busca su propia satisfacción sin importarle cómo, no parece tener ninguna preocupación por las consecuencias de sus actos, vive en un mundo propio completamente alejado de la realidad y finalmente resulta impune.

Este es uno de esos filmes censurados sin sentido, que, una vez se consigue superar este comentario infundado a su misoginia y violencia (que están ahí como recurso estético-narrativo con un fin muy alejado de su apología), nos ofrece una aguda e inteligente puesta en forma de un universo, el de Wall Street, que si por algo se caracteriza es por la dificultad de comprensión y representación. Por algo, a pesar de las críticas recibidas, “American psycho” se ha convertido en los dieciséis años transcurridos desde su estreno en todo un clásico del cine de culto.

 

 

Anterior entrega de “El cine que hay que ver”: “Donde viven los monstruos” (2009), de Spike Jonze.

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