Los Secretos: Por el bulevar de los sueños cumplidos

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«Las canciones son las que atraviesan las fronteras de generaciones, por muy guapo que quieras ser, muy alto, muy chulo o muy buena pose que quieras aparentar»

No están de vuelta, porque nunca se han ido. Son Los Secretos, la banda más longeva de la generación de los 80. En su nuevo disco, «En este mundo raro», siguen fieles a su identidad, a su santo y seña. Chema Domínguez ha conversado con ellos.

 

 

Texto: CHEMA DOMÍNGUEZ.

 

 

En activo de forma ininterrumpida, son uno de los pocos ejemplos claros en activo de nuestra querida Movida, que no fue solo madrileña y sus ideas no solo deben servir para citar una década: La Pepa o el Rock’n’Roll son tesoros ideológicos iguales que nuestra Movida, más grandes cuanto más tiempo pasa. Después de esta pequeña proclama, quiero subrayar que es un placer asistir a una nueva entrega de Los Secretos. «En este mundo raro» contiene trece nuevas canciones e inéditas ambiciones, como dar el paso definitivo para instalarse en México o hacer historia el próximo diciembre en el Teatro Real. Álvaro Urquijo, Ramón Arroyo y Jesús Redondo avivan la emoción de una trayectoria imprescindible. Charlando con ellos en una terraza, y tras observar cómo la gente les mira y saluda en cuanto rompen su vergüenza de «voy o no voy», pienso en que la fama sirve de algo si va unida a unos currantes con mucho talento detrás. En este caso, se llaman Los Secretos.

La fama es efímera pero para vosotros no, ¿cómo se lleva?
Álvaro: Bien, la gente es muy respetuosa. Supongo que en un grado mayor y si te desvinculan de tu actividad es distinto. Pero siempre que se ha acercado alguien ha sido con todo respeto y amabilidad, y siempre referente a la música. Eso nunca molesta. Cuando no es así y toma otro cariz, no puedo decirte. En nuestro caso es un lujo bien llevado, porque realmente se nos ha querido mucho.
Ramón: Somos conocidos, no famosos. Después de tocar en Galicia tomando una copa viene algún paisano, «muy bien el concierto», y se va. Para Álvaro es más difícil, según qué situación.
Álvaro: A veces quieren hacerse una foto contigo, y si vas queriendo tomar una copa… No puedes atender a todo el mundo. Al salir un poquito más en los medios pasa esto, pero lo llevo bien. Nos hablan de momentos de su vida relacionadas con nuestras canciones. Eso es más importante que la popularidad mediática que podamos tener.

Efectivamente, en la composición de los temas es el disco más de grupo, y destaca la presencia de Chema Vargas, ¿cuál ha sido el proceso de selección?
Jesús: Tenía algunas canciones preparadas antesde de que Álvaro estuviera recuperado debido a la lesión que sufrió. La primera que hice con Chema [Vargas] fue ‘Trenes perdidos’, la letra me encantó. Se me hizo fácil proponerle a Chema seguir trabajando y al grupo pues también. Pensamos que las letras de Chema van muy en consonancia con nuestro estilo.
Álvaro: Con Chema habíamos trabajado, habíamos coincidido porque su primer disco lo grabó en el estudio de Santi, nuestro batería, y por esa relación metí guitarras en su disco, Ramón la mandolina, Jesús los teclados… Todos hicimos alguna cosita por la afinidad. Y cuando algo mola, mola colaborar. Ahí vimos su talento. La pena es que gente como Chema no esté en un espacio musical propio, que no sea simplemente colaborando con Los Secretos.
Jesús: De hecho tiene el último disco guardado. Tal y como están las cosas sacar un disco por tu cuenta propia puedes hasta perder dinero. De alguna forma, el talento guardado sale con nuestro disco.
Ramón: Se nos da mejor también hacer las músicas que las letras. Antiguamente había famosas pareja de compositores que a veces eran tres, como Quintero, León y Quiroga. Siempre me preguntaba qué hará el tercero, porque uno era músico y otro letrista, y el tercero era una incógnita [risas].
Álvaro: Como comentario te diré que en Los Secretos siempre ha habido variedad en las tareas de composición. Desde que estaba Canito y no éramos Los Secretos todavía, Canito cantaba, componía, yo hacía coros y cantaba alguna canción, pero estando Canito y Enrique cantaban ellos; y componíamos tres. Cuando Canito no está fichamos a Pedro, porque aparte de tocar la batería muy bien, cantaba, hacía coros y componía también. Que hubiera siempre más de una persona que compusiera nos parecía muy interesante a Enrique y a mí; porque si componía solo uno podía ser muy aburrido. De hecho, llegó un momento en que mi hermano Enrique no solo esperaba que yo hiciera canciones y pusiéramos en común música y letra o fueran mías directamente, sino que buscó canciones de otros, como es el caso de Mamá o Los Bólidos. Luego, para su proyecto en solitario rescató canciones de todo el mundo. El afán de coger influencias de fuera y potenciarlas con el «sistema Secretos», por así decirlo, no es algo de ahora, siempre ha estado desde nuestros más tiernos comienzos. La primera vez que entramos en un estudio, de cuatro canciones hicimos una versión [‘Sobre un vidrio mojado’]. Nunca hemos sido un bloque cerrado. Todo lo contrario. Mientras me guste una canción y creo que hablo por todos, tiramos pa’lante.

Citáis a Mamá, coincidís en fechas de lanzamiento con vuestros nuevos álbumes, José María Granados ha compuesto con Álvaro ‘Quererte por querer’, y se pueden enumerar muchos más vasos comunicantes… Imagino que la relación es excelente.
Álvaro: No he tenido ocasión de escuchar lo nuevo pero estará fenomenal, el anterior [«La mejor canción», 2009] estaba estupendo, al igual que el anterior de José María en solitario [«En Madrid», 2007]. Creemos que es un grandísimo autor y si no ha colaborado más es porque estaba embarcado en su disco y es normal.

Dentro de lo inexplicable, que son casos como los de Chema o José María, que deberían estar mucho más arriba, ¿cómo lo analizáis vosotros?
Álvaro: Es un misterio que no se puede resolver. Los Secretos, sin saberlo quizás, hemos tenido un pie en la comercialidad y otro en la calidad de forma natural, sin planteárnoslo, sin saberlo. Aunque ahora no estén donde deben estar creo que el tiempo hará su labor en favor de ellos. Ahora no hay tanta competencia ni tanta presión mediática, eso juega a su favor. Me acuerdo de cuando te decían de una canción «va a ser single, disco rojo», y esas cosas. Los Secretos nunca hemos hecho un disco pensando esto va a ser single o no. Si lo haces con sinceridad y cariño, la gente lo valora igual.
Ramón: Hay un problema claro de difusión ahora mismo. Ahora es más fácil que nunca grabar un disco pero luego lo tienes que dar a conocer. Si Chema saca su disco ahora, cómo lo publicita si no tienes a alguien que haga publicidad, marketing. Se graba más música que nunca pero es más difícil que nunca darte a conocer.

¿Tenéis cuenta en alguna tienda digital?
Álvaro: Yo he comprado más de mil canciones en iTunes, igual me he pasado, pero 800 sí. Es una forma de recuperar los vinilos que perdí en la pequeña inundación de casa de mis padres hace años. Siempre pagando y legal. El problema está… Mira, te voy a poner un ejemplo muy claro, no digo nombres pero son amigos míos: prototipo de familia que la madre tiene un gusto, la madre otro y el hijo otro. Les encantan las películas y las canciones. El padre mucho flamenco, mucho jazz y la madre sobre todo lo que suena en la radio. Desde hace unos años no compran nada porque el hijo ha crecido, se mete en internet y se lo descarga todo. El otro día me encuentro con ellos y me comentan que se han descargado toda la discografía de Bob Dylan, y me dicen «a ver si me encuentras cual es la de ‘Knockin’ on heaven’s door’ porque viene por audio 1, audio 2, etc.». Me puse a escuchar de mala gana porque son amigos, y sonaba fatal, y no saben ni lo que se bajan.
Jesús: Es una pena. Aunque por un lado nos está quitando mucho, es evidente, pero por otro tiene cosas buenas. Por el tipo de formato la gente piensa que no es delito hacer una copia de una copia porque son bytes. Supongo que cambiará en algún momento, se valorará. Porque el problema es la educación. Se difunde la idea de que por comprarte una librería ya tienes derecho a tener los libros.
Ramón: No, no. Ya de entrada…
Jesús: Déjame, que estoy hablando [risas]. Tú te compras un iPad o un teléfono móvil y eso te da la sensación de que ya puedes descargarte todo.
Ramón: Tú pagas por entrar en una librería y ya te puedes llevar todos los libros que quieras gratis. Es un poco eso. O es como si escribes un libro, se lo lleva alguien y tú no ves un duro, y el de la librería se forra.

Parece claro que es más importante el aparato que reproduce una canción que la canción reproducida.
Jesús: A eso es a lo que voy. Estamos en una sociedad de consumo tan brutal que el valor del archivo sonoro es cero porque son bytes. Mientras lo que vale es el ordenador, el teléfono, la ADSL, etc… Lo consumen masivamente de forma natural y como si fuera la «libertad». Pero sin la música y las películas no valdrían tanto. Culturalmente es lo que veo mal. Al mundo de las ideas se le da valor cero.
Ramón: Y además, la tecnología ha ido por delante de la ley también. Cuando apareció internet, apareció también el «aquí vale todo».

Sobre la cultura quería preguntaros, en la rueda de prensa no quería personalizarlo pero sí quería preguntaros sobre el Madrid del que salís y el Madrid de ahora. ¿Qué les separa, qué hemos perdido?
Álvaro: O lo que no se ha ganado.

O lo que no se ha ganado estando preparados para ganarlo…
Álvaro: Te voy a poner un ejemplo, que es lo que he vivido yo y que conste que no es una crítica para nadie, porque no tengo una opinión formada políticamente contra nadie. En término general nunca sería político porque no debe ser divertido serlo, te dan por todos los lados. No sé qué les mueve a serlo. Ahora, ejemplo, te vas a Navarra y el ayuntamiento de Pamplona decide gastar en un viejo caserón abandonado para montar locales de ensayo. Para que la gente no esté en la calle propone un concurso, a ver, hay un estudio para grabar maquetas y catorce locales de ensayo. Los grupos que quieran, se les hace una prueba y ocupan local. Cada mes graban una maqueta, hay un jurado y valora los avances de cada grupo. Los que no han ensayado, no han progresado o han pasado dejan el local en favor de otros que están en una lista de espera. En el País Vasco hay locales en que entras sin nada y hasta te prestan las guitarras. Ni Gallardón ni Galván hicieron nada de ese tipo. Sin embargo, unos cierran locales y otros se apuntan medallas de movidas. Yo, personalmente, no creo que ninguno haya hecho por la música nada en Madrid.
Jesús: Está claro que a cada uno le tocó circunstancias diferentes. Cuando estaba Tierno Galván con toda la movida surgían locales en cualquier sitio, ahora estamos en una época que con las normativas igual que se abrían, se van cerrando. Pero no creo que eso fuera porque uno fuera Galván y otro Gallardón.
Ramón: Hay países que tienen la música en directo en un local de conciertos como bien cultural, da trabajo y no se le ponen pegas sino que se les dan facilidades. Que tampoco es darle subvenciones como se dan a muchas cosas, porque la música clásica, el ballet, tienen subvenciones.
Jesús: En España me dejó hecho polvo cuando en los últimos premios Goya hubo gente que se puso una careta porque dicen que son no sé qué de internet [Anonymus] y le tiraron huevos a Jorge Drexler. Uno dice «qué ha hecho Drexler,» que es un tío que ha venido aquí, que ha hecho buena música… Y el apoyo cultural de la sociedad española es tirarle huevos a un tío porque ha hecho canciones. Y en ese sentido tenemos en España una asignatura pendiente.
Ramón: No eran muchos pero hay esa tendencia. En Francia a partir de cierto número de descargas te cortan la conexión. Te avisan que te estás bajando mucho y luego cortan, y ya está. Aquí se armaría un pollo muy gordo.

De hecho, el argumento para vender las conexiones es la clara insinuación de que puedes bajarte música y películas…
Ramón: De lo que se nutren no es suyo, y además no recauda.
Jesús: Hace unos dos o tres años, el argumento directo para la venta de un teléfono móvil era que podías descargarte hasta cinco millones de canciones. Que yo decía ¿cinco millones de temas? En la vida puedes escuchar cinco millones de canciones, vamos si le dedicas toda tu vida, tal vez pero…
Ramón: Como la cantidad de canales de televisión a los que puedes tener acceso, ¿tienes tanto tiempo realmente para verlos?

Me asalta el título de un recopilatorio de Ciudad Jardín, «Dame calidad, toma cantidad».
Los Secretos: Sí, sí [risas].

Quería preguntaros sobre los comienzos, más para Álvaro, claro: ¿Los primeros discos con Polydor, exactamente qué repercusión comercial tuvieron?
Álvaro: Relativamente importante, las cifras eran parecidas a las de ahora, bastante ridículas. Pero sí tuvimos cierta repercusión en el sentido y en el contexto de aquellos años por ser número uno de Los 40 Principales con ‘Ojos de perdida’, cosa que no se alcanzó con el ‘Déjame’, que fue el segundo single. E hicimos en el 81 una gira de 110 conciertos creo, pero no nos hicimos ricos. Sirvió para comprar un ampli y una guitarra, después de dos años de trabajo. Que siempre hemos tenido un caché pequeño pero a la hora de tocar no queríamos ir con un equipo muy cutre, invertíamos mucho en el sonido. La gente que te ve en directo no sabe lo que cobras, quieren escucharte bien y queríamos que nos escucharan bien. Sacrificábamos el beneficio por el sonido. También sacrificábamos el dormir, nos volvíamos al terminar un concierto para no gastar en alojamiento, porque ya nos lo habíamos gastado en mejorar el equipo para competir con nuestros coetáneos, que podían ser los incipientes Mecano o Burning. Y queríamos un equipo que respaldara lo que nos gustaba: tocar y sonar bien, afinar y esas cosas.

¿Cómo encarasteis la dificultad de no cumplir las expectativas comerciales?
Álvaro: En el primero sí las cumplimos, lo que ocurre es que para un grupo joven tu primer disco es una especie de grandes éxitos, de «cero a uno» por así decirlo; y una vez que llega ese uno no te dejan tiempo para componer. Porque llega esa cíclica de promo, conciertos para cadenas de radios, para cierto individuo que trabaja en televisión, conciertos que no sabías muy bien por qué pero te decían «tú toca aquí, tú toca aquí»… Luego llegaba un señor que era manager después de un concierto y te decía «¿os interesa tocar fuera de vuestro ámbito?»… Y eso para qué, me preguntaba. Porque realmente no te habías planteado en ningún caso que eso fuera un negocio, una forma de vida. Como dato te diré que yo no me independicé de mis padres hasta el 88, teniendo ganas de hacerlo. Sí es cierto que desde el 80 corría con mis gastos, pero nunca lo suficiente como para alquilar algo o costearme el cien por cien de los gastos de un joven. Porque en el 88 empezamos a vender y tocar un poco más.

¿Hasta entonces hubo demasiadas complicaciones en el camino?
Álvaro: Ten en cuenta que en el 84 muere Pedro, rehacemos la banda, estamos dos años sin tocar… Es un bache que la gente no ve cuando mira nuestra historia, lo ve todo desde arriba, y bien.

«Ningún concierto es uno más, así que esto imagínate. Nosotros siempre intentamos cantar un poco mejor en cada concierto, o que el arreglo sea más preciso»

La refundación de Los Secretos incluye el fichaje por Twins, la relación con Paco Martín…
Álvaro: Esos días los recuerdo como de comienzo. Fíjate como sería aquello que mi hermano Enrique, cabezota como era él, estaba convencido de cambiar el nombre del grupo. Ni siquiera montamos ‘Sobre un vidrio mojado’, ‘Déjame’… No montamos nada que pudiera recordarle lo más mínimo a Los Secretos de la primera época. Estábamos convencidos de que nadie se acordaba de nosotros, convencidos de que no pegábamos para nada. Porque de hecho cuando nos echaron, mejor dicho, cuando no nos renovaron aquel famoso contrato de la antigua Polygram [actual Universal], fue basándose en que nuestra música no era la del mercado. Cuando todo el mundo estaba con tecladitos, nosotros estábamos haciendo ‘No me imagino’, una canción con un banjo, guitarras más pop-country. Entonces basándose en eso, el siguiente A&R que entró en la compañía fichó a grupos de flamenco, en plan purista además, y nos largaron. Nos quedamos un poco pensando en que queríamos romper con lo anterior, ya que no ha funcionado o no ha tenido una continuidad. Nuestra sorpresa vino cuando de una forma «underground», sin salir en medios y sin acuerdo con discográficas, pudimos seguir. Pues la gente en esos tres años, 84, 85 y 86, había estado en los pubs, en sus casas, escuchando a Los Secretos. Ramón ya está ahí en el grupo, fuimos a un concierto, esto es vox populi, sustituyendo in extremis a un grupo que falló para tocar en un concierto en el Rockódromo, junto a otros cuatro o cinco nombres destacados. No teníamos montado repertorio de nuestra anterior etapa. La gente empezó a pedir ‘Déjame’, 40.000 personas. Enrique a la voz, yo a la guitarra la empezamos, y a Enrique se le quedó la garganta «así» de la emoción y fue el público quien la interpretó.
Ramón: Era mi segundo concierto con ellos, no me acuerdo bien porque estaba tan nervioso que no me acuerdo de nada, el Rockódromo estaba petado.
Álvaro: No solo no nos habían olvidado sino que además tenían un recuerdo muy bonito de nosotros. Enrique dejó de darle la espalda a sus temas, que eran muy queridos por la gente y muy odiados por él hasta ese momento en el que volvió a cogerles cariño. Ahí fue un segundo comienzo.

Luego Jesús se incorpora en el «Directo»(1988).
Jesús: Conocí a Javier Urquijo, el hermano mayor, en la mili, en el 84. Luego me pasé por su casa donde ensayaban. Coincidí con Enrique y Álvaro y me llamaron por teléfono para el «Directo», y a partir de ahí surgió la relación. Al principio me costó abrirme hueco no solo por la inexperiencia y la juventud, sino también porque Los Secretos era un grupo en el que los teclados no estaban muy presentes en sus canciones. De hecho, siguen siendo un grupo guitarrero, entonces a los teclados había que buscarles un sitio poco a poco. Creo que ya sí se identifican cierto tipos de teclados en las canciones de Los Secretos.
Ramón: Fíjate, siendo nosotros un grupo guitarrero, Jesús es tan bueno que cada vez tiene más hueco con los teclados.

Además has hecho tus labores de producción con gente como Javier de Torres.
Jesús: Sí, para su disco anterior, que fuimos a Sofía, Bulgaria, a grabar con orquesta [«Las grandes ambiciones», 2010]. Y esto ha servido para arreglos en Los Secretos. Antes no pensábamos que pudiésemos grabar canciones con unas trompas y un cuarteto de cuerdas, y en este disco hay. Instrumentos que mirábamos muy lejanos.

Habéis citado a Javier Urquijo, ¿por qué no siguió?
Álvaro: Fueron circunstancias que se sumaron. Acabamos en el 83 con la compañía en muy mala situación, porque los tiempos musicalmente no nos acompañaban y no se vendió bien nuestro disco. En mayo del 84 muere Pedro y hay una ruptura del grupo y prácticamente se deshace. No teníamos capacidad de tocar, publicar, promocionar… Nada. Ni siquiera estábamos en catálogo, nos habían dado la espalada hasta ese punto. Y nos sentimos desechos. Javier se fue a la mili, conoció a Jesús y se puso a trabajar porque estuvimos parte del 83 al 85 maltrabajando; hasta el 86, que recobramos ilusión trabajando ya con Ramón. Javier vio que el grupo retomaba y que teníamos proyecto y quiso apuntarse, eso no se lo voy a negar a nadie. Pero es obvio que cuando estás apartado de un proyecto equis años y luego quieres volver cuando ves que tiene color… Pues estaba Ramón, estaba yo, tenía otra formación musical, más americana, pensando en los Flying Burrito Brothers, pensando en mezclar las guitarras tipo Byrds; o el estilo de Ramón, que también iba por ahí, pensando en un concepto más popero, rockero… Javier había perdido su eco ahí, ni fue echarle ni fue «yo me voy», simplemente, cuando se paró el grupo él se fue por su lado y nosotros por el nuestro. Luego tardamos dos años en recapacitar y tomar fuerzas, yo estuve componiendo temas que tardaron años en salir como ‘Qué solo estás’, ‘Y no amanece’, la música de ‘Buena chica’… Y luego cuando Enrique viene y me dice «vamos a seguir» y esas canciones en ese momento no pegaban, respeté lo que dijo porque él tiró del grupo. Las dejé guardadas y luego salieron a la luz. Quiero decir que la salida de Javier no fue una discusión. Su vida tomó otros derroteros.

Volviendo a «En este mundo raro», quería preguntaros por el diseño, repetís con Rafa Sañudo que estuvo con vosotros en «Dos caras distintas», y aquí repite tipografía y parte del imaginario. ¿Os sentís como pez fuera del agua «En este mundo raro»?
Álvaro: Le dimos libertad absoluta. Sabemos que es muy bueno como dibujante, con plumilla y hecho a mano, confiamos plenamente en él. La idea es suya cien por cien y no podemos apuntarnos ningún tanto y nos encantó. Le dijimos tira por ahí, y por ahí tiró.
Jesús: Por lo menos en estos tiempos tan de internet da gusto coger una portada y ver un dibujo así, a mano, a plumilla.
Ramón: El «Dos caras distintas» fue la primera portada que hizo para un disco, luego ha trabajado para más…
Jesús: …Y esta es la última [risas].
Ramón: Luego he visto que ha estado con Chavela Vargas, Alejandro Sanz, Albert Plá… Con todo el mundo.
Álvaro: El primer vídeo que hizo también fue con nosotros.

Puede decirse que Sabina es un «Secreto» más, y ahora os ayuda en vuestro desembarco en México al acogeros en su gira, aunque ya habéis tocado allí con anterioridad.
Álvaro: Sinceramente, le pedimos ayuda: «Joaquín, échanos una mano ahí». Porque el desarrollo natural de un grupo que canta en castellano es donde se entiendan tus letras. Y hoy por hoy no pretendemos ir al mercado anglosajón. Pero sí queremos ampliar nuestras fronteras, y él nos va a echar una mano. Es cierto que tenemos muchas ganas de ser más conocidos ahí, no se trata de ir a hacer las Américas y volverte con sacos de oro, pero sí ampliar lo que hemos hecho, que dé un poco más de fruto. No lo hicimos en su momento porque nunca llegamos a ser lo suficientemente exitosos para implicar a un tercero que invirtiera en nosotros; la compañía tampoco lo hizo, sus razones tendrían. Entonces, ahora que hemos podido, costeándolo primero nosotros, ahora, de otra manera vamos a poner un pie donde creo que deberíamos haberlo puesto hace muchos años: por afinidad musical, por respeto mutuo, porque mucha música de la que escuchábamos Enrique y yo cuando éramos jóvenes es mexicana. Y te puedo cantar con la guitarra ahora mismo siete seguidas; Enrique tocaría veintisiete. Y esa influencia está en una parte de la música que han hecho Los Secretos.

Por otro lado ha sido sorprendente la influencia de la música de nuestro país en grupos de Perú, México, Argentina, etc., durante mucho tiempo y ahora ellos, de alguna forma, copan la escena influyéndonos a nosotros.
Ramón: Incluso, a veces, algunos artistas un poco horteras que triunfaban allí nos lo devuelven [risas]. Pero sí, a la vejez viruelas, nunca es tarde.
Jesús: La parte positiva de internet ayuda también, porque el repertorio se conoce y sorprende ver cómo se sabían todas las canciones que tocábamos. Pensábamos que solo sabrían dos o tres temas y se sabían todo el repertorio.

Cuando sucedió la muerte de Enrique, y aunque suene demasiado sentimental, por parte de los compañeros de profesión y del público recibisteis un amor por la figura de él tremendamente significativo, ¿cómo vivisteis aquellos días?
Álvaro: Fue amor tal y como tú lo has dicho, con todas las letras. A mí, personalmente, me devolvió la fe en la música porque había pasado tanto, había sufrido tantos varapalos que me trajo tantos recuerdos de sufrimientos que dije «para qué». De verdad que no tenía ganas de escuchar música durante un año entero. Fue a raíz de cómo había terminado mi hermano y de lo poco de acuerdo que estaba yo con la imagen que se había quedado de él en la mente de la gente… Porque recuerdo un taxista que me dijo: «usted es el hermano de aquel que murió en un portal»… Eso no me parecía que hiciera justicia con su vida última. Realmente si mi hermano hubiera sido un yonqui al uso como lo describieron muchos articulistas, no voy a decir quién, creyéndose sabedores de su vida perfectamente cuando ni siquiera murió de una sobredosis de heroína… La gente habló mucho sin saber. Entonces me dolió tanto que lo primero que pensamos los que estamos aquí presentes, fue en hacer un disco de homenaje a mi hermano como se hacían a la antigua usanza y como queríamos: que su música fuera lo más importante cantada por la gente más importante musicalmente de este país y por sus amigos. Queríamos hacerlo como en directo, adaptándose los invitados a nuestro estilo, aportando su voz y su talento. Y eso nos puso otra vez en pie y con la guitarra encima. El que no se quedara como un disco normal a la hora de promocionarlo, tratarlo como algo distinto, y cumplir con toda la gente que se había ofrecido y no pudo participar como es el caso de Amaral o Bunbury, nos llevó a hacer una gira y en cada sitio se subió al escenario gente que participó, como Carlos Goñi en Valencia; o los que no, como Eva [Amaral] y Juan [Aguirre] en Zaragoza; en Mallorca La Granja, que eran fans, etc. En esa gira nos volvió a picar el gusanillo porque desde el 97 no habíamos estado en gira con esas canciones. Entonces en 2001, Víctor [García], el manager que se había encargado de hacer la producción, de conseguir los teatros buscando lo más adecuado, sin ánimo lucrativo, buscando un ambiente más bien divulgativo y de homenaje para que saliera en los medios y vender el disco, con el fin de ayudar a mi sobrina y de pagar ciertas deudas que tenía mi hermano. Y bueno, empezó la mecha. Le dije a Víctor «como quieren vernos pero ya no hay colaboraciones estrella, no está Enrique, vamos a ver qué pasa». Hicimos una gira poniendo precio a la entrada, si pagan poniendo mala cara lo vamos a notar, porque no vamos a engañar a nadie con el nombre para ir a fiestas de pueblo. De ahí al primer disco sin Enrique pasaron setenta conciertos y un año. Eso es muy significativo, nos aceptaron sin él. Todavía teníamos cosas que ofrecer y a nosotros nos dio la vida porque empezamos a tocar y sentirnos útiles, con algún significado en este mundillo que tan corta vida nos había dado al principio.
Jesús: Me acuerdo en esa primera gira de gente llorando desconsoladamente y me acuerdo de ver llorar a una chica con unas lágrimas… Y hacer un esfuerzo de decir «voy a lo mío, porque si no, no puedo». Y esa misma gente nos decía que no lo dejásemos, que teníamos que seguir tocando. Ese es el puntillo delicado, no sé cómo decirlo, que te removía las tripas, que te decía ‘esto merece la pena’.
Álvaro: De hecho, lo que voy a decir aunque sea duro… Tiene que morirse alguien para que lo empiecen a valorar en este país. Cuando Enrique ya no estaba, muchos decían «Qué buena esta canción, y esta, y esta también». La gente empezó a buscarlas porque las echaba de menos y buscó a los más indicados para que no se perdieran en la noche de los tiempos, que siguiera alguien cantándolas. Las canciones son las que atraviesan las fronteras de generaciones, por muy guapo que quieras ser, muy alto, muy chulo o muy buena pose que quieras aparentar.
Ramón: Yo añadiré una cosa, el intérprete natural de las canciones de Enrique es Álvaro. Las ha cantado, las ha hecho los coros. La mejor versión de Enrique la va a hacer Álvaro.

Vais a ser el primer grupo de pop-rock de aquí que esté encima del Teatro Real, será el próximo 10 de diciembre. ¿Os lo tomaréis como un concierto más para aliviar la presión? ¿Qué estáis preparando?
Álvaro: Ningún concierto es uno más, así que esto imagínate. Nosotros siempre intentamos cantar un poco mejor en cada concierto, o que el arreglo sea más preciso, por mi doble vertiente de cantante y guitarrista. Este es especial porque van a ser tres en uno. El Real obliga a descansar, los primeros cuarenta y cinco minutos los dedicaremos a presentar el disco nuevo. Luego, el siguiente acto será para canciones orquestadas…
Jesús: …Del disco sinfónico «La Edad de oro del pop español» [2007, grabado en el Teatro Monumental en 2006] tenemos un arreglo de Horacio Icasto. De «Con cierto sentido» [2003] tenemos otro para una sección de cuerda, que luego se ampliaron para la orquesta.
Álvaro: Y finalmente, fin de fiesta o hits, por así decirlo.
Ramón: Luego hay una cosa que la pienso con la perspectiva de los años y es que nos gustan los embolados. Hacemos una gira y acabamos en el Real.
Jesús: Lo del Real también es simbólico, porque se empiezan a romper fronteras entre la música clásica, el pop, el rock… Me acuerdo cuando jovencito, me compré un libro de solfeo para aprender música y en el prólogo te contaban que el solfeo no tenía nada que ver con esa música de los Beatles. Y a mí es lo que me gustaba. En ese sentido vamos rompiendo esas tonterías. La música es música la hagas con un violín, piano, guitarras, etc.
Ramón: La música clásica evolucionó también, desde hace mucho tiene una fórmula que funciona pero al principio la flauta era de madera…
Jesús: El piano llegó cuando Beethoven, con Mozart no había, estaba el clavicordio.
Ramón: La música clásica es difícil que sobreviva ahora mismo, en el momento actual. Hay gente que estudia instrumentos pero para que alguien toque hacen falta melómanos, público. Como intérprete exige un disciplina dura, para escucharla también exige una preparación que en España, por la educación musical, siempre ha sido precaria. Los músicos de clásica tocan con todo el mundo: Peter Gabriel, Sting, etc.
Álvaro: Y yo que era reticente, ahora para nada. Cuando tocas con personas que hacen vibrar un instrumento, sea de cuerda u otro material… Ver a toda esa gente sonando, sentir el volumen que emiten en directo es increíble. Fue en un concierto en el Teatro Romano de Mérida, con una orquesta sinfónica y la gente se quedó impresionada, pero nosotros los primeros. El volumen que generan ya sin amplificar es curioso. Son un único instrumento.
Jesús: Impresiona porque cuando intentamos matizar en el grupo de un tono a otro está bien, pero con una orquesta el efecto se amplifica cuando subes y bajas es impresionante.
Ramón: Trabajan mucho más con la dinámica que en el rock. También creo que hay cosas más adecuadas que otras. Todo se puede hacer cono todo pero hay que hacerlo bien porque cambia el concepto. Todos hemos visto grupos de heavy haciendo baladas con cuerda y tal, pero un tema muy cañero con cuerdas sería un disparate. Hay que buscar una fusión interesante, que no sea un encolamiento.

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