“15:17 Tren a París”, de Clint Easwood

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CINE

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“Un excesivo preámbulo entre escuelas americanas y academia militar lleno de escenas innecesarias”

 

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Clint Eastwood
“15:17 Tren a París”

 

Texto: JAGOBA ESTÉBANEZ.

 

El hecho de estar ante uno de los mejores directores de los últimos cuarenta años, Clint Eastwood, no exime dejar a su nueva película donde se merece: a la cola de su extensa filmografía. Ahí situamos su última cinta, “15:17 Tren a París”.

Eastwood es un director de altos vuelos que ha demostrado en numerosas ocasiones tener un don para contar historias maravillosas con el sosiego de quien tiene la garantía del éxito. Una fórmula sobresaliente de personajes antipáticos dispuestos a conquistar al espectador, interpretados por grandes actores, todo ello con un arriesgado ritmo paulatino entre adictivas escenas umbrías. Pero su nueva cinta dista mucho de ese buen estado de forma del californiano.

“15:17 Tren a París” es una pelicula insulsa y farragosa a la que perfectamente podría sobrarle una hora de metraje con apenas cien minutos de duración. Un excesivo preámbulo entre escuelas americanas y academia militar lleno de escenas innecesarias aturde al espectador que busca algo más que distracción, para indigestarlo en la antesala de la consumación con un tour por Europa entre chicas y discotecas. Un conocido desenlace de pocos segundos en el que el octogenario director se regocija para mostrar la grandeza de sus héroes americanos, en esta ocasión no interpretados por profesionales, sino por los protagonistas de los hechos reales. Unas interpretaciones planas y superfluas no llevadas a ningún extremo para no desentonar a pesar del experimento, pero que tampoco consiguen emocionar ni resultar creíbles al público.

Las películas inspiradas en hechos reales o los biopics es donde peor se desenvuelve el oscarizado director, y así lo ha demostrado en “Sully” (2016), “El francotirador” (2014), “J. Edgar” (2011) o en “Más allá de la vida” (2010). En este género se salva con “El intercambio” (2008), y lo hace con creces. Quizás le afecte la presión de querer sobrecaracterizar a los personajes para llegar a un desenlace en un contexto creíble, y lo hace en una antesala aburrida y carente de emociones hasta los últimos minutos de las películas de este género.

Así es “15:17 Tren a París”, una irreconocible película de Clint Eastwood, que solo conserva de este el resquicio de una jazzística banda sonora al piano, y que rápidamente pasará desapercibida a la espera de una nueva obra maestra como “Sin perdón” (1992), “Mystic River” (2003) o “Gran Torino” (2008).

 

Anterior crítica de cine: “El hilo invisible”, de Paul Thomas Anderson.

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